El 14 de julio recordamos a San Camilo de Lellis, patrono de la Pastoral de la Salud e inspirador de los custodios y servidores de la vida.
Recordar a San Camilo será revivir la historia de un joven mundano y libertino, que buscando a través de experiencias contradictorias y dolorosas llega a descubrir en el problema de la enfermedad propia y ajena un camino de madurez, que según interpretará el propio Freud, consiste en encarar la vida con libertad y amor.
Camilo fue un brusco guerrero, militarizado por la vida mercenaria de su padre, quien años antes había participado en la misma toma de la ciudad de Roma en los ejércitos del rey de España Carlos V, en el año 1527.
Su biógrafo escribe que hay que admirar el poder de Dios, quien puede suscitar hasta de las piedras hijos de Abraham, haciendo que de un soldado que luchó varias veces contra los Papas y que colaboró con el saqueo de Roma, naciera un hijo que en la misma Roma, antes saqueada por su padre, fundara tiempo después una orden consagrada a la atención espiritual de los enfermos.
Cuando en el año 1570 sobre Europa se cernía el peligro turco, Camilo se inscribe en el ejército, convocado por el entonces Papa Pío V. Era la gran cruzada contra la Media Luna.
Un 7 de marzo, se interna en un hospital de Roma para someterse a un tratamiento debido a enfermedades que lo aquejaban. En esa oportunidad, Camilo se lamenta por no poder participar en la histórica batalla de Lepanto. Maldice su suerte que lo priva de estar ausente en Lepanto contra los turcos un 7 de octubre de 1591. Según aquellos diagnósticos su enfermedad consistía en gangrena de várices.
Era la época en que la cristiandad se desgarraba en su unidad. Lutero, Zwinglio y Calvino estaban en rebeldía contra Roma, y Enrique VIII se proclamaba jefe de la Iglesia Anglicana. La iglesia reacciona Äalgunos juzgan que un poco tardeÄ convocando el Concilio de Trento (1545-1564).
El desgarro estaba consumado, consecuencia de la revolución cultural del Renacimiento, pero también debido a los conflictos entre el papado y los príncipes reformadores, poco amantes de la unidad.
Los tiempos modernos habían comenzado. Pero en medio de esta crisis se siente también el soplo del Espíritu Santo. Epoca de crisis, época de santos. Ignacio de Loyola publica sus ejercicios espirituales (1526); Teresa de Jesús funda el primer Carmelo reformado (1562); Juan de la Cruz escribe sus versos inmortales (1577).
Camilo toca fondo en su vida de sufrimientos y se reencuentra consigo mismo, descubre la otra cara de la vida. Va descubriendo ya un camino inédito; piensa, lo asalta un rayo de luz interior, siente como una conmoción que también lo hace exclamar con aquellas palabras llenas de interrogantes: "Señor, ¿qué quieres de mí?".
La realidad angustiosa de la convivencia con los enfermos del hospital lo llevaría a sentirse solidario con aquellos seres humanos que padecían crueldades en sus soledades de enfermos, constatando que el ambiente hospitalario en aquellos tiempos se encontraba completamente degradado.
Camilo siente el verdadero desafío de ponerse al servicio del hombre en la escuela del buen samaritano, y se vuelca en cuerpo y alma a servir a los enfermos, reconociendo en ellos a las personas más necesitadas y abandonadas, más lejanas y solas en su desgracia.
De esta experiencia con los enfermos, desprotegidos nació el desafío de Camilo de reunir a quienes tenían una misma visión de esta realidad. Una visión iluminada por la fe y animada por el amor. Camilo establece para estos primeros voluntarios un código de compromisos:
* Servir a los enfermos por amor de Dios... gratuitamente.
* Con la ternura que suelen tener las madres hacia un único hijo, enfermo.
* Viendo en el pobre y enfermo a la persona del Señor.
* Dejándonos guiar por la inspiración del Espíritu Santo.
* Con el máximo respeto por la libertad del paciente.
El sueño de Camilo, soñado con otros compañeros en medio de la experiencia de los sufrimientos hospitalarios, brotó como una gracia de María en su fiesta de aquel agosto de 1591 y con la generosidad del Espíritu de Dios.
Aquella fuerza de los custodios y servidores de la vida, hoy la conocemos como Pastoral de la Salud.
Pro. Hilmar M. Zanello (*)(*) Asesor de la Pastoral de la Salud.