La prueba, que se desarrolló en el espejo de agua que es utilizado también para las competencias de remo y canoas, se inició a las 22 horas de la noche del martes de Santa Fe y contó con varias caras conocidas del ambiente de la natación de maratones Äa partir de ahora seguramente habrá que poner énfasis en diferenciar ambas distancias por la duración de las mismasÄ, por mencionar a la alemana Ángela Maurer (4ta. en la general) y la holandesa Edith Van Dijk (14ta.), entre otras.
Antonella ingresó a la zona mixta con la cara hinchada, por el esfuerzo y especialmente por el llanto desconsolado al haber tenido, según sus palabras, una mala prueba en su primera experiencia olímpica. Era muy difícil hacerle entender por esos momentos qué fue lo que hizo: independientemente del puesto final, lo de ella fue una hazaña, impensada por cierto por quien escribe esto.
Su inocencia es tal que quizás nunca llegó a plantearse objetivamente que podía encontrarse con este tipo de resultados. De hecho, ningún deportista desea pensar que saldrá último. Me imagino lo difícil que debe haber sido para ella entenderlo. Ojalá que su equipo técnico la haya advertido de este tema cada vez que salía el tema de los juegos y se analizaba la prueba, si no habría sido un grueso error de conducción no hacerle ver que su rendimiento dista y bastante del resto de las nadadoras que participaron.
Después de reconfortarla junto a un periodista canadiense Äquien escribirá una historia de vida sobre la experiencia olímpica de la santafesinaÄ nos contó sus sensaciones con la voz entrecortada. "Nada que objetar del circuito, el agua estaba buena, por ahí había algunos manchones de agua caliente que eran matadores, pero estuvo bien; además, no hubo viento que influya como en el preolímpico".
En el comienzo, pagó el precio de su juventud e inexperiencia, al no saber cómo posicionarse estratégicamente en el grupo y evitar los accidentes que terminaron ocurriendo. "En la largada me sacaron las antiparras y me pegaron una patada en el estómago que me dolió muchísimo; eso, me obligó a pararme y perder algo de distancia, lo que me puso muy nerviosa".
Fue al cumplirse el primer kilómetro de carrera cuando el pelotón se le escapó rápidamente. "Se me fueron, no me sentía bien, mis brazos no me respondieron en ningún momento, no podía tirar, me sentí muy débil durante toda la prueba". La competencia se le fue yendo de a poco y se transformaba en lo que iba a ser por espacio de las próximas dos horas: un nado en solitario.
De todos modos, los cronómetros no mienten y los primeros 2,5 kilómetros no fueron para nada malos de acuerdo a su potencial: la santafesina nadó a un muy buen promedio para completar la vuelta en 30.45, pasando a 1'15" del resto. Así fueron pasando las vueltas y en los parciales uno comprobaba que las diferencias se alargaban: en el segundo se estiró a 4'30" y en el tercero a 8 minutos, para terminar en definitiva con una brecha de 12'08" respecto de la ganadora, la rusa Larisa Ilchenko.
El periodista canadiense le preguntó si pensó en abandonar: "Jamás se me cruzó por la cabeza ese tema, no soy de los nadadores que salen cuando las cosas no resultan", expresó en forma contundente cortando el lagrimeo. Para reafirmar estas declaraciones, segundos después contó que tuvo vómitos en el tercer giro y que en ese momento pensó que la prueba estaba terminada para ella.
Después de los minutos de charla, le ofrecimos hablar por teléfono desde ese mismo lugar con sus padres y ella se negó; es que estaba realmente con la sensibilidad al máximo. "No, dejá, ya los voy a llamar cuando llegue a la villa", fueron sus palabras. "¿Qué creés que están pensando allá en Santa Fe?", preguntamos; "no sé, lo único que pienso es que cumplí con ellos y con toda la gente que me ayudó, que confió en mí", respondió con firmeza.
Tal vez a ella le resulte difícil entender lo que pasó acá. Antonella hizo historia, primero por haber clasificado a esta instancia y competir en la prueba inaugural de los Juegos Olímpicos, siendo junto a una nadadora norteamericana, la más joven de las participantes. Segundo, porque para Santa Fe ésta no es una disciplina más, ya que nuestra ciudad ha hecho mucho por este deporte y nosotros no nos podíamos dar el lujo de no estar presentes con un representante de nuestras aguas en Beijing. Por todo eso, aunque reiterativo, mi profunda admiración y sana envidia hacia ella.
La rusa de 18 años venía precedida por dos títulos en los últimos campeonatos mundiales de la especialidad. Ella fue la campeona de todo lo que nadó en este proceso que acaba de terminar hoy con el oro colgado en su pecho. La rusa Larisa Ilchenko, la favorita en este debut de las aguas abiertas en los olímpicos, nadó la prueba como una partida de ajedrez: dejó que el gasto lo hagan sus rivales, específicamente las británicas, y en los últimos 300 metros salió de la patada de las punteras y se alineó para ingresar al andarivel final de los últimos 100 metros y demostrar la potencia que tiene, como el típico velocista de ciclismo que deja trabajar a los otros compañeros de equipo para arremeter en los metros finales. Eso es justamente lo que hizo: cuando las dos nadadoras de Gran Bretaña parecían una pared infranqueable, su potencia se encargó del resto.
Fue un buen debut para la natación de aguas abiertas. Más allá de los cruces y agresiones propias del estilo de competencia (se veía muy nítidamente cuando la cámara enfocaba al grupo desde arriba), el circuito estuvo impecable y el día acompañó. Rusia, que desde el año '91, cuando se realizara el primer mundial de esta especialidad en Australia, asomó como una potencia, hoy lo empezó a ratificar, al menos entre las mujeres.