"Es la superación del tipo que siempre vivió con la ilusión de ser cantor y nunca la dejó, a pesar de todo... su amigo, en cambio, se conformó con el kiosquito que tenía y es, en realidad, el fracasado. Por eso es un canto a la amistad... representa la ilusión que tienen muchas personas de lograr algo.. a mí mismo me pasa. Yo toda mi vida soñé con ser un gran artista y hoy, a mis 70, sigo soñando con ser un gran artista, un gran actor, y triunfar. Sigo pensando lo mismo de siempre".
"Cuando trabajaba en el ferrocarril tuve que radicarme en el norte, en Monte quemado, Santiago del Estero. Ahí seguí actuando de una manera u otra. De día, mientras trabajaba estudiaba la obra que debía representar a la noche, en el circo criollo... Antes el circo tenía dos funciones: empezaba con los payasos y los trapecistas, y terminaba con una obra de teatro diferente cada noche. Así, antes la gente iba varias veces al circo para poder disfrutar de distintas obras de teatro, que se hacían con el mismo elenco del circo o con gente que convocaban especialmente. Así era el circo criollo, como ningún otro en el mundo. Todavía me asombro de la capacidad de esos actores de circo, que además de ser trapecistas, equilibristas y payasos, preparaban sus números y se memorizaban la obra que tenían que hacer esa noche... Si bien la venían ensayando desde hacía tiempo, como cada noche era una distinta a lo mejor memorizaban diez obras en pocos días".
"Trabajé más de veinte años con Guillermo Acevedo, hasta el día que falleció. Recuerdo que la última que hicimos fue Pintura fresca, de Beatriz Mosquera. Tiempo antes, estábamos haciendo una obra de Friedrich Dürrenmatt. Fue en el Centro Cultural Provincial, estábamos haciendo la obra y en un momento en que el verdugo va a matar al escritor, y éste lo está esperando para que lo mate, yo le hacía las preguntas de libreto y él no me contestaba... y se me cayó en el escenario. Fue el primer ataque cerebral de Guillermo y tiempo después, cuando iba a Romang a dictar clases, falleció en el colectivo. Con su muerte quedé un poco desvinculado. Pasé un año sin trabajar, estaba desesperado y busqué sin cansancio alguien con quien seguir... hasta que nos encontramos de nuevo con Juanjo Vitale y Nelda González, quienes me ayudaron muchísimo. La etapa que compartí con Guillermo fue muy linda. Aprendí muchísimo, me enseñó desde lo actoral hasta lo humano... era muy compañero, muy amigo. En lo que refiere a la amistad éramos una sola persona. Nunca discutíamos sino que hablábamos todas las cosas. Hoy en el Grupo Fénix llevamos la misma técnica, hablamos las cosas y tenemos la amistad como norma de trabajo".
"Representar una obra en una parte u otra, es lo mismo; en un club de barrio o en un coliseo. Son las mismas emociones, me tengo que brindar de la misma forma. No me interesa si me dan luces, telón o bambalinas. Si están, mejor; si no, te las arreglás, no importa. El público tiene que verme actuar a mí y a mis compañeros, y yo debo mostrarle la obra como si estuviesen en una sala magnífica. Tengo que mostrarle al público, con mi capacidad actoral, lo que quiero que vea. La cosa es que vaya gente... Nosotros, los actores santafesinos, sabemos lo que es armar una escena y desarmarla porque no va gente; en cambio viene un actor de Buenos Aires y siempre se llena, nunca fracasa. Pero seguimos peleando, remando la cultura santafesina, porque eso es lo que nos gusta. Me gusta el teatro, nunca lo dejé ni lo voy a dejar. Cuando pasa un año que no trabajo, como cuando falleció Guillermo, estaba desesperado y busqué sin cansancio con quien trabajar... Así representamos, con la primera dirección de Juanjo Vitale, Amor de Memoria, de Patricia Suárez en El Retablo, con la que nos fue muy bien".
"El 27 de julio cumplí 70 años, pero sigo creyendo que voy a triunfar algún día. Tengo la esperanza de que voy a triunfar, de ser un actor más renombrado. No es por ganar más dinero, sino por poder actuar ante más gente. No es que no me importe la plata, porque como todos tengo mis necesidades, pero más me importa trabajar. Me gusta el teatro, y de algún modo, en mi interior, siento que ya triunfé porque estoy haciendo lo que quiero, y a eso no me lo saca nadie. Nunca voy a dejar de hacer teatro, jamás, porque me llena la vida. Me gusta estar arriba de un escenario, y cuando me salen bien las cosas y la gente me aplaude, siento una satisfacción tremenda. Cada uno con su locura, esta es la mía. Siempre tuve que trabajar en otra parte pero siempre seguí ensayando. Por eso esta obra tiene mucho de nosotros, los actores; no sólo de mí, sino de gente como Miguel Flores que ya falleció, "Malón' Sánchez y el mismo Guillermo Acevedo".
Carlos Valinotti es de Santa Fe. Nació en Varadero Sarsoti, "cuando todavía no era villa. Mi padre tenía un barco que traía leña para los aserraderos. Antes los cajones de vino eran de madera, y yo clavaba cajones que mi padre traía mientras ensayaba lo que tenía que hacer".
Grabó "roles episódicos" para LT9 y LT10, donde trabajó con "Pancho" Luna, "cuando LT9 estaba en calle Rivadavia", recuerda. Trabajó también en Radioteatro, y en LRA14.
Empezó con el teatro en 1955, año en que formó la compañía de teatro "Estrellas santafesinas", " con la que hacíamos sainetes... viajábamos por toda la provincia haciendo "Puerto Madero', "El pelado catorce' y un montón de obras que ya no recuerdo"; y de allí a esta parte cultivó una vida de entrega a la actividad teatral.
Trabajó 21 años en el Ferrocarril, fue sereno en el Puerto, y hoy es jubilado de la Empresa Provincial de la Energía, donde fue camionero. Hoy, al mirar atrás, dice que "pasé tiempos malos, pero nunca dejé de actuar".