Una vez más la raza humana, la superior, la civilizada, nos sorprendió ayer con un hecho aberrante. Los medios dieron a conocer que, luego de una minuciosa investigación realizada por organismos de protección de la naturaleza, personal policial de distintas reparticiones de la provincia allanaron una estancia ubicada en el departamento San Cristóbal, en en norte santafesino, donde funcionaba un coto de caza.
El procedimiento se concretó el 2 de este mes, en la estancia La Primavera, donde la policía encontró 26 pumas encerrados en jaulas en las peores condiciones de existencia.
Vale recordar que la caza furtiva de animales autóctonos es un delito penal que contempla, como sanción, la pena de prisión. En este caso, habría un agravante ya que el puma es una especie protegida.
¿Alguien puede explicar el placer de matar? Seguramente la psicología tiene mucho para decir al respecto; mientras tanto, un par de pobres infelices iban a terminar con la vida de animales realmente superiores.
Ernest Hemingway, cuenta en "La vida feliz de Francis Macomber" la experiencia de un cazador de ocasión en un safari en el África. El personaje se puede emparentar tal vez con quienes, en el norte santafesino, esperarían que alguien libere a los felinos para dispararles y creerse que "los cazaron".
Francis Macomber tuvo la oportunidad de matar un león ayudado por un par de baqueanos, pero no pudo evitar el miedo al sentirlo tan cerca; por las noches, mientras intentaba dormir, escuchaba los rugidos del animal aproximarse a su campamento y se estremecía en el catre. Macomber era un miserable cobarde con una vida triste y una mujer idiota que, tal vez, necesitó llegar hasta África y asesinar un león para saberse vivo. Pero, probablemente, lo que no lo dejaba dormir era la bestia que vivía dentro de él y que dejaba salir cuando disparaba el rifle, como quienes iban a cazar a los pumas.