Campolitoral
Siete chicos componen la matrícula de esta escuela. Van de segundo a sexto grado, por lo que comparten un aula y una maestra: la señorita Nancy Iñíguez, ya que Mariela Grandi, la maestra jardinera, cumple una función itinerante y trabaja en la escuela semana por medio.
Vienen de a caballo, en bicicleta o de a pie. Cruzando polvorientos caminos que se hacen eternos, los chicos recorren largas distancias para acceder día a día a ese puntal donde el Estado es una realidad palpable. Allí donde el único recurso es la electricidad, el CER 459 no tiene teléfono ni señal de celular, pero les brinda a sus alumnos una oferta de jornada completa, que incluye el almuerzo preparado por Ilvia Ruben, la cocinera.
Tímidos al principio, se van expresando a medida que la mañana de julio rompe las barreras y nos vamos haciendo un poco más amigos. Martín es, tal vez, quien se muestra más pícaro detrás de esos chispeantes ojos negros.
Después de casi nueve meses sin lluvias, la convivencia se hace difícil en la zona rural entre Pozo Borrado y Tostado. Sin embargo, para la docente a cargo del establecimiento, ésta fue una opción de vida que hoy no cambiaría por nada del mundo. "Yo sabía que tenía que venir a trabajar a esta escuelita", nos dice Nancy. "Nunca supe bien porqué, pero tenía la certeza que iba a terminar trabajando acá. Este lugar tiene algo especial, por eso pedí el traslado para poder venir", evoca.
Es que estos chicos son una parte muy especial en su vida. "Los chicos del campo son distintos a los de la ciudad, son sumamente respetuosos, simples y todo los asombra. Con ellos comparto gran parte de mi vida cotidiana, por eso soy más que una maestra, soy su amiga", admite con la emoción nublándole la mirada.
La docencia en estas escuelas requiere de docentes especiales. Como Nancy, quien se compromete más allá de su deber para mejorar cada día un poco más la vida de sus chicos, teniendo además que dejar a sus cuatro hijos en Tostado. "Por suerte los dueños de los campos tienen una muy buena relación con nosotros, pasan y preguntan qué necesitamos en todo momento, y eso es algo poco común que quiero destacar", elogia.
Con respecto a la provisión de agua, la docente nos muestra que cuentan con los dispenser para consumo humano que les envía el Ministerio, y con eso "tiran". Pero el algibe con agua de lluvia no tiene suficiente cantidad, y debido a la intensa sequía, el líquido elemento no se encuentra en las mejores condiciones.
"Tenemos una pantalla solar que colabora con la generación de electricidad, tenemos una computadora y ahora también tenemos televisión satelital, pero no la podemos usar, porque no tenemos la tarjeta", se lamenta Nancy.
"Mi sueño es que mis chicos conozcan Santa Fe, que puedan cruzar por el Túnel Subfluvial, que vean que hay otra realidad y que puedan contar con las mismas oportunidades que tienen los chicos de la ciudad", se confiesa.
No es un desafío fácil, pero viéndola en acción, creemos que se puede. Ahora, gracias a la solidaridad de un grupo de amigos en Santa Fe, los siete chicos del CER 459 y sus familias pueden contar con un poco más de agua para consumo. Es sólo un granito de arena, pero no alcanzan los diccionarios para explicar lo que se siente cuando la sonrisa de Martín nos agradece la visita.