Deportes: DEPO-05
ANALISIS
Ecos de la inesperada actuación de Bardach
Por D.D.

La verdad es que desde ayer, en el mismo momento en que Bardach se despegó del cubo para nadar la peor carrera de su vida, tal cual ella lo definió, me salía de las casillas por escribir estas líneas. Es más, me dije "si no lo escribo yo, ¿quién si no?" y acá estoy, arremangándome para decir qué es lo que pienso.

El ejemplo es meramente enunciativo, porque no soy yo quien tengo que salir en defensa de los dirigentes, pero ya que ellos son siempre los culpables de todo lo malo que nos pasa en el deporte organizado, del mismo modo que infinidades de veces se escucha decir a los atletas "van a pasear", eso mismo es lo que hizo Bardach al ir a Beijing. Si varias veces la cordobesa quiso dejar de nadar en las puertas de este evento, si la cabeza le explotaba, si no podía controlar la presión, si... ¿para qué fue? Porque la verdad es que el papelón de ayer no es digno de una nadadora que hace cuatro años se colgó el bronce olímpico. Y lo que realmente no puedo entender es por qué los periodistas la trataron con tanta benevolencia. Tal vez porque no deben entender que lo que Bardach hizo en la pileta del espectacular cubo de agua lo hacía yo en el torneo de San Jerónimo Norte cuando nadaba para Ateneo, a los 17 años de edad, cuando no quería participar en una determinada prueba que mi entrenador me anotaba y el ritmo al que nadaba era de entrenamiento. Esto no fue ni más ni menos que eso.

La displicencia con la que nadó Bardach los 400 combinados es imperdonable. Ella es dueña de hacer lo que quiera, pero tiene que tener muy en claro que el Estado Äen mayor o menor medidaÄ como un montón de gente y empresas privadas la ayudaron en su crecimiento y consagración deportiva. Si yo hubiera sido uno de sus patrocinadores, viendo la competencia frente al televisor me hubiera sentido defraudado, no por el tiempo, porque al final es una consecuencia de su falta de profesionalismo.

Me dan vueltas por la cabeza sus declaraciones de hace algunos meses atrás que provocaron un revuelo descomunal en el mundillo político-deportivo argentino, cuando se quejó de que las duchas de los vestuarios del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) no tenían agua caliente. Por supuesto que tiene el derecho a reclamar cuando las cosas no funcionan, y en este caso ¿quién le reclama?

Por último, para amortiguar este desastre que no sólo fueron los 400 combinados sino las dos pruebas que le restan competir y que indefectiblemente tendrán el mismo destino, Bardach ya piensa en nadar en Londres 2012 junto a su hermana, porque no quiere retirarse de esta forma de los Juegos. Como si fuera tan fácil pensar de acá a cuatro años para un nadador, tan fácil volver. Ojalá me equivoque, pero sólo un sueño parecido al que tuvo alguna vez de llegar a ganar una medalla de la trascendencia que ganó en Atenas 2004, la puede sacar de esta nebulosa en la que se encuentra hoy, la puede hacer recapacitar y que todos podamos estar frente al televisor en los próximos Juegos Olímpicos sumidos en un silencio absoluto para quedar hipnotizados con su talento argentino.