Uno ya rezongó con la tendencia hacia izquierda o derecha que tiene el changuito elegido; ya cargó lo que debía llevar y lo que no y por fin encara hacia las cajas para cumplir esa ley tácita que asegura que vas a elegir la cola incorrecta: la más lenta, la que menos progresa; en fin, todo eso...
Pero hay técnicas y modos de actuar que mejoran el posicionamiento del comprador y su vehículo utilitario para progresar y salir rápido del súper. No tienen por qué agradecer: estamos de oferta.
* El atropellador: el señor o la señora cree tener un camión o una oxidada camioneta sin patente que le da impunidad en el paso y en consecuencia en la primera de cambio te tira un changazo. Es jodido que te tiren el chango encima. Algunos desaprensivos llevan además un escobillón recién comprado que asoma generoso, ominoso y cargoso como un mascarón de proa. Hay que estar atentos en el súper porque a cualquiera le puede pasar cualquier cosa en una esquina, en el estante de las lavandinas o en la góndola de los lácteos. El atropellador se manda. Y después charla sobre la jurisdicción, el correcto estacionamiento, el turno o lo que fuera. Pero ya te invadieron, chiquito.
* El ausente. El señor o la señora planta el chango en la cola de manera anticipada (aunque tenga dos zanahorias y un yogur) y se va a continuar comprando en un proceso migratorio continuo. Como el rapaz que va desde el guante del cetrero hacia las presas para regresar, este señor arranca desde el changuito (donde se encarga de hablar con el adelante y con el de atrás) y planea hacia los diferentes sectores para atrapar las provisiones que vuelca en la base. Hay que correrle el chango para atrás a ese avivado.
* El distraído. Trae el chango repleto, con cuarenta y siete artículos, pero igual pone su mejor cara de gil (la cara de gil la puede tener también ella: ustedes tienen lo suyo, mis chiquitas) y se posiciona en la caja rápida o en la caja de efectivo. Se la juega: sabe que un cajero firme lo manda a otra cola, pero puede suceder que el pobre cajero o cajera tenga todo el día encima, la guardia baja y entonces el distraído se agranda, confiesa que no se dio cuenta, pero también te informa que ya perdió media hora haciendo cola. Y ganó: le cobran igual en esa caja y hacen docencia diciéndole lo que ya sabe, y que para la próxima... pero la próxima es la próxima y ahora el distraído sale, ganador...
* Los equipos. Son los más jodidos y contra ellos poco puede hacerse. A diferencia del ausente, acá siempre hay uno presente, aunque sea un nene de cuatro años. La madre, la esposa o el esposo, o incluso alternadamente, van trayendo al chango las cosas que necesitan, con lo cual vos te ponés en esa cola porque sopesaste la carga de los changuitos y resulta que justo el que tenés adelante va duplicando, triplicando, quintuplicando su tamaño con total impunidad. Ya se trate de chapuceros u organizados, los que trabajan en equipo te ganan siempre. La variante que utilizan de doble posicionamiento en línea de caja no es menos artera: se comunican por señas o por celular y te tiran el chango en la cola que avanza más rápido, con sólo un gesto. Los súper deberían prohibir esa práctica dual, carajo.
Y nos vamos: ya completamos el changuito, ya estamos posicionados (creemos que correctamente) y ya estamos fatalmente espiando las otras colas, ya queremos un atajo, ya salimos de nuestro lugar y, loparió, ya cerraron la caja que creías vacía. A empezar de nuevo.