Opinión: OPIN-01
Editorial
Conductas reñidas con la democracia

El comportamiento de Cecilia Pando insultando públicamente a los miembros del tribunal que condenaron a militares comprometidos con el terrorismo de Estado, fue escandaloso. Habrá que determinar hasta qué punto las amenazas e insultos proferidos Äque fueron registrados por los medios de comunicaciónÄ constituyen o no un delito.

Como es de público conocimiento, la señora Pando reaccionó con inusitada violencia cuando el jurado, integrado por los jueces Víctor Alonso, Lucrecia Rojas de Bardaro y Guillermo Navarro, dictaminó diversas penas a los oficiales Julio Rafael Barreiro, Horacio Losito y Juan Carlos Demarchi. En el mismo fallo, condenó a 18 de prisión al ex comandante de Gendarmería, Raúl Alfredo Reynoso, en tanto que absolvió al ex suboficial de esa fuerza, Carlos Piriz.

No es la primera vez que la señora Pando, esposa del mayor retirado del Ejército, Pedro Mercado, protagoniza hechos de este tipo. En los últimos años, su nombre ha adquirido notoriedad por su militancia crispada a favor de las acciones perpetradas por las Fuerzas Armadas durante los años del proceso militar. Histriónica, exaltada, obsesiva, hoy es la figura más representativa de lo que se califica como los "nostálgicos" de la dictadura. Su discurso político manifiesta algunos leves matices que oscilan entre el reclamo de que también sean juzgados los terroristas que hoy están en libertad, a la ponderación a libro cerrado de la represión de las Fuerzas Armadas entre 1976 y 1983.

Lo sucedido en Corrientes incluye una vuelta de tuerca al tradicional libreto, porque en la ocasión la señora Pando amenazó de muerte a los miembros del Tribunal Oral en lo Criminal Federal y al propio Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos en el orden nacional. Conviene recordar que el fallo judicial fue el resultado de un juicio oral que se desarrolló durante seis meses, en donde todas las partes pudieron presentar sus alegatos y sus pruebas. En ese sentido, no se puede discutir la juridicidad del fallo.

El comportamiento de la señora Pando no es diferente, en sus líneas generales, al que exhibe la titular de una de las corrientes de Madres de Plaza de Mayo, Hebe Bonafini. Más allá de las radicales y antagónicas diferencias ideológicas de una y otra, la coincidencia visible es la que gira alrededor de ese comportamiento agresivo, intolerante y, en más de un caso, desequilibrado.

Se sabe que la democracia a veces tiene que convivir con estas manifestaciones violentas y marginales. Los escándalos que promueve Pando no son distintos de los exabruptos que protagoniza Bonafini. Pando y Bonafini son manifestaciones elocuentes de que los extremos se parecen. Lo que hay que preguntarse, desde una perspectiva política republicana, es cuáles son los límites de la democracia en estos casos. En la Argentina, desde hace tiempo se vienen consintiendo Äpor un motivo u otroÄ comportamientos al margen de la ley. Desde los escándalos de estas mujeres a los piquetes, pasando por las huelgas salvajes, todo parece orientarse en una dirección anómica que, de profundizarse, puede llegar a poner en peligro al Estado de derecho y la convivencia democrática.