Ya se sabe que a unas cuantas generaciones nos criaron a golpe de lentejas viudas, y purés de lentejas nuestras madres y abuelas son buenas conocedoras de sus extraordinarias propiedades nutritivas y ya se sabe también, que no es un plato por el que los tiernos infantes se maten, precisamente.
En unos tiempos en los que la industria de la nutrición infantil estaba en pañales nunca mejor dicho la cosa se resolvía con lentejas y en las casas de tradición española sobre todo en las zonas rurales, pan con aceite... Y es que nuestras madres y abuelas sabían lo que hacían: aquellos arcaicos porotos de lentejas tienen muchas propiedades, aunque muchas veces tuvieran mala fama. Pero afortunadamente, los nuevos tiempos empiezan a poner esta legumbre en el lugar que merece por sus cualidades y por su historia.
Hace 9.000 años, nada menos, las lentejas ya se cultivaban. Las invictas legiones romanas hollaron medio mundo a golpe de lens culinaris, que era la dieta más común de sus soldados.
Asociamos el consumo de legumbres a los meses más fríos del año. Sin embargo, la llegada del calor no debe desterrarlas de la dieta diaria, puesto que sus beneficios nutricionales no están vinculados a las estaciones. Un ejemplo lo constituyen las lentejas, llenas de ventajas para la salud.
La pirámide nutricional establece que se debe comer legumbres de dos a tres veces por semana. Sin embargo, y quizá por estar asociadas a épocas de penurias económicas, han sufrido un drástico recorte en su consumo, que no se corresponde con sus muchas virtudes nutricionales.
Las lentejas son muy ricas en proteínas vegetales. Es cierto que son de peor calidad que las animales al faltarle un aminoácido esencial (metionina), pero esto puede compensarse si se combinan con cereales como el arroz, que sí contienen este aminoácido. También guardan altas dosis de hidratos de carbono, sobre todo, almidón. De las primeras y de los segundos encierran 11,5 g y 20 g por cada 100 gramos de producto, respectivamente.
Las proteínas resultan fundamentales para el desarrollo de los tejidos del organismo y los hidratos de carbono actúan como una excelente fuente de energía. Además, estos hidratos son muy saludables al ser de absorción lenta, que se metabolizan más despacio y mejor que los azúcares simples.
Las lentejas también contienen vitaminas del grupo B (B1, B3 y B6), cantidades apreciables de ácido fólico y buenas dosis de zinc y de potasio. Sus concentraciones en hierro, muy destacadas y que rondan los 8 mg por 100 gramos de producto, tienen el problema de que no son bien absorbidas por el organismo, sobre todo, en comparación con el mismo mineral cuando es aportado por productos animales.
Otras dos ventajas de esta legumbre radican en su fibra y escasez de grasa, que no llega a 0,3 g por cada 100 g de alimento. Estos dos rasgos las convierten en aliadas de dietas para controlar el peso, así como en excelentes armas preventivas frente al estreñimiento, los trastornos de colon y también las enfermedades cardiovasculares, ya que la fibra consigue mantener equilibrados los niveles de colesterol en sangre.
A pesar de que las lentejas constituyen el ingrediente estrella de muchas recetas invernales, se puede disfrutar sin problemas cuando el sol aprieta. En primer lugar, existen innumerables variedades para elegir, aunque las más habituales en el mercado son las lentejas rubias, las pardinas y las verdes. También podemos encontrar lentejas rojas de sabor leve e ideales para preparar cremas y purés.
Para prepararlas como más nos gusta saborearlas en invierno, se comienza por freír la cebolla con el ajo, para luego agregar los chorizos previamente hervidos y cortados en rodajas. Posteriormente, sumar la panceta cortada en cubitos y rehogar.
Agregar luego los lentejones, cubrir con agua y sumar las papas cortadas en cubitos, salpimentar y dejar hervir 20 minutos. Una vez terminada, ía disfrutarlo!
1 cebolla grande
2 dientes de ajo
2 chorizos previamente hervidos
200 grs. de panceta
300 grs. de lentejones
2 papas
sal y pimienta