Luego de un largo período de precios sostenidos a firmes, que coincidió con los 130 días
de conflicto entre el Gobierno y el sector agropecuario, el precio de las commodities en los mercados internacionales comenzó a mostrar, por primera vez, un sostenido cambio de la tendencia anterior, lo que consolidó una baja generalizada en los productos.
Durante los cuatro meses del conflicto, los precios se ubicaron en valores muy cercanos a los máximos. La soja llegó a cotizar a 320 dólares por tonelada en el disponible, el maíz trepó cerca de 180 dólares durante mucho tiempo y el trigo superó los 240 dólares. Sin embargo, estos máximos no pudieron ser aprovechados ni por el productor ni por el Gobierno, ya que los mismos se encontraban enfrascados en su pelea por el reparto de una torta que luego no existió.
Tan sólo en esta última semana la soja sufrió una baja de 30 dólares por tonelada en el mercado disponible. Al cierre del miércoles, cotizaba a 282 dólares mientras que tan sólo una semana atrás, llegaba a los 311 dólares. En el caso del maíz también se produjo una fuerte baja. El miércoles cerró en 138 dólares por tonelada, con una caída 16 dólares con respecto al cierre de la última semana de julio, cuando rondaba los 154 dólares.
En el caso del trigo, también fue arrastrado por la baja en el resto de las commodities, a lo se agrega la incertidumbre interna de apertura de registros y la nueva forma de operar de los exportadores establecida por la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca).
Al cierre del miércoles, el trigo disponible cotizaba a 202 dólares contra los 215 dólares por tonelada de una semana atrás. En montos globales, se puede calcular una pérdida del orden de 1.000 millones de dólares entre soja, maíz y trigo.
La soja es la principal perdedora, pues el productor tiene todavía sin vender más de 50 por ciento de la cosecha, con lo cual la pérdida de ingresos ha sido de 800 millones de dólares. Lo mismo ha perdido el Gobierno respecto al ingreso de divisas o dólares frescos por retenciones. En este sentido, se calcula que en la última semana dejó de recaudar más de 320 millones de dólares.
En estos momentos el mundo está sorprendido por la fuerte baja que se ha registrado en todas las bolsas del mundo. Pasamos de un mercado eufórico no sólo en commodities agrícolas, sino también en petróleo, oro y otros activos a uno totalmente opuesto con una marcada tendencia a la baja.
¿Qué cambió en el balance de oferta y demanda como para justificar la magnitud de la baja? Pues no hemos visto cambios sustanciales en los factores de mercado propios de cada producto. En realidad, el cambio que estamos viendo está relacionado con factores mucho más profundos y que sin dudas dejarán una huella más perdurable en el tiempo.
Pensar que esta baja es producto de una mejora en el clima de Estados Unidos o la liquidación de un fondo que se vio obligado a vender 40 mil contratos es pecar de ingenuos.
El mundo está cambiando y mucho más de lo que nos imaginamos. Por caso, Estados Unidos está comenzando a sentir en su mercado interno el impacto negativo de la crisis inmobiliaria sobre el resto de su economía y esto influye en sus relaciones comerciales con el exterior.
Japón acaba de confirmar un segundo trimestre con fuerte caída en sus exportaciones, el sudeste asiático corre el riesgo de entrar en estanflación, la relación de monedas (dólar versus euro y yen) ha comenzado a volcar la balanza a favor de Estados Unidos y el precio del petróleo acumula bajas de más de 25 dólares por barril desde sus máximos alcanzados muy poco tiempo atrás.
Como vemos, el mundo ya no es el mismo y esta baja que estamos observando en los mercados agrícolas no es otra cosa que la adaptación a un nuevo modelo económico en el que no sobra la plata, las tasas de interés son muy altas y el riesgo de una mayor inflación y un menor crecimiento económico ya lo tenemos muy cerca de nuestra economía.
Pablo Andreani - Analista del mercado de granos