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Federico Aguer/Gastón Neffen - (Enviados especiales a Ceres)
"Estoy muy feliz de que haya vuelto, pero me hace laburar todo el día", dice riendo a carcajadas Néstor Griffa, haciendo referencia a la vuelta al pago de su hijo pródigo, Lisandro. A este hombre de 58 años, ya le tocó atravesar todas las que pasaron los productores argentinos que peinan canas. Después de dar la vida cada campaña para mantener la explotación trabajando, después de graves inundaciones que obligaron a "levantar" el tambo y volverlo a instalar, se habían decidido a liquidar el campo e irse a vivir a Rafaela para estar con Lisandro.
Es que el joven prometía mucho, pero por otro lado, nada que ver con el campo. Lo suyo parecía ser el comercio exterior, y asomaba con una promisoria carrera en una empresa grande.
Sin embargo, un día largó todo y decidió pegar la vuelta para Ceres. "Cuando me dijo que se venía le dije: estás loco, que te vas a venir acá. Pero, el tipo tenía razón", admite Néstor.
Desde muy chico siempre estuve muy ligado al campo, porque era la actividad de mi padre y de mi abuelo. En mi niñez y adolescencia venía a colaborar. Cuando terminé el colegio decidí estudiar la Licenciatura en Comercio Exterior. Me recibí y ejercí esa profesión durante tres años, con muy buenos resultados. Hasta que en un momento empecé a evaluar el costo de oportunidad. O sea, empece a pensar si no me convenía volverme al tambo.
"Mi papá ya tenía un poco ganas de retirarse de esta actividad, en la que trabajó toda su vida. Yo sentí que tenía que involucrarme. No se podía dejar al azar todo esto", le cuenta a Campolitoral un optimista Lisandro, mientras las vacas descansan confinadas en el lote.
Lisandro tomó la decisión a fines del 2006. En ese momento, decidieron apostar por la producción de leche, a pesar de que por esos meses estaban más dedicados a la producción de carne. Decidieron canalizar una serie de mejoras en cuanto a niveles de producción, calidad de gestión, utilización de los recursos, criterios para desarrollar inversiones, y aplicación de tecnología en el tambo. En cuanto a la genética, decidieron incorporar tecnología con vaquillonas de primera línea a través de la compra de toros de primera calidad, de cabañas.
"Queremos que nuestra producción de leche se mantenga estable en todos los meses del año. Ese es el objetivo. Por eso, estamos pensando en un sistema que hace que la producción sea menos dependiente del clima. ¿Cómo lo hacemos?: Logramos acopiar alimento de buena calidad en la primavera y el verano, para pasar bien el invierno. También, intensificamos el uso del suelo haciendo las cosechas más eficientes", confiesa Lisandro.
Para lograr eficiencia, la genética es fundamental, y para los Griffa, todavía más. "Mis padres vienen trabajando esta cuestión desde 1985, muy a pulmón. Se lo debemos sobre todo a mí madre Ana, que falleció el año pasado y se tomaba el trabajo de sacar una foto a cada vaca", agrega.
En el lote de punta están las ciento cincuenta vacas paridas hasta los cinco meses de lactancia, donde obtienen un rendimiento promedio de 23 litros por día. En este momento, la dieta es 100% alimento concentrado (Antes era 30% concentrado y 70% pasto). El rodeo de cola, o sea las setenta vacas que van desde los cinco meses de lactancia hasta el momento de secado, están en unos 15 litros de promedio. Diariamente producen 4.200 litros de leche. Para esta época del año pasado estaban en algo menos de 3.500. "En mayo de este año vendimos más de 120.000 litros a la industria. El año pasado en mayo habíamos vendido 65.000 litros, es prácticamente el doble y con sequía", confiesa orgulloso. Viendo los pastos secos, el dato no deja de ser impresionante.
"La mejora está básicamente en haber contado con reservas de alimentos desde principios de año. Eso nos hizo menos dependientes del clima. En junio del año pasado tuvimos 85.000 litros. Ahora, también vamos a tener 120.000 litros en junio. Se estabilizó". Es importante destacar que en Ceres, un tambo promedio produce 1.200 litros por día (15 litros por vaca).
Por la falta de pasturas y para maximizar el alimento, están trabajando con un sistema semi-estabulado, o de confinamiento, el que no es usual en esta zona. Los tambos aquí son pastoriles, con algo de suplementación en los meses de invierno y verano.
La sequía este año ha sido muy fuerte y se combinó con heladas muy tempranas. Las pasturas están muy deterioradas y no hay materia seca para recoger en la pradera. "Por eso no tiene sentido echar las vacas al campo, porque no compensan el desgaste de energía con lo que recogen. A nosotros la sequía nos encontró preparados porque nos habíamos aprovisionado con una buena cantidad de silo de maíz (que salieron de primera esta campaña) y algo de silo de alfalfa. Tuvimos suerte con el maíz de primera, apostamos muchos a eso y se nos dio, porque después de enero aquí se pudo hacer muy poco por la seca. Acá, en general los maíces que se siembran en enero siempre se cosechan (pero por la sequía esta vez no se pudo). Esta situación nos está permitiendo mantener la producción por encima del rendimiento promedio de los tambos de la zona", admite Lisandro.
Así las cosas, los Griffa pueden alimentar las vacas hasta enero. Estiman que las lluvias de primavera, si se dan, van a posibilitar la recuperación de las praderas, entonces van a poder reducir la cantidad de alimento concentrado en la dieta.
Para Lisandro el contexto mundial refleja una tendencia clara. No hay tantos países con las condiciones ideales para producir leche. Australia y Nueva Zelanda se han desarrollado muy bien. Pero el mundo demanda tal cantidad de alimentos que se necesita mucha más producción (y estos países no llegan a satisfacer la demanda mundial). "Nosotros tenemos una oportunidad histórica. China demanda cada vez más carne y leche, por ejemplo. La demanda mundial es voraz y nosotros el único obstáculo que tenemos son las barreras que el Gobierno pone a la producción. Si el comercio estaría libre habría una cantidad innumerable de tambos en el país", expresa reflejando el pensamiento de todo productor. En Ceres, a pesar de ser una zona marginal para la agricultura, los alquileres están altos por las ofertas que han realizado los grandes sembradores. Por eso es fundamental aumentar los umbrales de eficiencia. "Acá no hay que desperdiciar un gramo de alimento. En Rafaela se pueden dar ese lujo, nosotros no. Acá tenés que ser un poco veterinario, agricultor, climatólogo y contador", nos dice.
Para Lisandro, este cambio de vida es muy importante. "No me costó tanto porque yo viví en el campo hasta los 12 años, por eso lo tomé como un desafío. Acá puedo tomar mis propias decisiones, cosa que no me pasaba trabajando en relación de dependencia, donde estaba mucho más acotado y el nivel potencial de ingresos era menor en esa situación. Ahora, me siento muy acompañado por Laura, mi novia y por mi padre, que trabaja mucho más que yo (él es el gran motor de esta cuestión, es el gran ejecutor de todos los proyectos en el trabajo diario). Me he enriquecido mucho en lo personal. Tengo mucha más relación con mi padre. Me había ido de Ceres a los 19 años y ahora recuperé un montón de lazos familiares y personales".
Para los Griffa, la planificación es algo vital. A corto plazo la estrategia es evitar al máximo el desperdicio de alimento. A mediano plazo, trabajar en el acopio de materiales para las producción del año próximo. A futuro, la industrialización asoma como un desafío importante. "Todos los productores de leche somos muy vulnerables porque tenemos un producto que es perecedero. Te cuesta pelear las condiciones de los precios. Hay que, por lo menos, secar la leche en asociación con otros tamberos, para evitar sacarla fluida. Este el próximo gran paso que tenemos que dar entre todos. O sea producir leche en polvo, crema, etc. Se trata de ir agregando valor de a poquito. En este momento, uno duda mucho en tomar créditos porque por una mala inversión uno puede perder el trabajo genético de 25 años. Hay que ir paso a paso, con mucho cuidado".
Para los Griffa hay que crecer de a poquito porque es menos riesgoso. Esa es la idea de Bartolo, el abuelo de Lisandro y padre de Néstor, que pese a haber pasado los 80 se vino en bicicleta desde el pueblo para estar en la entrevista. El, también está feliz que Lisandro haya vuelto y haya tomado la posta. "La sangre tiene razones que hacen engordar las venas". Ahora el tambo de la familia vuelve a tener futuro.
"Queremos crear un rodeo nuevo de vacas frescas. Son aquellas que tienen una dieta y un tratamiento especial desde el momento que paren hasta unos 30 días. Les hacemos un servicio de limpieza para asegurarnos que entre bien a la curva de lactancia y quede preñada lo más rápido posible. También estamos haciendo un control reproductivo intensivo, donde cada animal es revisado periódicamente y tiene como una historia clínica. Sobre todo lo que son los partes, las producciones, los tratamientos que se le hicieron. El objetivo es no permitirnos dar un alimento caro a una vaca que en realidad no lo reporte en producción. Las vaquillonas de producción propia que van ingresando al rodeo, reemplazan a las que no tienen el nivel promedio que pretendemos.