Deportes: DEPO-25
Análisis
Para que se repita
Por Daniel Monticelli

Este tipo de espectáculos que llevan adelante Pablo Peón y su gente del TC 2000, son los que reavivan (por si hiciera falta) lo que significa el automovilismo deportivo y el lugar que ocupa en el ámbito nacional. Es realmente magnífico todo lo que se vive en un fin de semana en el autódromo Oscar y Juan Gálvez de Buenos Aires, con una respuesta de público sensacional. Desde los máximos ejecutivos de las terminales automotrices que intervienen, pasando por directivos de empresas multinacionales, todos se hacen presente. Nadie quiere perderse esta competencia especial. Los complementos son casi perfectos. Desde la tecnológica F-3 Sudam., Renault, la Copa, los autos históricos y hasta la gran atracción de este año: la Ferrari 550 Maranello del equipo ACA Argentina, que nos representa en el Mundial de GT, fue la atracción bajo la conducción de Gastón Mazzacane y Esteban Tuero.

Como puntos a mejorar, faltan condiciones de seguridad en los boxes y una mayor atención de lo que sucede en la periferia de la pista, cuando los autos están en competición. Lo de la 4x4 que intentó cruzar la pista en la zona del "Tobogán" en plena carrera no puede volver a suceder. Si bien quedó como una anécdota, pudo convertirse en una tragedia. Lo del accidente (el mecánico cordobés que intentó cerrar la puerta del Honda en el cambio de Pernía por Spataro y que por ello perdió la falange del dedo medio) es un hecho que resulta difícil de prevenir. Más allá de esto, esta quinta edición arrojó un saldo altamente favorable.