La escena está despojada. Silvia, una actriz que acaba de terminar un ensayo, apoya en el piso un bolso grande. Después, enciende un cigarrillo. Fuma. Con intensidad, largamente. La sensación de agobio e incertidumbre se expande. Así comienza "Latente", en el mismo edificio del Foro Cultural Universitario donde ese ensayo, en la ficción, se produce. La nueva obra de Leonel Giacometto trabaja sobre historias múltiples que articulan episodios dramáticos de un producto teatral, con reflexiones sobre el componente violento del suceso teatral Äal menos de ese que los espectadores están viendo en ese momentoÄ, con elementos de la dramaturgia contemporánea y, también, con la historia política. Y la violencia, perturbadora, implacable.
Los tres personajes que circulan por la nueva obra del autor de "Fingido" y "Real" tienen en su origen o en su pensamiento algo que los coloca en situación de violencia. "Latente" cuenta varias historias a la vez: la de Silvia y el viejo cuidador del lugar donde se ensaya la obra; la de la obra misma a representar Ämagnífica elección de un texto lacerante como el de "Decadencia", de Steven Berkoff, que muestra la caída de la alta burguesía inglesaÄ y la de los dos actores que protagonizan el espectáculo. Concretamente, una aceitada maquinaria de las tradicionales "mamushkas". Guiadas por la pluma de Giacometto, todas esas voces entablan un intrincado cruce que confronta distintas líneas de interpretación y no escatima apasionamiento en la búsqueda de una versión potente del acto creativo. Sobre todo, del que nunca se ve y que es potencialmente el más intrincado: los ensayos.
El episodio fundacional de la violencia se da en el inicio, cuando el guardián del espacio secuestra a la actriz para sugerirle que vaya a un casting en Canal 7 y llevarla después a "mi covacha, mi rinconcito". Él tiene los pies entumecidos, con lo que el recuerdo de Malvinas o de algún campo de detenidos no puede obviarse. Así, el autor patentiza los orígenes de una violencia que hoy está muy próxima; toma a los personajes y los trabaja en sus zonas más privadas. Estas situaciones son muy ricas porque permiten una lectura enriquecedora de la teatralidad. Cuando dialogan las memorias de los dos actores del ensayo con el texto de "Decadencia" se advierte con contundencia la fuerte intencionalidad del autor. No se explica la violencia, queda instaurada. Sobre todo, si se tiene en cuenta que la totalidad nace y se organiza alrededor de una metáfora mayor: una violación.
Desde la dirección del espectáculo, Giacometto estructura una puesta en escena que valoriza y pone en primer plano el trabajo de sus intérpretes. Una vez más, Daniel Vitale ratifica que es uno de los mejores actores de la escena santafesina, a partir de una labor exigente y precisa. El actor compone con virulencia al guardia de tan particular ambiente y pone la necesaria cuota de ambivalencia en el texto berkoffiano. La sorpresa del espectáculo es el comprometido trabajo de Fabiana Godano. La actriz pone el cuerpo Änunca mejor esta expresiónÄ en una de las escenas más inquietantes del espectáculo, y entrega su caudal emotivo para el resto del montaje. En la escena, no hay artificio alguno que distraiga la atención del espectador. Es más, todo está puesto para posibilitar una lectura de un relato que estos personajes hacen en la obra, que pueda ser leído como un texto que dialoga con otros textos y con otras posiciones dentro del teatro.
"Latente" logra anclar en la violencia instalada en la estructura social, pero no en términos meramente conceptuales, sino en la materialidad de las relaciones humanas. Se trata, en suma, de una perfecta simbiosis entre el mundo exterior y la vida de cada uno de nosotros. El resultado no es otro que una dolorosa reflexión sobre cómo somos.