Opinión: OPIN-03
Al margen de la crónica
Mal acostumbrados

Tres generaciones que conviven hoy en una sociedad donde sobreabunda la tecnología crecieron sin depender de los celulares, las palms, las computadoras, los mp3 e Internet.

Hace apenas unas décadas, en las bibliotecas los archivos se hacían en papel, la información se consultaba antes en los libros que en la web y la correspondencia personal ganaba terreno a la comunicación electrónica.

Hablar con un pariente sin utilizar el teléfono o abrir una PC en un bar y conectarse al mundo sin cables era para nuestros abuelos cosa de ciencia ficción. Lo cierto es que las nuevas tecnologías traen múltiples usos y facilidades en el ámbito educativo, laboral y personal. Los estudiantes encuentran en Internet contenidos pedagógicos para trabajar en la escuela y sus padres una vía rápida para realizar transacciones, pagar impuestos o valerse de información para su actividad profesional.

Nadie discute los usos y posibilidades que abren las TIC's, pero hay que admitir al menos que el confort y las facilidades que proporcionan generan dependencia. Y acá está el quid de la cuestión.

Las tecnologías -viejas y nuevas- nos mal acostumbraron tanto que descuidamos algunas virtudes y habilidades que nos eran propias.

Muchos pedimos a gritos una calculadora o recurrimos al celular para realizar una operación simple cuando antes lo hacíamos mentalmente. Ya no agendamos los números de teléfono en la cabeza y cuando el celular se queda sin baterías perdemos todos los contactos y quedamos incomunicados y fastidiosos ante semejante descuido. Y ni hablar cuando "el sistema se cae", las máquinas no responden con la velocidad esperada o Internet no funciona: la paciencia se agota al cabo de unos pocos minutos. Es que nadie tolera que las tecnologías funcionen como humanos y que, cada tanto, nos jueguen una mala pasada.