Escenarios & Sociedad: SOCI-03
UN OBSEQUIO ESPECIAL PARA LOS 90 AÑOS
Arte para homenajear a El Litoral
La ceramista Juliana Frías creó un mural que reproduce una imagen de operarios trabajando en las linotipos. Con esa bella obra, los jubilados de El Litoral rindieron su homenaje a la empresa en la que trabajaron durante años.

DE LA REDACCIÓN DE EL LITORAL

"Miguel Aiello, Jorge Reynoso Aldao, Enrique Smiles, Eduardo Barone Daneri, Antonio Camacho Gómez, Enrique Miguel Cruz, César Leonhardt, Julio César Lallana, María Elena Cettolo, Ángel Zeballos, Graciela Daneri, María Alejandrina Argüelles, Pedro Eusebio, Jorge Albino Mendoza, Homero Della Croce, Mercedes Pardo, Aldo Copponi, Vilma Piccirilli, Carlos Parodi, Romualdo Welschen, César Royo, Rafael Palacios, Arturo Lomello, Sixto Monzón, Emilio Quintana, Juan Cosentino, Alcides Piermarini y Juan Andreone, en nombre de los periodistas, administrativos y gráficos que trabajaron en El Litoral y aportaron sus esfuerzos y saberes a un medio de comunicación de referencia regional y prestigio nacional, expresan el orgullo de haber participado en la consolidación y desarrollo de un gran diario que hoy, 7 de agosto de 2008, cumple 90 años".

El mural cerámico, realizado con arcilla blanca, reproduce una página de El Litoral en tonos sepia, logrados a través del uso de óxido de cobre en el proceso de coloración. Se trata de un regalo que entregaron los jubilados a la empresa, el día del 90º aniversario.

"Lo primero que pensé fue recrear una página de El Litoral. Busqué fotos antiguas y de allí tomé la tipografía, el logo y otros detalles", comenta Juliana Frías, prestigiosa ceramista local que tuvo a su cargo la ejecución de la pieza.

El trabajo tomó aproximadamente un mes, desde el diseño hasta las dos cocciones. Las letras que forman los nombres de los trabajadores fueron realizadas a mano, una a una, a través de incisiones. Y el dibujo fue tomado de una fotografía de archivo, que reproduce el trabajo del taller de linotipos. "Las dos planchas (una con los nombres, otra con el dibujo) debieron ser muy cuidadas durante todo el proceso, porque muchas veces ocurre que se doblan durante el secado. Entonces, llevó mucho tiempo no sólo por el trabajo en sí, sino por los tiempos que demanda", explica la artista.

"La noche de la segunda quema, cuando apliqué el color, no dormí. Pensaba cómo iba a salir, revisaba los nombres, que no hubiera ningún error, miraba las letras una por una...", confiesa Juliana. De todos modos, después de quince años de productivo trabajo, admite que "con la cerámica es así: uno puede tener todo el oficio del mundo, pero en el horno, por ahí colocás un color que ya probaste, y te sale distinto. Tiene que ver con la atmósfera y la temperatura. Y a la vez, es necesario estar atento a un montón de variables: a lo mejor aparece una burbujita y te arruina el trabajo".

"Cuando llegué al taller, lo primero que hice fue persignarme y respirar hondo", dice. Al encontrarse con su obra, pudo alcanzar esa sensación que trasciende a las palabras.

LA ARTISTA, LA DOCENTE

Juliana Frías está a cargo del Taller de Cerámica Artesanal de La Guardia, un espacio mítico fundado hace ya casi medio siglo en una zona que fue sede de una importante industria cerámica, que aprovechaba la excelente materia prima lugareña: la arcilla del riacho Santa Fe.

Fue Alfredo D'Auría, primer maestro y director, quien en la década del '60 comenzó a realizar las primeras piezas a mano, que luego eran moldeadas para ser producidas en serie y vendidas en Santa Fe, Buenos Aires y en ferias artesanales en distintos puntos del país.

Hoy el lugar y su producción son reconocidos como símbolos que identifican a la región. De hecho, la Municipalidad eligió este año a la cerámica de La Guardia como obsequio institucional del municipio. "Eso nos llena de alegría; la gente está muy incentivada por poder representar a la cultura santafesina", afirma Juliana.

El taller convoca, en primer lugar, a la gente de la zona. Juliana tiene en total 50 alumnos adultos, en dos turnos. Gabriela Heligon, la otra docente, da clases a los niños, desde 8 años, que suman aproximadamente la misma cantidad, también divididos en mañana y tarde.

La artista equilibra su pasión con su vocación docente. "La magia, la pasión a la hora de crear, es algo que no se pierde jamás. A veces quisiera tener más espacio para mi producción personal. Pero yo me siento tan bien en La Guardia y en la escuela Mantovani, donde doy clases... En esos espacios es donde una puede transferir muchas de las cosas que aprendió".