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Un efectivo Antonio Gasalla es la principal atracción de la revista "Maipo siempre Maipo", el espectáculo de Claudio Segovia con llamativas figuras con el que la sala de la calle Esmeralda festeja su centenario. El espectáculo se estrenó el viernes 6, con la abrumadora presencia de famosos de todas las épocas, con Mirtha Legrand a la cabeza. A la hora de los nombres presentes, la mayor y más cálida ovación fue para Jorge Luz.
Hay que decirlo, Antonio Gasalla es el único capocómico capaz de elevarse y elevar al público a alturas de goce humorístico semejantes, sobre todo con sus personificaciones de Soledad Solari y Mamá Cora, caballitos de batalla garantizados.
No fue tan atinada la inclusión de su nuevo personaje, un parásito del pubis que se excedió en algún detalle, en tanto su incursión en lo político -muy graciosa, por cierto- buscó como cómplice a un público bastante conservador. De todos modos, lo suyo es desopilante.
El elenco se completa con Cecilia Rossetto, Gloria Montes, Miguel Abud, el mago Adrián Guerra y los Gemelos Lombard, una treintena de bailarines y bailarinas y efectiva orquesta en vivo desde el foso, arreglada y dirigida por Mike Ribas.
Todo está pensado para llenar el ojo y el oído de un modo espectacular, con una sucesión de números que -sobre todo en la primera parte- funciona como un aparato de relojería, virtud lógica en un creador como Segovia, corresponsable de "Tango argentino" (1983) y ganador de múltiples premios internacionales.
Esa primera parte aparece como una remembranza de la revista porteña de hace por lo menos medio siglo, con coreografías (de Carla Noval, Margarita Fernández y Laura Roatta) bellamente dispuestas aunque sin virtuosismos, y acompañamientos musicales más evocadores que actuales.
La recreación por un actor de Pepino el 88 y la intencionada copla española que canta Gloria Montes hacen una agradable entrada al show y, en el caso de la segunda, con el fondo de un telón como los usados en "Romerías", que remite a una revista inevitablemente pretérita.
Montes es una gloria del espectáculo argentino y canta luego dos temas canyengues, pero es una pena que no se haya explotado su conocida "vis cómica", que demostró en grado sumo desde sus años mozos en tabladillos españoles de la zona de Retiro hasta en "Los Campanelli".
Hay asimismo un gran lucimiento de Cecilia Rossetto, sobre todo en su primera aparición con evidente homenaje a Sofía Bozán, en tanto Claudia Fernández y Ximena Capristo aportan dos físicos infartantes, aunque quién sabe si algún día llegarán a "vedettes".
Fernández se mueve muy bien en sus partes bailadas, cosa que a la muy simpática Capristo le cuesta, además de que padece una incapacidad notoria para el canto. Cualquiera puede imaginar qué habrá pensado Ethel Rojo, presente en la platea.
Entusiasmaron bastante los Gemelos Lombard, con sus incursiones en el tap y la break dance, donde demostraron hasta dónde puede descalabrarse un cuerpo humano, en tanto Adrián Guerra efectuó algunos trucos tradicionales pero siempre inquietantes.
El show es quizá demasiado extenso y decae en el segundo tramo, cuando se intenta darle toques de erotismo con semidesnudos y coreográficas simulaciones orgiásticas. Por suerte está Gasalla para zurcir aquello que se descose.
El cuerpo de baile es correcto, aunque llamó la atención lo trabajado de los físicos de los varones -sobre todo en glúteos-, que en algunos casos parecen alumnos dilectos de Charles Atlas.
Ese cuerpo de baile le permite a Segovia y a sus coreógrafas la atractiva puesta circense de la apertura, así como alguna inclusión de espejos que permitieron ver a los intérpretes "desde arriba", como en un número de Busby Berkeley.
Héctor Puyo-Télam