Luis Rodrigo
Los anuncios que formuló hace cinco días el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido sobre las tarifas de las empresas Edesur, Edenor y Transener, tienen especial interés en la EPE.
Es porque ésta última es la compañía concesionaria que transporta (y cobra un peaje) por la energía. Como las demás compañías distribuidoras del interior, la EPE depende de sus servicios.
Al cierre de esta edición, las palabras del funcionario nacional no tenían el vigor de los hechos.
Las declaraciones de las autoridades nacionales son importantes porque constituyen un compromiso de lo que se dice que harán, pero (aún las de las más altas) no materializan esas disposiciones.
En definitiva, los técnicos de la empresa siguen cada día -desde el 30 de julio pasado- revisando los sitios oficiales en los que se publican las resoluciones ministeriales. Y allí no hay nada nuevo.
El cambio de tarifas en las empresas distribuidoras de Buenos Aries no es lo que más les importa a quienes toman decisiones en la empresa santafesina, sino el adelanto de que habrá una suba del 10 % para Transener SA, la compañía encargada de mantener en funcionamiento las líneas del Sistema Interconectado Nacional, por cuyos servicios de transporte de la energía cobra un cargo (una suerte de peaje) que tendrá su impacto en la estructura de costos de la EPE (aunque no se mueva el valor del kilovatio a nivel mayorista).
Para colmo, no se trata de un cálculo sencillo, por lo que resulta muy difícil construir escenarios simulados, como para adelantarse a la resolución que finalmente se publique a nivel nacional.
Variables muy diferentes componen el costo del transporte. Se trata de una ecuación polinómica: allí se incluyen cargos por suministro de potencia, por provisión de energía en horarios de alto consumo o fuera de ellos ("en punta o fuera de punta", dicen los técnicos), con demanda firme o no firme (según el tipo de contrato de suministro), y también los valores son diferentes de acuerdo con el lugar del suministro (la Estación Transformadora que une líneas de alta tensión nacionales con las redes de distribución provinciales). En la provincia de Santa Fe, los "puntos de inyección" de la energía nacional que distribuye luego la EPE son Romang, Santo Tomé y Rosario Sur.
Hasta este mediodía, "sin un papel que nos permita saber dónde estaremos parados", según confió a El Litoral una fuente de la empresa, existía al menos una certeza: desde que asumió el gobernador Hermes Binner ha dado precisas instrucciones para que ningún reajuste tarifario tenga carácter retroactivo, y agosto ya comenzó.
Las declaraciones de De Vido (ya que no se cuenta aún con los nuevos cuadros tarifarios) muestran que en las boletas de la energía eléctrica en Capital Federal y el Gran Buenos Aires comienza a caerse el esquema de consumos de los '90.
Las privatizaciones de Edenor y Edesur (además de subsidios estatales para las áreas que por su marginalidad no pagan la energía) cambiaron el valor de la energía según niveles de demanda: paga más por cada kilovatio quien menos consume.
La idea de que debe ser más económico un bien cuanto mayor es su producción se impuso en aquellos cuadros tarifarios. Cuando comiencen a aplicarse los anuncios del ministro, lo que los técnicos llaman la "curva de precios descendente" para los usuarios del sistema se transformará en una "curva ascendente", sobre todo para las familias porteñas.
El aumento en Buenos Aires a los clientes residenciales por sobre consumos bimestrales mayores a los 600 kilovatios producirán curvas un poco más parecidas a las de la EPE.
Aquí hay dos escalones que "penalizan" los mayores consumos, y cualquiera puede leerlas en su factura: el valor por kilovatio es uno hasta los 240 kw y otro mayor desde ese escalón hasta los 400 kw. Y por sobre este último peldaño, su crecimiento es todavía superior.
El esquema de tarifas de los '90 es inverso a la realidad actual del parque de generación eléctrica en el país. Y el gobierno comienza a reconocerlo.
Hoy es indiscutible que las inversiones en el parque de usinas de energía están atrasadas. Por esa razón, cuanto mayor sea la demanda, más máquinas ineficientes deberán cubrirla (o más kw importados, que son aún más costosos).
En energía no ocurre entonces lo que sí puede ocurrir con otros bienes, cuya mayor producción implica más eficiencia (y por lo tanto menos costos). La electricidad es en realidad, un bien escaso. Tanto por los fondos que exige su generación como por la disponibilidad de los combustibles utilizados.
Los cuadros tarifarios porteños dejarán de premiar a las familias que más consumen; es decir, lo que históricamente ha ocurrido en la EPE.