Alexis Charles Henri Maurice Clérel de Tocqueville, nació en París en 1805, hijo de un conde y de la nieta de Lamoignon de Malesherbes, defensor de Luis XVI ante el tribunal revolucionario, que en abril de 1794 terminó guillotinado, al igual que su hija y su yerno. Estudió derecho y fue magistrado. Pero la gran revelación de su vida se produjo cuando una misión gubernamental lo llevó a viajar a los Estados Unidos, donde permaneció dos años. De esa experiencia nace "La democracia en América", en donde sabiamente supo hacer coincidir la mirada del filósofo y del sociólogo. La primera parte se editó en 1835, la segunda en 1840. Su éxito fue inmediato. Y como hace notar Enrique Aguilar en su esclarecedor ensayo "Alexis de Tocqueville. Una lectura introductoria" (Sudamericana), su interés permanece tan vigente como entonces, planteando lúcidamente los problemas, obstáculos y grandezas de esa "ideal construcción imaginaria" que es a la vez un estado social posible, la democracia. Robert Nisbet juzgó al libro de Tocqueville como "el más grande jamás escrito sobre la democracia Äconsiderada sub specie aeternitatis... ".
Tocqueville supo ver que la gran revolución estadounidense tenía una fuerza irresistible, y que ya se veían signos de que esa fuerza operaba en Europa. "Tocqueville veía la historia europea empujada por una tendencia subterránea hacia la igualdad Äaxioma o idea madre del libroÄ que se venía anunciando desde el siglo XII hasta convertirse, para este hombre procedente de un mundo desplazado por la Revolución, en un hecho irreversible". De aquí su concepción "probabilista" de la historia. Notando, sin embargo que esa búsqueda de "igualdad" puede atraer a los demonios de la anarquía y la opresión. Confesaba "estar muy lejos de creer que Norteamérica hubiese encontrado "la única forma de gobierno que puede adoptar la democracia', o que sus instituciones fuesen "las únicas ni las mejores que un pueblo democrático puede adoptar' ".