Ignacio Iriarte
El Gobierno, en medio de la confusión generada por los 100 días de conmoción política y por la protesta agropecuaria, habría aprovechado esta coyuntura para establecer una serie de medidas administrativas tendientes a aumentar los volúmenes de carne destinados al consumo y reducir aún más las exportaciones.
Hoy, están lejanas las 550 mil toneladas prometidas en marzo; a partir del ROE rojo, del encaje del 75 por ciento y de la aprobación final de la Secretaría de Comercio de cada pedido de embarque estaríamos hoy mucho más cerca de las 350 mil toneladas anuales vendidas al exterior, que del volumen prometido hace menos de 100 días.
Ante la evidencia de que la inflación tiende a acelerarse, el Gobierno vuelve a las recetas conocidas: presión sobre los operadores del consumo y nueva reducción en las exportaciones. Cuando empezó el conflicto entre el Gobierno y la cadena de la carne, en agosto del 2005, las ventas al exterior eran superiores al 30 por ciento de la demanda; esta participación desde entonces no hizo otra cosa más que caer, y hoy todo apunta a que el Gobierno desea una reducción al mínimo de la influencia de los mercados internacionales sobre el mercado doméstico; de acá en más, todo apuntará a que se consuman unos 65-70 kilos por habitante (lo que equivale a 85-87 del total de la producción) y se permitirá la venta al exterior de sólo unas 350 mil toneladas (13-15 por ciento). La idea es que sólo se permita un aumento en los embarques en la medida que el "mercado esté plenamente abastecido, y que esto suceda a los precios que puede pagar el consumidor local".
La caída del tipo de cambio real en los últimos dos años ha sido superior al 30 por ciento, pero esto ha quedado más que compensado por la fuerte suba en los precios internacionales de la carne vacuna; lo que el Gobierno ganó por un lado, en su lucha por deprimir los precios de la hacienda y de la carne, lo perdió por el otro.
El volumen exportado se ha reducido de unas 70 mil toneladas en el segundo semestre de 2005 a las 30-35 mil toneladas que hoy se proyectan; pero la exportación vende a valores FOB cada vez más altos y al final sigue gastando en el mercado interno la misma cantidad de divisas en compra de hacienda que cuando empezó el plan ganadero.
Los exportadores siguen practicando una suerte de remate del escaso volumen que pueden vender al exterior, por lo que gran parte de los volúmenes perdidos se recupera vía precios. Por otra parte, y como queda dicho, los valores domésticos de la carne en término de dólares tienden a mejorar, de la mano de un tipo de cambio estancado desde el 2005 (en términos nominales) y de una demanda interna cuyo poder de compra nominal crece al 2/2,5 por ciento mensual.
cae el stock, se pierden mercados, se contribuye al desabastecimiento internacional y se resignan divisas. Y sin embargo no se logra hacer bajar el precio de la carne al mostrador que, como queda dicho, ha subido un 80 por ciento desde que hace dos años y medio el Gobierno decidió implementar su plan ganadero.