Opinión: OPIN-01 Cambios políticos en Sudamérica

Los voceros del populismo califican a los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia como expresiones del denominado socialismo del siglo XXI. En algunos casos, la Argentina de los Kirchner se incorpora a esta clasificación. En otros tiempos se consideraba que en la misma línea estaban los gobiernos de Uruguay, Brasil y Chile. Hoy, a pocos analistas políticos se les ocurriría aglutinarlos. Por último, queda pendiente la experiencia de Paraguay con el flamante presidente electo, el ex obispo Fernando Lugo.

Venezuela, Ecuador y Bolivia tienen gobiernos parecidos no sólo por los objetivos que declaman, sino porque han arribado al poder en circunstancias semejantes. Más allá de las obvias diferencias entre estas tres naciones, el punto en común es que los tres presidentes fueron elegidos en elecciones libres y lo lograron a partir del fracaso reiterado de la tradicional elite política.

En Venezuela, este proceso produjo un liderazgo militar. En el caso de Bolivia, la llegada al poder de Evo Morales encarna la representación de los aborígenes, que en ese país suman, entre las diferentes tribus, más del cincuenta por ciento de la población. En lo que refiere a Ecuador, Correa cuenta con el respaldo de los aborígenes y a cada rato recuerda que gobierna en su nombre.

Estos tres gobiernos mantienen con los EE.UU. una actitud crítica que a menudo incurre en la beligerancia verbal. Más allá de la sinceridad de sus expresiones antinorteamericanas, a todos les resulta beneficioso especular con el sentimiento antiyanqui que, por buenas y malas razones, anida en los sectores más postergados, ignorantes y humillados de la sociedad. En los hechos, la discursividad antinorteamericana no se contradice con los buenos negocios. Estados Unidos sigue siendo, por ejemplo, el principal cliente petrolero de Venezuela.

Si bien estos gobiernos han derrotado electoralmente a las élites tradicionales y a sus desprestigiados partidos políticos, a pocos escapa que hoy los límites y los controles no están impuestos por estas estructuras decadentes, sino por los poderes regionales. La regionalización de la política, los reclamos autonómicos y federales son datos nuevos de la política en el Cono Sur.

Los líderes que enfrentan a Morales, Correa y Chávez son, en la mayoría de los casos, prefectos, gobernadores y alcaldes. Su prestigio deviene de su capacidad para representar los intereses de las regiones ante el poder central. Esta tendencia es nueva en América Latina, pero, según los observadores, ha venido para quedarse durante mucho tiempo.

Sobre el futuro de estos nuevos fenómenos no es mucho lo que se puede vaticinar. En principio, las tradicionales oligarquías regionales son las que suelen alentar estos procesos, pero lo novedoso es que también diferentes grupos sociales vinculados con clases subalternas se movilizan planteando reclamos de más autonomía y mayor participación. El interrogante está abierto. Los escenarios son muy cambiantes, pero da la impresión de que los caudillos populistas del sedicente socialismo del siglo XXI han encontrado su límite, su control, en esta acelerada regionalización de la política.