Félix Canale
Hasta hace 10 ó 15 años el negocio turístico no era importante para Rosario. Además, hacia finales de los años 90 la ciudad tenía mala prensa, como consecuencia de casos extremos de pobreza que amplificaban los medios nacionales, léase porteños. Para colmo, llegó la crisis de 2001, los visitantes escasearon y la hotelería pasó un mal momento.
"Nos dimos cuenta que a Rosario había que mostrarla de otra manera. Había que limpiar esa imagen de "come gatos" que existía, sobre todo en Buenos Aires, según la cual la miseria nos invadía. No teníamos ni más ni menos pobreza que otras ciudades de la Argentina. Debíamos trabajar para mostrar que también existía otro ángulo; que había infraestructura, servicios y operadores completamente profesionales. Estábamos convencidos de que teníamos un buen producto para ofrecer."
Esta expresión de fe corresponde a Graciana Chiesa, presidenta del Rosario Convention & Visitors Bureau, una entidad privada que tiene como meta promover a la ciudad como sede de ferias y congresos. Esta actividad específica está muy ligada a la promoción turística, aunque Chiesa deslinda los campos de acción.
"No era una cámara de turismo u hotelera explica-, sino que desde el comienzo nos concentramos en reunir a quienes tienen directos intereses en la realización de convenciones o congresos. Lo central fue crear una herramienta de marketing, que integrara a los sectores interesados en posicionar la ciudad como sede de esos eventos, viajes de negocios y eventualmente destino de recreación."
De hecho, el nombre de la entidad es Cámara Regional de la Actividad de Ferias y Congresos (Crafeco), pero a medida que el organismo fue creciendo se hizo necesario vincularse y coordinar actividades con otras instancias nacionales e internacionales. De allí la decisión de registrar en 2002 la marca Rosario Bureau y unirse a la red Convention & Visitors Bureau (CVB).
Hoy Rosario Bureau tiene un listado de 64 asociados, entre los que se incluyen hoteles, salas de convenciones, agencias de viajes, transportes de pasajeros, institutos de enseñanza, librerías, shopping centers, bares con historia y especialistas en comunicación e imagen.
El trabajo de la entidad, que cuenta con auspicios de la municipalidad rosarina y el gobierno de la provincia, puede medirse en números. En cálculo rápido, Chiesa estima que la actividad creció entre 50 y 60 por ciento en los últimos 5 años.
Por otra parte, el informe anual de la revista Ferias & Congresos indica que en 2007 Rosario logró ubicarse en el cuarto lugar, con un total de 87 congresos a los que concurrieron 45.402 participantes. Encabezando el pelotón se encuentra la Capital Federal con 495 congresos (287.971 participantes), seguida por Mar del Plata con 131 (71.511) y Córdoba con 92 eventos y 48.460 asistentes. En total, en el país se realizaron 1.124 congresos que movieron unos 733 millones de pesos.
"El mercado de congresos y convenciones es uno de los negocios con mayor cadena de valor, ya que son muchos los servicios que se utilizan. En un evento de este tipo, además de la hotelería y los centros de convenciones, está la gastronomía, los equipos técnicos, la gente que realiza las acreditaciones, quienes preparan los maletines, los traductores, las azafatas que reciben a la gente, más los aviones y ómnibus y el transporte dentro de la ciudad.", enumera la ejecutiva.
Y aporta otro detalle: "Quienes concurren a esas convenciones se comportan de forma distinta al turista por tiempo libre. Es gente que viene a trabajar. Sus tiempos libres están más orientados a la compra que al disfrute. Se calcula que un concurrente a congresos realiza compras de entre 600 y 1.000 dólares por persona. Es el que más deja en una ciudad."
Chiesa, con antecedentes profesionales en turismo receptivo y administración hotelera, es desde 2006 gerente comercial del Ros Tower, hasta ahora el único 5 estrellas de Rosario, solventado con capital local. Ante el pedido de entrevista atendió deferentemente a El Litoral, pero fue evidente que estaba corta de tiempo.
Además de su tarea cotidiana está inmersa en la organización del Primer Encuentro Latinoamericano de Convention & Visitors Bureau, (9 y 10 de setiembre), que a su vez se realizará en el marco del Segundo Congreso Mundial de Marketing de Ciudades (10 y 12 de setiembre, organizado por la Fundación Ciudad de Rosario, otra entidad privada), que será precedido por el Cuarto Encuentro de la Red Internacional de Marketing y Desarrollo Urbano, los días 8 y 9 de setiembre.
El encuentro de los CVB apunta a intercambiar experiencias entre todas las entidades similares de América Latina, con el propósito de armar una red de alcance continental. La lista de participantes es extensa. Además de los CVB argentinos están invitados representantes de México, Paraguay, Chile, Colombia, Cuba, Curaao, Venezuela, Ecuador, Panamá, Perú, Puerto Rico, St. Marteen Island, Uruguay, Brasil, EE.UU. y España.
En el temario figuran los siguientes ítem: El rol de los CVB en el marketing de las ciudades; Los CVB como modelos de integración horizontal en la cadena de valor; Integración con el sector público; Modelos de Financiamiento: casos y experiencias; Alianzas globales como estrategias de promoción internacional; El CVB como reactivador del turismo en épocas de crisis y Hacia la formación de una red latinoamericana de bureaux: visión para los próximos años.
En 1996 la televisión porteña lanzó una noticia difícil de digerir: a 10 minutos del centro de la ciudad de Rosario familias en situación de pobreza extrema asaban y comían gatos. Un plato sustancioso para el amarillismo periodístico y para los medios de la Capital Federal, también llamados "medios nacionales". El propio intendente de la ciudad, para entonces Hermes Binner, debió salir a desmentir la información. Incluso se llegó a afirmar que el canal porteño había pagado 100 pesos (un peso = un dólar) a un grupo de indigentes para que se mostraran asando el gato.
Como fuere, lo cierto es que el mote de "come gatos" le quedó a los rosarinos. Fue utilizado en estribillos de las tribunas futboleras y hasta Roberto "El Negro" Fontanarrosa, en su memorable alegato a favor de las malas palabras, durante el congreso de la lengua realizado en Rosario en 2004, se mostró incómodo porque en Paraguay le habían gritado come gatos a la selección argentina de fútbol. Según El Negro, ese apelativo era de exclusivo uso para los rosarinos. "Es un rosarinismo", definió Fontanarrosa.
Hasta aquí la derivación más digerible del tema. Cambia el sabor, cuando un operador turístico de Rosario debe explicar a un potencial visitante sobre todo si es extranjero- por qué le dicen come gatos a los rosarinos. Y lo que parece una simple muestra de humor popular, se transforma en una empinada cuesta que hay que trepar. A eso se refiere Graciana Chiesa, cuando en la entrevista dice que hubo que "limpiar esa imagen de come gatos que existía".