Area Metropolitana: AREA-03
En el país 5.498 personas están en lista de espera
Donar órganos, compromiso con la vida
Más de 300 personas esperan un trasplante de órganos en nuestra provincia. Para el director del Cudaio se trata de "una problemática mundial". Martín, un joven que tiene insuficiencia renal y fue trasplantado, cuenta su historia.

Agustina Mai - [email protected]

En el país hay 5.498 pacientes en lista de espera para recibir un trasplante de órgano, de los cuales 336 son de Santa Fe. Quienes necesitan un trasplante renal llegan a 298 en nuestra provincia, según datos del Instituto Nacional Central énico Coordinador de Ablación e Implante (Incucai).

"Hay un desequilibrio entre la necesidad de trasplantes y la disponibilidad de órganos porque el crecimiento de las listas de espera es mayor a la posibilidad del incremento en la generación de órganos y tejidos. Esta es una problemática mundial", asegura Guillermo García, director del Centro énico de Donación, Ablación e Implante de Órganos (Cudaio) de la provincia de Santa Fe.

Entre los factores que han generado un incremento de las listas de espera, García señala los avances en el tratamiento inmunodepresor -para evitar el rechazo del órgano implantado- y en las técnicas quirúrgicas para trasplantes, así como la incorporación de nuevos implantes -intestino, antebrazo y, el más novedoso, cara- y el aumento del número de indicaciones para un trasplante determinado. "Si antes había 3 enfermedades, cuya indicación era un trasplante hepático, hoy son 10", ejemplifica.

Asimismo el director del Cudaio menciona "el desarrollo de enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, que terminan comprometiendo algún órgano": "Los sistemas sanitarios tendrían que controlar estas enfermedades, así como se necesitan programas de atención primaria para la detección precoz de la enfermedad renal, que lleva a una insuficiencia renal crónica que determina la necesidad de un trasplante. Visto globalmente, el problema del trasplante empieza ahí".

Una historia

Martín Palamedi, 32 años, tiene el síndrome de Alport -una forma de nefritis hereditaria que daña al riñón- desde que nació. A los 18 comenzó a hacerse diálisis, un procedimiento para eliminar desechos y líquidos de la sangre que normalmente se eliminan por los riñones.

"Cuando estás en diálisis es difícil porque por tu condición, te sentís inferior, pero por suerte a mí no me afectó en mi manera de relacionarme con la gente o a la hora de conocer a una chica. Siempre hice diferentes actividades porque era mi forma de moverme", relata Martín.

Durante casi dos años, este joven asistió 3 veces por semana, durante 5 horas a la sesión de hemodiálisis. "Elegí el horario de 5 de la mañana a 10 porque a esa hora la mayoría de mis amigos estaba durmiendo", explica y recuerda que lo único que podía hacer durante la sesión era dormir un poco. También cuenta que "el común denominador en las salas de diálisis es de depresión absoluta".

Por el contrario, él siempre le quitó gravedad al asunto y recuerda que "era perseguido por médicos y psicólogos que pensaban que estaba actuando". Martín adjudica esta naturalidad al hecho de que en su casa siempre le "hablaron de frente" y desde chiquito le explicaron que "tenía algo".

Lista de espera

"No hay una lista de espera fija, sino que éstas se crean automáticamente a partir del cruce de determinados datos del donante con los del receptor", sostiene García, al tiempo que aclara: "La única prioridad es si un paciente está en situación de emergencia, en ese caso se lo coloca automáticamente en el primer lugar de la lista porque el riesgo de muerte es muy alto e inmediato".

Consultado acerca de cuáles son los criterios para decidir a quién se le realiza un trasplante, García explica que "la compatibilidad es uno de los aspectos, que tiene mucha relevancia en el trasplante del riñón, pero también influyen la edad, las medidas antropométricas y la gravedad del paciente".

Al igual que muchos otros que padecen de una insuficiencia renal, en el momento en que comenzó la diálisis, Martín pasó a la lista de espera para recibir un transplante de riñón. Después de dos años llegó el órgano adecuado. En cambio, su hermano, que también padece la misma enfermedad, tuvo que esperar 8 años.

Un cambio total

La ley sólo contempla los trasplantes de órganos provenientes de personas fallecidas o de donantes vivos relacionados -por consanguinidad. En este caso, una persona con sus dos riñones en un estado normal de funcionamiento puede ofrecer la donación de uno de ellos.

Si bien Martín tenía la posibilidad de recibir un riñón de su padre, los médicos consideraron que podía ser traumático para la familia que tuviera que optar por uno de sus hijos para que recibiera el órgano.

Palamedi asegura que con el trasplante su vida "cambió muchísimo, dio un giro de 360´": "Cuando hacés diálisis, tardás 7 ú 8 horas en recuperarte, te mata, te agota. Yo trataba de estudiar, pero recién pude empezar a trabajar cuando me trasplanté. Además, después del transplante se revirtió la imposibilidad para tener hijos y al año pude tener a mi hija".

Martín considera que si bien ha podido hacer muchas cosas, sus tiempos "son diferentes a los de los otros": "Recién este año voy a poder cerrar una etapa que tenía pendiente: terminar de estudiar. No lo pude hacer antes porque tengo 16 operaciones y horas de diálisis".

Difusión

Consciente de que su riñón lentamente va perdiendo su funcionalidad, Palamedi prioriza trabajar lo más que puede: "Trabajo a full porque tengo que abrir el paraguas; en breve voy a volver a entrar en diálisis y eso me va a limitar laboralmente y no me puedo dar ese lujo porque tengo que mantener a mi hija".

Finalmente Martín reflexiona: "Todavía falta mucha difusión y los que dicen pavadas acerca del tráfico de órganos no tienen en cuenta a las personas que están en espera o en diálisis. Es un tema delicado, que tiene que ser tratado con seriedad. De todas formas, se ha vuelto más común hablar de donación de órganos. Hace diez años era mucho más difícil conseguir un trasplante".

5 de cada 1.000

Dadas las condiciones específicas para que pueda efectivizarse, la donación de órganos es posible sólo en 5 de cada 1.000 fallecimientos. La donación de órganos (riñones, hígado, corazón, pulmones, páncreas e intestino) es la más compleja de llevar a cabo debido a que sólo puede concretarse si la muerte sucede en una unidad de terapia intensiva, y requiere una serie de pasos coordinados en simultáneo.

En tanto, quienes mueren por un paro-cardíaco inicial son potenciales donantes de tejidos (córneas y escleras). En el primer mundo se están desarrollando experiencias para intentar rescatar los órganos de quienes fallecen por esta causa.

Evitar la venta y el tráfico de órganos

Nuestra legislación reconoce la figura del donante vivo relacionado, que se trata de un familiar hasta el cuarto grado de consanguinidad o el cónyuge o una pareja con más de 3 años de convivencia.

"El donante vivo es una estrategia alternativa para incrementar la oferta de órganos. En nuestro país, un riñón o un fragmento de hígado puede ser donado por un familiar", aseguró Guillermo García, director provincial del Cudaio.

Sin embargo, el mes pasado se realizó un trasplante con donante vivo no relacionado en Rosario (El Litoral 24/07/08). "Se trata de una excepción que requiere la autorización de un juez", sostuvo García. En este sentido, explica que en la Argentina está prohibida la figura del donante vivo no relacionado para evitar "el riesgo de algo que, por suerte en nuestro país no existe, pero que en otros es un problema: el tráfico de órganos y lo que se llama el turismo de trasplante".

"En países en los que los sistemas normativos y legislativos no son los adecuados para regular esta actividad, se posibilita que los países centrales aprovechen esta situación de vulnerabilidad socioeconómica y paguen para que alguien dé un riñón", señaló.

Consultado acerca del caso del joven santafesino que ofrecía vender su riñón para mantener a sus hijos (El Litoral 05/08/08), García sostuvo que intentó contactarse con esta persona, quien ya no ofrece más sus órganos. "Nuestra ley prohíbe y pena la venta de órganos, y a todo aquel que intervenga con fines comerciales en una donación. Tenemos uno de los sistemas legislativo, normativo y de fiscalización más importante del mundo", acotó.

"Nuestro sistema nacional de procuración y trasplante es prácticamente inviolable. Un trasplante es un proceso muy complejo en términos técnicos y de recursos humanos. Contamos con un sistema de vigilancia y fiscalización que hace que sea prácticamente imposible que se pueda realizar un operativo de estas características fuera del marco normativo", aseguró García.

"Supongamos que se puede transgredir la ley. Aún así, el órgano tiene que ser compatible, hay que involucrar a equipos quirúrgicos y de laboratorio, a toda una institución, se requiere un tratamiento farmacológico y evaluaciones posteriores, que son muy caros. Para hacer un trasplante por fuera de la ley hay que comprar muchas voluntades, es casi imposible hacerlo por fuera del sistema", concluyó el director del Cudaio.