Evangelina Simón de PoggiaE-mail: [email protected]
Estábamos reflexionando sobre la necesidad de educar a los hijos, sobre la importancia que tiene ponerles límites para el desarrollo de sus hábitos y comportamientos en pro de su formación individual y su proyección social; también, acerca de la necesidad del convencido accionar de los padres para realizar ese acto de responsabilidad y de amor a pesar de los sacrificios implicados.
Sigamos transitando por nuestra línea de pensamiento, trasladémonos nuevamente al ámbito familiar y tratemos de vislumbrar los beneficios que pueden obtener los padres si entienden que en el hogar tanto los niños como ellos deben de tener espacios propios y compartidos; que los hijos deben de entregarse al placer del sueño en horarios lógicos para que ellos vayan gestionando un tiempo propio, donde el diálogo sea el intermediario en ese compartir inquietudes, sucesos del día, problemáticas acaecidas, etcétera, y todo, frente a una taza de café.
Tal vez, si revisaran este simple hecho, podrían arreglarse numerosas desaveniencias, el no poder controlar el accionar invasivo de los hijos, el no tener un espacio para el intercambio de ideas, los puede llevar a ver a la " incomunicación" como un modus operandi normal. Muchas veces escuchamos a las madres comentarios como "...es que el padre a veces llega tarde y quiere ver a los chicos, porque no los ve en todo el día". Sí, estamos de acuerdo, pero íel cansancio de ambos, los problemas acuciantes, las posibles presiones sostenidas durante la jornada, etcétera! Tal vez merezca la pena pensar en abreviar la sobremesa en pro de ese "diálogo" para luego sumirse en el descanso tan merecido.
Los hijos son incansables demandadores, tremendamente inteligentes y saben cómo manejar las situaciones. Siempre lo intentan. íA lo mejor, lo logran! Son tesoros que debemos cuidar con mucho amor, pues, de lo que hagamos quizás dependan su felicidad y su futura proyección como personas. Prepararlos para que entiendan que, en este mundo, cada uno tiene derechos y obligaciones, que cada uno debe de tener su propio espacio en el que pueda desarrollarse y ser feliz, que en la vida hay que ser generosos y renunciar a ciertas cosas a favor del otro y que "amor" es la palabra más maravillosa de nuestro léxico, aunque, muchas veces, para comprenderla en su real dimensión tengamos que atravesar procesos conflictivos y dolorosos.