Esta semana se conoció una de las mayores trampas que encerraba la hipotética sanción de la ley que apoyara la resolución 125. Siendo que la norma madre no contemplaba los detalles de la implementación del vuelco de los fondos a la producción, la "letra chica" quedó en manos de la ONCCA. La Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario, virtual Secretaría de Agricultura en funciones, sancionó dentro de su normativa la resolución 21, que toma en cuenta para dicho pago el precio FAS del grano, es decir, con el monto de las retenciones descontadas.
La estafa se consumaba por tener como referencia para el cobro del impuesto el precio FOB, cotización del grano al momento de vender. Gracias a dicha maniobra, el Estado nacional se ahorraría casi el cincuenta por ciento del monto destinado a dicha compensación, un monto superior a los U$S 540 millones.
Si además, a esto le agregamos que esta metodología tiene fecha de caducidad el 31 de octubre, podemos concluir que más que ayuda para los pequeños productores, significa su lapidaria sentencia de muerte.
Los senadores oficialistas dicen haber dado su palabra para modificar la polémica resolución, para que el monto a devolver sea en referencia al precio íntegro, con la idea de volcar la voluntad de los legisladores todavía indecisos a favor del proyecto del Poder ejecutivo.
El problema es que sólo el mismo Poder Ejecutivo es quien puede derogar la polémica resolución, por lo que las dudas sobre su eliminación se siguen acrecentando.
El martes el campo se concentrará en Palermo, y el gobierno en la plaza. Cada uno en defensa de lo que cree más justo defender. Para unos se trata de la supervivencia misma de un estilo de vida que privilegia la cultura del trabajo en detrimento de las prebendas y sojuzgamientos. Para otros, se trata de defender la democracia frente a la amenaza de un golpe por parte de una elite conservadora y anacrónica.
Mientras tanto, el mundo contempla azorado a un país que insiste en desangrarse entre luchas internas que amenazan con extenderse, evocando hechos que no debemos olvidar y que siguen lacerando heridas que ya deberíamos haber cerrado.
Más allá de esto, el debate tiene aristas que demuestran una conciencia cívica superior del pueblo argentino. Las reglas del juego han quedado claramente definidas dentro de los límites que la democracia impone, y cada vez que alguno de los adversarios sobrepasó el cerco, quedó en evidencia frente al ojo crítico de la gente. Sobre todo, cuando quienes ostentan el poder vaciaron de contenido las palabras, haciendo lo todo contrario de lo que promulgan.
Claro que lo más difícil sigue siendo entender que más que adversarios, la realidad mundial nos obliga a concebirnos como socios, compatriotas y hermanos, los que todavía tenemos una gran oportunidad por delante, que ya es hora de darse las manos y ponerse a trabajar.