Opinión: OPIN-01 La Argentina, Brasil y el cambio de roles

A lo largo del siglo XX, la Argentina y Brasil compitieron, a veces con excesiva dureza, por el liderazgo en América Latina. A partir de la década del '30, esa competencia se hizo más dura. Para nuestras Fuerzas Armadas, la hipótesis de conflicto militar más realista era con Brasil. Todos los dispositivos de defensa y ataque se organizaron atendiendo a esta estrategia. En Brasil, los militares pensaban más o menos lo mismo. En aquellos años se entendía que una Nación grande era la que disponía de grandes activos militares, controlaba desde el Estado los denominados recursos estratégicos y se proponía ejercer una primacía regional o continental. Detrás de esa retórica palpitaban las ideologías autoritarias de aquel tiempo, particularmente el nazismo y el fascismo.

Desde el punto de vista histórico, hay consenso en señalar que, hasta mediados del siglo pasado, el desarrollo de la Argentina era muy superior al de Brasil en términos de ingreso por habitante, calidad educativa, transparencia institucional y eficiencia de los recursos humanos. Como se dijera hasta el cansancio, a principios del siglo XX la Argentina estaba entre los primeros países del mundo. Una décadas después, había empezado a retroceder, pero, así y todo, la ventaja sobre Brasil se mantenía.

Hoy todos admiten que nuestro país ha sido claramente sobrepasado por Brasil, y todo parece indicar que la tendencia se va a acentuar con el correr de las próximas décadas. Su estructura productiva es más sólida, compleja y diversificada; sus estrategias de desarrollo se sostienen en el mediano y largo plazo, y su credibilidad externa es mucho más alta. Hace rato que las universidades brasileñas han superado a las argentinas. Más exigentes, con mejor calificación académica, las casas de altos estudios del país vecino están consideradas entre las mejores del continente. En la Argentina, en cambio, el retroceso es manifiesto.

¿Cómo explicar este fenómeno? ¿Quiénes son los responsables? Da la impresión de que la clase dirigente brasileña ha brindado en las últimas décadas una mejor respuesta a las transformaciones del mundo y de que su responsabilidad institucional y política ha sido mayor. Incluso en las gestiones militares, el balance económico y social de Brasil fue siempre más satisfactorio.

En los últimos años los gobiernos democráticos de Brasil han llevado adelante políticas de Estado fundadas en visiones estratégicas. También han respetado la estabilidad institucional y el principio de continuidad del Estado. Los empresarios, que suponían que con la llegada de Lula se podía desquiciar un orden conquistado con esfuerzo, pronto comprendieron que, sin renegar de su sensibilidad social, el presidente de izquierda respetaba las políticas de Estado.

En consecuencia, las ventajas que hoy Brasil le ha sacado a la Argentina no obedecen al azar o a sus hipotéticas riquezas naturales. La madurez de su clase dirigente, la comprensión del rol que juegan en el mundo las naciones en desarrollo y el respeto a las reglas de juego de la economía son algunas de las claves que explican estas diferencias.