Economía: ECON-02
ANALISIS
Credibilidad, se busca
Sergio Serrichio (CMI)

Aunque en cualquier momento algún vocero oficial se despache con una monserga sobre la conducta "destituyente" de los mercados, la jornada de ayer ratificó que los principales causantes del deterioro de la situación y perspectivas económicas son "amigos" y políticas que el gobierno se empeña en defender.

Tras el anuncio oficial de un programa de recompra de bonos, éstos venían recuperándose de la paliza que sufrieron la semana pasada, luego de que el presidente venezolano, Hugo Chávez, diera a conocer algo que el gobierno de Cristina Kirchner ocultaba: para conseguir 1.000 millones de dólares, la Argentina aceptó pagarle a Venezuela un interés usurario, tácita admisión de posibilidad de default. Chávez completó el "favor" al permitir que los bancos que participaron en la operación vendieran al toque los títulos, magnificando la caída.

La recuperación de ayer, sin embargo, se redujo a la mitad al difundirse las últimas ficciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), según las cuales en julio la inflación fue de apenas 0,4 por ciento, la canasta básica alimentaria bajó 2,5 por ciento y el precio del aceite comestible se desplomó más del 20 por ciento. En el Indec, se sabe, sigue pesando Guillermo Moreno, el "honesto, laborioso y eficaz" secretario de Comercio Interior, como lo definiera la presidenta el 2 de agosto, en su primera conferencia de prensa.

A ese "fuego amigo" se sumó el rumor, luego confirmado, de que la calificadora internacional Standard & Poor's bajaría el status de los títulos argentinos, para homologarlos a los de Jamaica y Paraguay.

¿Qué tiene que ver esto con los argentinos de a pie? Pues, que lejos de la imagen de solvencia que busca transmitir, el gobierno está desesperado por conseguir dinero y que la política económica está al garete. ¿Cómo se entiende, si no, el hacer con Chávez una operación ruinosa para, con ese dinero, intentar neutralizar el daño?

Si no se reconocen y enfrentan los problemas inflación, desborde del gasto y los etcéteras que completen un diagnóstico serio- no habrá discurso que pare el deterioro. El primer requisito es recuperar la credibilidad, antes de que sea demasiado tarde.