Siempre dispuesto a "ganar la calle", el kirchnerismo sufrió ayer una evidente derrota en su pulseada con las entidades del agro. Los dirigentes de la Mesa de Enlace rural, que el ex presidente Néstor Kirchner volvió a calificar de desestabilizadores y golpistas, encabezaron en Palermo un acto entre tres y cuatro veces más concurrido que el del Partido Justicialista en el Congreso, a metros de donde hoy el Senado decidirá, en dramática votación, la suerte del esquema de retenciones móviles a las exportaciones agrícolas.
Pero, aunque sorprendidas por una movilización que según las estimaciones más conservadoras superó las 200.000 personas, las entidades del agro deben recordar que el número no sólo no otorga la razón. A veces, no alcanza siquiera para una victoria legislativa.
Sucede que la heterogénea confluencia de expresiones sociales y políticas reflejadas ayer en Palermo desde Ricardo López Murphy a Vilma Ripoll, del Partido Comunista Revolucionario y el Movimiento Socialista de los Trabajadores a la UCR y PRO, desde las clases y barrios acomodados de la Capital a seguidores de Raúl Castells, desde Elisa Carrió a Luis Barrionuevo, en fin, desde historias y representatividades como las que van desde la Sociedad Rural a la Federación Agraria- expresa el rechazo al carácter confiscatorio y arbitrario del manotazo fiscal sobre el campo, a un estilo de gobierno soberbio y mandón y al ninguneo oficial de problemas como la inseguridad y la inflación, pero no una propuesta política alternativa.
Sugestivamente, quien más se esforzó ayer en decir que en Palermo sí había una propuesta política que obviamente asoció con la dictadura, la "noche" neoliberal, el desempleo, el hambre, fue Néstor Kirchner. El continuo recurso del ex presidente al espanto como dispositivo de convocatoria denota el agotamiento del "modelo" político y económico oficial, que el matrimonio presidencial se resiste a reconocer y a resolver mediante -al menos- un recauchutaje y puesta a punto.
Ninguno de los resultados posibles del Senado resolverá la disyuntiva oficial. Si los senadores, como ayer se insinuaba probable, ratifican por ajustado margen tal la única certeza: que la decisión será por un pelo- las retenciones móviles, el gobierno pasará a otras batallas, como la nueva ley federal de Radiodifusión, y buscará un chapuzón revitalizante con algunas medidas como el aumento del salario mínimo, un atisbo de movilidad de jubilaciones, suba del mínimo no imponible de Ganancias y "recuperación" de Aerolíneas Argentinas.
Pero es muy dudoso que el "modelo" pueda solventar esas apuestas si antes el gobierno no reconoce y plantea un combate efectivo a la inflación, en vez de insistir con la macumba morenista y los dibujos del Indek. El agro empacado y desafiante será una complicación adicional y profundizará los vientos recesivos que soplan desde el segundo trimestre, con especial intensidad en el interior del país.
Si, en cambio, el proyecto oficial es derrotado, el gobierno se verá forzado a cambiar en condiciones de inédita debilidad política. El aumento de retenciones móviles fue aunque el kirchnerismo nunca lo reconoció, salvo en una vergonzante admisión de Néstor Kirchner- un intento del fisco de hacerse de al menos un par de miles de millones de dólares adicionales para afrontar un panorama cada vez más complicado por el exponencial aumento de los subsidios al transporte y la energía, un gasto público que crece a un ritmo de dos dígitos y una agenda de vencimientos que empieza a empinarse justo cuando la situación financiera mundial se empioja definitivamente.
Durante más de cuatro meses el agro se cebó con el antidemocrático y patoteril ejercicio de cortar ruta y con el éxito que tuvo en abrir grietas en el otrora monolítico poder K. El gobierno, en tanto, cambió una y otra vez de discurso que la desojización, que la redistribución, que el desacople de los precios internacionales, que los hospitales y escuelas, que la deuda, que la institucionalidad y la democracia- para "vender" políticamente las retenciones móviles.
Mientras tanto, el mundo siguió andando, y no para bien. La recidiva de la crisis hipotecaria que en los últimos días volvió a ensombrecer el panorama en EE.UU. podría, en poco tiempo, llevar a la conclusión que el gobierno y el campo se estuvieron peleando por nada. "Esta es, por lejos, la peor crisis financiera desde la Gran Depresión", escribió ayer Nouriel Roubini, ex asesor de Bill Clinton y uno de los economistas que mejor anticipó los problemas de Estados Unidos. Las pérdidas asociadas al problema de las hipotecas, calcula Roubini, significarán pérdida crediticias de entre uno y dos billones de dólares, entre 10 y 20 veces el PIB de la Argentina. Las acciones en las bolsas mundiales, dice, caerán cerca de 40 por ciento y los precios del petróleo y de las materias primas caerán entre 20 y 30 por ciento respecto de sus niveles recientes.
Si Roubini está en lo cierto y a lo largo del desarrollo de esta crisis lo ha estado- la soja, por caso, caería a un nivel en el que la retención efectiva sería de entre 35 y 37 por ciento, casi idéntico al previo a las malhadadas retenciones móviles. Cuatro meses de conflicto y siguen, habrán sido en vano.
Como la Justicia, que cuando es lenta suele vestirse de injusticia, las soluciones demasiado lentas dejan, en el camino, de ser soluciones.
Sergio Serrichio