Para hablar de la especificidad deportiva de estas "bestias" de ruta, ya tendremos el momento apropiado. Ahora, lo ideal es realizar un recuento de lo que significa este presente para ellos, pero analizado desde un prisma más mundano. En primer lugar, tanto Germán Osvaldo Bracaccini como Ariel Danilo Eberhardt son dos luchadores de la vida. Y tildarlos de este modo no es sino la afirmación de que todo lo que consiguieron fue por su fuerza, por la resistencia a un sistema que habría que revisar, por amor al deporte y a la chance de "cortar la cinta" en alguna carrera. Y, sobre todo, por conservar la esencia del pibe "campechano" que salió de "la casita de los viejos" para encarar el "rebusque" personal.
Simples, "sin prisa pero sin pausa" -diría Serrat-, estos dos jóvenes van en busca de una nueva aventura. Los correcaminos
Germán Bracaccini, nacido en San Cristóbal, relató la experiencia que vivió en Nicaragua: "Tenía mucha ansiedad cuando veía al "Pumi' (por Eberhardt) que se acercaba a la meta. En el momento que le entregué el relevo a él, lo único que le dije fue: "Ariel, tenés que llegar, no abandones por nada del mundo'. Pensé que el relevo iba a ser más liviano; los primeros 10 kilómetros fueron todas subidas y había mucha altura, entonces sentía que me quedaba sin gemelos".
"La experiencia fue inolvidable, porque había mucha gente durante todo el recorrido, alentando y pidiéndonos la botellita de agua, que para ellos significa un gran recuerdo. Hay mucha necesidad en aquella zona, inclusive las madres bañaban a sus hijos y lavaban la ropa en los ríos. Fue algo único. Es un lugar donde hay lluvia, calor, humedad, cruce de arroyos, piedras sueltas, de todo... Es un circuito increíble, pero es imposible de realizar si no vas bien preparado".
A la hora de los agradecimientos, Bracaccini fue muy cuidadoso: "gracias a Dios por el privilegio que me brinda de hacer lo que me gusta. Le agradezco a mi novia y a mi bebé, por tanto aguante; a mi hermana, Yanina; a los particulares, casas de comercio y entes oficiales de San Cristóbal; a toda esa gente que confía y confió en mí para representar de la mejor manera al atletismo de mi ciudad. Y tampoco quiero olvidarme de la mano que me extendió El Litoral, así como muchos medios. También quiero agradecer al Dr. Víctor López, al diputado nacional Agustín Rossi, al Dr. Edgardo Martino y el Dr. Germán Traversi, a Roberto Di Piazza y a Francisco Mayoraz, entre otros tantos que me ayudan permanentemente".
A su turno, Ariel Eberhardt también recordó su paso por Nicaragua: "Ese viaje era un proyecto que habíamos armado con Germán en ocasión del Q50 de la Patagonia, el año pasado. Después, a mitad de año, se empezaron a resolver varias cuestiones vinculadas con lo económico y, finalmente, decidimos viajar. Buscamos patrocinadores y pudimos financiar el pasaje aéreo. Por suerte, se nos dio la posibilidad y partimos".
"Hace varios años que estoy en el Cross Country, que me gusta más que correr tanto en calle. Sucede que me interesa más la aventura, correr a campo traviesa, en plena montaña...allá hay de todo. En Matagalpa el circuito era muy lindo, aunque muy duro para todos los corredores. Había muchas subidas y bajadas, que fue donde más sufrimos, al menos yo. Fue una experiencia nueva; además, fue el primer viaje en avión. El recorrido que hicimos por aire fue Ezeiza-Panamá, Panamá-Costa Rica y Costa Rica-Managua; ahí nos estaban esperando para llevarnos al hotel".
Al rememorar aquella experiencia tan valiosa en su vida personal, el atleta sintetizó: "lo que más se me pasó por la cabeza fue que estaba a punto de salir del país por primera vez y, sobre todo, a competir. Uno siempre piensa: "ya vendrá un viaje en avión', pero quizás lo dice por algunas vacaciones, pero nunca pensé que saldría de la Argentina para competir. Y hubo que dejar a la familia y el trabajo para hacer lo más nos gusta. Pero me quedé conforme con lo que hice en la carrera -subrayó-, más aún por cómo estaba el clima en Matagalta: mucho calor y humedad, con lluvia. Tuvimos que pasar por varios arroyos y se te mojaban las zapatillas, entonces veníamos haciendo más fuerza en las bajadas y eso te dejaba los pies muy cansados. Y terminé bien con mi desempeño, primero porque llegué a la meta; segundo, por el tiempo que le puse, que fue 4 hs. 5', en un terreno en el que no estamos para nada acostumbrados -sobre todo por las piedras sueltas que había en las bajadas-, es muy bueno, ya que teníamos que caminar y caminar porque no podíamos correr del dolor. Luego, al encontrar la entrada de la Finca las Nubes, yo sabía que quedaban dos kilómetros, pero seguí caminando. Pero cuando vi que Germán estaba en la meta esperándome y la gente que empezaba a alentar, volví a pegar el último envión para llegar bien y dejar la mejor impresión".
Los agradecimientos del "Pumi" son para "la Comuna de San Jerónimo Norte, porque siempre me apoyó en todo; a la empresa donde trabajo; al diputado provincial Héctor Jullier, del partido Demócrata Progresista; a la Subsecretaría de Deportes de la provincia; y a la gente de la Mutual Entre Asociados de la Escuela Centenario de Humboldt, que me ayudaron con los pasajes aéreos".
Datos personales
En la pasada edición del certamen internacional Finca de las Nubes había participantes de México, Estados Unidos, Costa Rica, Alemania y Argentina. Las competencias fueron los 80 kilómetros -individual-, relevos y un integrativo de 10 kilómetros. "Ahí vimos correr a todos los empleados de la finca de café, gente aficionada, todos. Lo hacían sólo por el hecho de correr y sentirse bien. Ver cómo se desempeñaban sin ningún problema, además de que están acostumbrados al clima de allá, fue muy interesante para todos", dijeron nuestros atletas.
"Como siempre digo, estoy aquí gracias a Dios y a la gente de San Cristóbal -confiesa, agradecido, Germán Bracaccini-. Hay un montón de gente que me ayudó mucho y nunca quiso que los nombre. Empecé a correr en alpargatas y de eso no me voy a olvidar nunca".
"Tuve la oportunidad de estar en competencias nacionales e internacionales, con buenas posiciones finales -señala Ariel Eberhardt-. Cada vez que corro lo disfruto mucho porque hago lo que me gusta. Llevo el deporte en la sangre y, a lo largo de estos años que acumulé compitiendo, he tenido muchas alegrías. Pero lo más importante es haber podido contar con esos amigos que están siempre: en las buenas y en las malas".