Señores directores: en la práctica espiritual en general, la meta es siempre recuperar la totalidad. Necesitamos recuperar, luego de trece siglos de dualismo platónico y tres siglos de dualismo cartesiano, una comprensión profunda de nosotros mismos y abiertos al Espíritu Absoluto de Dios.
Cultivar un sentido de gratitud por la vida, por los colores y sonidos, las fragancias y texturas; de hecho una meta, un horizonte Äen mi opiniónÄ hacia una espiritualidad como experiencia, un conocimiento directo del Espíritu de Dios, o como praxis, un conocimiento que transforme la manera en que cada uno vive su vida en este mundo.
En lo cotidiano, se puede tener una experiencia "donde descanso", pero todos llevamos dentro de nosotros algo cuestionador, la mayor parte del tiempo una pregunta no expresada. Nuestra vida misma es una búsqueda. Puede utilizarse, entonces, la expresión "pertenecer". Pertenecer tiene un doble sentido. Cuando digo: "Esto me pertenece", quiero decir que poseo algo; pero cuando digo "pertenezco", no quiero significar que algo me posee, sino que soy "parte de", que estoy íntimamente involucrado con una realidad mayor que yo. Simbolizaría "aquí encuentro mi lugar", "este es el lugar", y al mismo tiempo, "aquí estoy", "estoy en casa".
En el transcurso de la búsqueda, a menudo surge el cuestionamiento; nos sentimos huérfanos, perdidos; deambulamos y buscamos algo, y es entonces cuando llega un momento, inexplicablemente, en que se siente: "Ahora estoy en casa", "esta es mi casa", y pertenezco, no soy ya huérfano. Y pertenecer significa que estoy en mi casa, soy responsale por quienes la habitan y ante ellos, también. Yo les pertenezco a ellos, tanto como ellos a mí.
Asimismo, los creyentes formamos parte de una gran unidad de hermanos en Cristo como miembros de una Iglesia, una realidad a la que pertenecemos y que por tanto, íntimamente nos pertenece.
A partir de lo expresado, surge un interrogante: ¿qué subyace en el interior de las dirigencias políticas de los países europeos y de EE.UU. respecto de la discriminación racial, una xenofobia tan alarmante?; es como si hubieran levantado un muro fronterizo invisible, en algunos casos absolutamente real y tangible, para impedir las migraciones, resistiéndose así a ser literalmente "invadidos" por ciudadanos extranjeros, denominados "ilegales".
Hoy se puede ver, en muchos de esos muros, cómo cuelgan cruces en honor a un migrante N.N. muerto, que buscaba cierta "prosperidad" -o supervivencia- en otra latitud.
En síntesis esos muros, físicos o intangibles, no dejan de ser, por cierto, curiosos testimonios de las necesidades y conductas humanas, que no dejan de causarnos una gran perplejidad.
Américo Orlando Vulpetti.
DNI. 6.309.744. Ciudad