Diego Degano (Especial desde Beijing)
No será un día cualquiera para el deporte. Independientemente del significado que tenga la hora y fecha elegida por el Comité Organizador de los Juegos Äel 8 es el número de la suerte para los chinosÄ, el mundo del deporte se paralizará con la inauguración oficial de los Juegos de la XXIX olimpíada, dando por concluido el proceso de 7 años iniciado en julio de 2001 cuando Beijing fuera electa como sede.
Miles de atletas pertenecientes a 205 comités olímpicos nacionales estarán ingresando al estadio nacional a partir de las 8.08 horas de la tarde-noche de mañana de Beijing, para iniciar de esta forma una celebración que los chinos han guardado con total reserva y que será develada a partir de ese momento.
Entre las incógnitas más importantes que siempre son objeto de intuición se puede mencionar quién será el que tenga a su cargo el privilegio de encender el pebetero, cuando la antorcha termine con el recorrido de miles y miles de kilómetros que inició en marzo pasado, visitando entre otras ciudades a Buenos Aires el 11 de abril. Para el recuerdo quedará seguramente el ascenso de la llama olímpica al Monte Everest, por mencionar las cosas positivas que dejó.
Claro está que la ceremonia, que llevó una preparación de tres años, pondrá énfasis en la cultura milenaria de China. La rutina, cuyo asesoramiento artístico le fue ofrecida al director cinematográfico Steven Spielberg quien finalmente la rechazó argumentando el desconocimiento de esta nación por los derechos humanos- fue diseñada por Zhang Yimou, el más famoso director de cine del país.
Nadie quiere perderse una ceremonia como ésta. De todos modos participar tiene su costo, cualquiera sea el carácter, desde simple espectador a deportista.
Miles de almas se han quedado sin entradas, la capacidad del estadio es de 91 mil butacas Ä20 mil más que en AtenasÄ, y aunque se hagan esfuerzos denodados por negarlo, la reventa funciona como en cualquier espectáculo de alta demanda. Hasta se dijo que se llegó a pedir la escalofriante suma de 30 mil euros por un boleto.
Si bien los deportistas no deben pagar un solo yuan para acceder como protagonistas de lujo de la convocatoria, el precio será seguramente el desgaste físico que significará estar parado por casi 5 ó 6 horas. La ceremonia se ha convertido para los atletas que les toque desfilar en una especia de pesadilla placentera, porque nadie quiere perdérsela, aunque tengan que padecer una larga espera en los alrededores del estadio antes de ingresar.
El ingreso de las delegaciones está previsto para la tercera parte de la ceremonia. El orden en que lo hagan no será el que nos tienen acostumbrados las últimas ediciones. En este caso, el orden de países dependerá del número de trazos del primer carácter del nombre escrito en chino y por ende nuestra delegación no tendrá el privilegio de ser una de las primeras en desfilar, como acontece tradicionalmente.
Respecto de la delegación argentina, Emanuel Ginóbili será el abanderado. No esperemos ver desfilar a los 136 atletas (más oficiales) inscriptos para competir; el plantel de hockey, los remeros, algunos yudocas, entre otros deportistas tienen previsto no entrar al "nido" y estarán viendo las imágenes desde sus respectivas habitaciones de la villa olímpica, a unas horas de iniciar sus competencias. La delegación que desfile vestirá camisa blanca manga corta (con un toquecito celeste y blanco al final de esa manga), pero la diferencia está en la parte de abajo, mientras los chicos irán con pantalones largos, las chicas saldrán con polleras, con zapatitos o zapatillas blancas.
Aunque nada que ver con el deporte, las primeras figuras del ámbito político internacional también serán protagonistas, y podrán verse en los palcos oficiales del estadio. Bush, Sarkozy, Lula, el primer ministro japonés, el presidente israelí y la realeza española entre un centenar de jefes de estado, han aceptado la invitación del gobierno chino y seguramente serán filmadas entre una coreografía y otra.
Todo está listo, y a diferencia de la cultura argentina caracterizada por las corridas necesarias para terminar con los detalles hasta un segundo antes del inicio, parece que los chinos, si fueran amantes del mate como lo somos en nuestras tierras, podrían estar disfrutando de un buen amargo a la sombra de un árbol desde hace ya largo rato.