La verdad es que siempre se repite la misma historia: los Juegos Olímpicos se encargan de ponernos en el lugar que nos corresponde.
Cada 4 años, el esquema olímpico es el mismo; por traer a colación el último, el primer año (2005) no hubo competencia relacionada al olimpismo, el segundo (2006) se disputaron Juegos Sudamericanos, el tercero (2007) los Panamericanos y el último los Olímpicos, en Beijing. La competencia va de menor a mayor, en relación al nivel de exigencias.
Este proceso siempre empieza relativamente bien y termina catastróficamente mal para nuestro deporte. En este contexto está claro que en los Juegos Sudamericanos, en los cuales las grandes potencias como Brasil compiten con sus equipos suplentes en casi todas las disciplinas o bien varios deportes son reservados para competencias de edad, Argentina se proyecta como uno de los grandes favoritos a disputar las posiciones de privilegio; tal fue el caso de la edición de 2006 desarrollada en Buenos Aires.
Llegó 2007 y ya nos empezamos a preocupar; destino: Río de Janeiro. Los Panamericanos demostraron que ése es el verdadero techo competitivo de nuestro país, evento que al menos nos tiene en vilo durante casi todos los días respecto de las medallas que tenemos chances de ganar.
Viene Beijing y me sobran los dedos de una mano para contar las jornadas que, seguro, sabemos que podemos disfrutar de una medalla. Salvo excepciones en deportes individuales como vela y el hockey, básquet y fútbol -estos dos últimos con súper profesionales en la cancha-, que son las garantías de medalla al igual que en la última edición, por el resto tendremos que cruzar los dedos y hacer fuerza para poder verlos en el podio, en un equipo que llega a casi 140 deportistas.
Estoy convencido de que Argentina tiene que tener muy en claro que nuestro techo son las competencias continentales. Por la historia y porque es la realidad que tenemos en este país donde, actualmente, el deporte no ocupa un lugar importante en la política de Estado a nivel nacional.
Argentina obtuvo un primer puesto en el clasificador general de los primeros Juegos Panamericanos de 1951 con un total de 68 oros, con una política deportiva comandada desde la presidencia del Gral. Perón que, según cuentan los protagonistas que nos quedan de aquellas épocas, era de un fuerte respaldo al deporte. Río 2007 le deparó un séptimo puesto y sólo 11 títulos a nuestra delegación, ¿algo más para acotar? No busque más explicaciones, en la cantidad y calidad uno puede apreciar qué diferencia de concepción tiene el deporte en ambas épocas.
Por eso, ante los resultados que les deparan a nuestros compatriotas, sería injusto hablar de un nuevo fracaso, al menos en honor a nuestros deportistas que dan siempre ese plus por el hecho de ser bien argentinos.
Dicen que a partir de las crisis nacen las grandes oportunidades. ¿Tendrá el deporte la suya a partir de Beijing 2008?
(*) Cubrirá los Juegos Olímpicos de Beijing para El Litoral.