Deportes: DEPO-20
Michael Phelps logró anoche su octava medalla de oro en Beijing 2008
El mayor olímpico de la historia
El nadador estadounidense, de apenas 23 años, se convirtió así en el máximo ganador de preseas doradas en un mismo Juego. La contundencia de sus triunfos (ayer estableció su séptimo récord mundial en una semana) lo erige en un deportista incomparable.

¿Será Michael Phelps en miles de años algún dios del olimpo cuya figura represente al súper atleta al que los deportistas del futuro deberán rendir tributo, así como lo hacían los antiguos griegos, por ejemplo, con respecto a Zeus, dios de dioses? ¿Será que, así como en las medallas olímpicas que se entregan desde 1928 y que tienen en una de sus caras a Nike, diosa de la victoria, sobrevolando el estadio Panathinaiko, sede de los primeros Juegos modernos, los dirigentes olímpicos del mañana decidirán ponerlo a él emergiendo del cubo de agua? Sólo el tiempo lo dirá. Lo cierto es que hoy se alinearon todos los planetas para permitir que el nadador norteamericano consiguiera lo que vino a buscar calladito y sin exagerar: la tan preciada suma de 8 títulos olímpicos.

Es el momento de hacer un análisis contundente de esta situación, ya que, en mi opinión, todo lo que se escribió de este fenómeno era a cuenta de que recién ayer igualó el récord de Spitz y hoy se lo batió por completo.

Un nadador distinto

Mucho se habló de los beneficios que tuvo el cubo de agua en función de los rendimientos alcanzados por los nadadores durante los 8 días de competencias. Desde este punto de vista, que la pileta tenga un metro más de profundidad o 2 andariveles más, entre otras diferencias respecto de las tradicionales olímpicas, nada tiene que ver con los títulos de Phelps porque, en definitiva, todos sus rivales estuvieron en la misma condición.

Sin dudas, Phelps es un superdotado. Repasando atentamente su perfil en los registros que ofrece la organización, hay detalles muy finos que no sólo son difíciles de explicar, sino que el espectador jamás podrá entender porque se trata de aspectos técnicos que lo hacen diferente del resto. Por mencionar dos que sí son fáciles de entender: la longitud de la suma de sus brazos es 5 centímetros más que su altura, sus piernas son cortas respecto de su torso y su porcentaje de masa ósea es bajo, lo que le permite una menor carga en el tren inferior, lo que implica menor resistencia al avance. Y así, son varias aptitudes más que pueden llegar a explicar por qué gana, gana y gana.

Tenemos que reconocer que fue contundente en sus triunfos. En 6 de las 8 se llevó el título con claridad, fueran las pruebas individuales o los relevos. Las dos pruebas combinadas individuales no dejaron dudas, al igual que los 200 mariposa y los relevos de 100 combinados y 200 para completar las 5 primeras.

Uno de los campeonatos tuvo sabor a revancha, ya que en Atenas 2004 nadó los 200 libre y quedó tercero, detrás de dos monstruos como fueron Thorpe y Van den Hoogenband. Esta vez, no dejó dudas y ganó tan claramente como con las anteriores mencionadas.

La suerte de los campeones

Para referirnos a las últimas dos, es necesario apelar a la imaginación de las próximas horas del norteamericano. Si Speedo, la marca a la que él representa, le garantizó, al igual que en Atenas, una recompensa de 1 millón de dólares si tenía un 100 % de efectividad en el cubo de agua, pues, bien, creo que Phelps debería tocar a la puerta de la villa esta noche a su compatriota Jason Lezak y al menos tirarle unos manguitos. Digo esto porque, si hubo prueba en la que parecía que todo este sueño se derrumbaba, ésa fue la posta de 100 libre.

éltimo relevo para Lezak, nada más ni nada menos que con el francés Alain Bernard, poseedor del récord del mundo en esta distancia Ädos días más tarde se coronó campeón olímpico en la individualÄ y largando unas centésimas delante del norteamericano; parecía historia terminada. Pero, no, parece que ese día los dioses se congraciaron con Phelps y Lezak terminó ganándole al francés en lo que será una de las competencias más recordadas de los Juegos, de aquellas que dentro de 4, 28 ó 52 años seguirán formando parte de la galería inolvidable de imágenes que regaló Beijing 2008.

Los 100 mariposa fueron, sin dudas, la más difícil de todas porque sabido es que Phelps no es un velocista en potencia, por eso había que estar muy atentos a lo que pasara. Las estadísticas no mienten: de los 8 títulos, el único en el que no logró batir el récord del mundo fue en esta competencia. ¿No vieron la llegada en cámara lenta de esta prueba? Es lo único que puede explicar cómo Phelps le pudo haber ganado al serbio Cavic, que dominó durante 99.99 metros y en la última brazada no llega a completar el ciclo de la misma como técnicamente habría correspondido. Resultado: Phelps lo "durmió". Después de ver esta definición, nunca más estaré más convencido de que el destino está escrito.

Así, en forma simple, contundente o complicada, Phelps fue convirtiéndose, jornada a jornada, en el mito que será a partir de este 17 de agosto de 2008.

Phelps vs. Spitz

¿Si Phelps es superior a Spitz? En las matemáticas 8 es más que 7, pero, en realidad, es muy difícil hacer un análisis para medir con la misma vara las actuaciones de uno y otro, separadas por 36 años de diferencia. Los contextos son los que condicionan los conceptos, pero de lo que sí estoy seguro es de que ambos fueron y son unos fenómenos, y de que, a partir de ahora, aquella imagen del norteamericano bigotudo con mallín de rayas y estrellas será reemplazada por la del orejón con traje de baño espacial con un oro más en su pecho.