Flavia Rossi
La falta de aceites vegetales que hubo durante la campaña 2007/08 en el mundo fue extrema y la única forma que tuvo el aceite de girasol de administrar la escasez fue aumentando las primas respecto a las otras variedades.
En Argentina esto se sintió pero de lejos. La pizarra marcó el máximo a fines de enero 1.425 pesos por tonelada en Rosario y desde entonces corrigió su valor hasta valor apenas 970 pesos esta semana. En cambio, el aceite de girasol argentino siguió apreciándose en el mercado FOB hasta marcar el máximo a comienzos de junio 1.915 dólares para bajar hasta 1.560 esta semana.
Los motivos de estas correcciones son diversos. Dentro de los factores internos, el primer dato bajista fue la presión previa al ingreso de lo que terminó siendo una muy buena cosecha de 4,6 millones de toneladas, lo que significó más de un millón de toneladas por encima del 2007 (30 por ciento más).
El siguiente fue la resolución 125, que le incrementó nueve puntos las retenciones de exportación a la semilla y 7 puntos a los derivados, atando el arancel de los productos a cuatro puntos por debajo del pagado por las ventas de semillas. La capacidad de pago de la industria volvió a resentirse con la creación del ROE verde.
Como se comentó la semana pasada en esta columna, el nuevo mecanismo comercial establece que para registrar nuevas exportaciones las empresas deben tener la mercadería previamente comprada, deben solicitar la autorización de la venta a la Oncca y, si es autorizada, deben embarcarla en los siguientes 45 días. Estos cambios elevaron el riesgo del negocio de todo el complejo aceitero, y el caso del girasol no fue la excepción.
No sólo fue afectado el cierre de nuevos negocios, sino que el girasol también tuvo problemas de embarques. Su mercado está más expuesto que el de soja frente a las nuevas políticas, teniendo en cuenta que entre un 20 y 25 por ciento de la producción de este aceite se consume internamente. Esto permite entender por qué aparecieron los controles extraordinarios que se aplicaron desde Aduanas y que tuvieron frenada la salida de los embarques de aceite de girasol durante más de un mes por los nuevos requisitos y controles de calidad que se impusieron.
Las fábricas llegaron a cosecha bien abastecidas. Del equivalente a 2,1 millones de toneladas que tenían comprometidas en el exterior tenían compradas más de 3 millones de toneladas internamente. Esto explica por qué el retorno a la normalidad no generó desesperación por parte de los aceiteros para originar materia prima.
Como forma de prevenir pérdidas en medio del complejo contexto interno el margen de las fábricas se mantuvo alto, pagando por la pizarra unos 90 dólares menos de lo que habrían podido.
El retorno de Argentina a la exportación no se dará en el mejor momento. El mercado está a la espera de un crecimiento de 16 por ciento en la cosecha mundial, lo que en términos absolutos representaría una suba similar a la cosecha total de nuestro país.
La producción de Rusia crecería 15 por ciento; la de Ucrania, casi un 20 por ciento y la de la Unión Europea más de 35 por ciento.
La cosecha está próxima a generalizarse y los importadores están dispuestos a esperar para comprar más barato. El mercado está reflejando esto, pagando en Rotterdam 1.750 dólares por el aceite de girasol entrega en agosto, con una quita de 40 dólares menos por entregarla en setiembre y de 90 dólares por entregar en octubre.