Laura Osti
Una agente del FBI ha desaparecido y toda la fuerza está empeñada en encontrarla. Han pasado tres días sin saber nada de ella y con la ayuda de un ex sacerdote con poderes psíquicos, encuentran algunas extrañas pistas en un campo de nieve, pero no a la desaparecida. El caso es difícil y extraño.
Es imperioso convocar de manera urgente a los ya retirados Fox Mulder y Dana Scully. Él vive encerrado haciendo sus propias investigaciones referidas a hechos fuera de lo normal, y ella, es médica en un hospital. Así, aun a regañadientes, ambos se reencuentran, retoman su relación profesional y afectiva a partir del punto en que la dejaron la última vez, y se aprestan a colaborar con sus ex colegas, superando rencores y resentimientos.
Esta nueva aventura de los míticos personajes, que marcaron una era en la historia de las series de televisión, apela a un par de recursos ya probados para construir un thriller con más morbo que intriga. Aparentemente, hay un grupo de secuaces que hablan con acento caucásico operando de manera clandestina en una zona helada de Estados Unidos donde la nieve parece ocultarlo todo. Serían los responsables de la desaparición de la agente del FBI que están buscando.
El padre Joe Crissman recibe señales psíquicas que le indican que la mujer está viva. Eso alienta las esperanzas y motiva intensificar la búsqueda. Mientras, otra mujer desaparece también en extrañas circunstancias en la misma zona.
El relato toma a la ex agente Scully como protagonista, ya que se detiene en algunos otros aspectos, algunos otros dilemas que enfrenta en ese momento especial de su vida. Un desafío profesional importante la desvela: un niño bajo su cuidado padece un extraño mal que no tiene tratamiento conocido. Por otro lado, el reclamo de sus ex colegas para que vuelva a su tarea de detective. En un momento, ambas circunstancias confluirán inesperadamente y tratando de encontrar una respuesta para la enfermedad del niño, hallará sin querer la pista para descubrir la organización que actúa en las sombras y, finalmente, desbaratarla.
Paralelamente, y quizás para mantener ese clima fronterizo, desapacible y paradójico que le diera fama a la serie televisiva, se pone en evidencia que el padre Crissman tiene un pasado pedófilo, ha sido un sacerdote abusador de niños, que busca intensamente redimirse. Aquí asistimos a la clásica confrontación entre las creencias de Mulder, siempre susceptible y vulnerable a los fenómenos paranormales, y la racionalidad cientificista de Scully. ¿Se puede confiar en las visiones de Crissman? ¿Las guiarán por el camino correcto? Parece que, a pesar de todas las dudas, sí. Porque luego de idas y venidas y un poco de acción, el dilema se resolverá cuando logren descubrir la guarida de los malhechores, en medio de la nieve.
¿De qué se trata? De un centro clandestino donde se hacen experimentos biológicos con órganos y miembros de animales y humanos. Bastante grotesco y bizarro, el lugar no respeta ni las más mínimas normas de higiene, pero los supuestos científicos que allí trabajan parecen lograr maravillas al estilo Frankenstein que los tienen muy motivados.
Finalmente, por suerte, esta clínica del horror es desmantelada, no sin antes comprobar que de algún modo han estado operando desde hace tiempo, incursionando también en el mercado negro de órganos para trasplante y esas cosas.
Esta nueva entrega cinematográfica de ese cóctel de intriga, ciencia, crímenes y misterios paranormales que tantos años acompañó a los televidentes entretiene módicamente y no aporta nada nuevo, pero se deja ver.
"The X files: I want to believe", EE.UU./2008. Dirección: Chris Carter. Con David Duchovny, Gillian Anderson, Amanda Peet, Billy Connolly y otros. Guión: Frank Spotnitz y Chris Carter. Fotografía: Bill Roe. Música: Mark Snow. Presentada por 20th. Century Fox. Hablada en inglés. Duración: 110 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años. Se exhibe en Cinemark.