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Pocos podían imaginar que La Colifata, un experimento radiofónico nacido en agosto de 1991 de la mano del entonces joven psicólogo argentino Alfredo Olivera, llegaría a cumplir 17 años, reconocida como la primera radio del mundo hecha por "colifatos" -locos, lunáticos en lunfardo, el argot porteño- y convertida en un ejemplo de las terapias para las enfermedades mentales.
Lo que comenzó como unas precarias grabaciones con testimonios de enfermos se convirtió en una pequeña emisora que dejó paso, con los aportes de donantes y voluntarios, a la creación de una radio con frecuencia propia que emite cada sábado un programa en directo de cinco horas de duración desde el patio del hospital José Tiburcio Borda, en el barrio porteño de Barracas.
Bajo el lema "Rompiendo muros", La Colifata reúne a docenas de "lunáticos", en su mayoría internos del Borda, que acuden puntuales a su cita con la radio bajo la batuta de Olivera para hablar de las miserables condiciones del hospital, de su vida en el centro, de los problemas que les preocupan, de cuestiones políticas, de amor... Todo cabe en esta radio de locos.
"La Colifata es un proyecto serio, coordinado por profesionales de la salud: somos psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, musicoterapeutas, que no sólo pensamos lo que hacemos sino que medimos el impacto de lo que hacemos", explica Olivera.
"La Colifata -añade- ha sido un lento y pequeño logro de fundar un espacio de dignidad para un colectivo de personas que sistemáticamente ha sido acallado". El ejemplo ha cundido y ya son 50, presume Olivera, las "colifatas" salpicadas por todo el mundo, además de las cerca de 40 emisoras que reproducen microprogramas de La Colifata en Argentina, Uruguay, Brasil, México, Canadá y España.
Pese al éxito de la experiencia, el psicólogo se lamenta de la falta de apoyo institucional en Argentina y de las dificultades de la radio para conseguir financiación y sacar adelante sus proyectos.
Como toda radio que se precie, La Colifata tiene director, oyentes asiduos, colaboradores y estrellas, y Hugo es una de ellas. A sus 74 años, y después de haber sido interno del Borda, Hugo Norberto López se trata como paciente externo y confiesa que su "delirio" no es otro que "estar acá en La Colifata", donde participa desde hace ocho años.
Hugo asegura que "enloqueció por la pobreza", por las miserables condiciones en las que se crió, en Avellaneda, un municipio de la provincia de Buenos Aires, donde compartía una habitación con sus padres y hermanos, sin baños ni condiciones higiénicas. "Sobrevivir a todo esto es bastante difícil, a veces no se cómo viví tanto tiempo", reflexiona.
Para Hugo, la locura "es perder el equilibrio para moverse dentro de una sociedad llamada cuerda, que nada tiene de cuerda: uno pierde el equilibrio y no se puede defender ya".
Él encontró refugio en la radio, que le sirvió "para salir del laberinto, del oscurecimiento en el que uno está metido cuando le agarra una enfermedad mental".
Por eso Hugo tiene un espacio propio dentro de la programación de La Colifata y se prepara a conciencia, con contenidos que hacen reflexionar a sus compañeros y a los oyentes, como los poemas de Pablo Neruda que lee en antena.
"Todos somos colifatos en el momento en que atravesamos las barreras. La Colifata convenció al mundo de que el loco no es peligroso, no miente, es sabio, no le dejan votar en las elecciones pero da igual", asegura.
También para Fernando Ferreri, de 52 años, ex interno del Borda, la emisora se convirtió en un instrumento para tumbar barreras y una "manera de conectarse al mundo". "Uno puede estar de alta, pero para la sociedad nunca dejas de estar loco", lamenta Fernando, a quien todos llaman "Fefo" y que prefiere que su entorno más cercano siga pensando que continúa ingresado en el hospital porque "no quiero que me juzguen y cambien su evaluación".
"Nadie sabe lo que es la locura. Es muy duro, sería un beneficio que alguien lo supiese", opina "Fefo", para quien La Colifata "es un espacio de salud mental, donde se trabaja por la cura".
Fernando reconoce que todavía hay una frontera invisible que impide a cientos de pacientes del hospital cruzar el patio para participar en la radio: "no llegan a salir de la cama, por la rutina y la inercia de la hospitalización", aunque "muchos la escuchan dentro".
El padre de Leonardo lleva siete años en el hospital y no ha logrado cruzar esa barrera invisible y sumarse al proyecto colifato.
Leonardo, el "Polaquito", no sabe por qué su padre no participa en la radio pero tampoco le importa demasiado porque el Borda le ha permitido retomar sus lazos familiares y dejar la vida en la calle.
"Aquí he recuperado mis vínculos familiares y a mi papá, y aunque no me gusta estar aquí me lo tengo que bancar", apunta Leonardo, que se ha convertido en uno de los animadores de las tertulias "colifatas" guitarra en mano.
"Me gusta la gente, el trato, me encanta hacer radio, tocar la guitarra, el piano...", afirma, y siente que La Colifata es "terapéutica, te ayuda en el sentido emocional", aunque ahora se ilusiona pensando en salir del hospital.
También a "Pajarito" le gusta la música, tanto que se lanza a corear a pleno pulmón "libre, como el sol cuando amanece yo soy libre....", el popular tema de Nino Bravo, mientras corretea por el patio del Borda con los brazos extendidos, como si volara.
"Pajarito" es en realidad Sergio Ariel del Yeso, tiene 36 años -aunque aparenta más- y sueña con ser productor de televisión porque está convencido de que se parece al presentador de un programa televisivo.
Se ofrece a hacer reportes en rima y no duda en improvisar: "la miro a los ojos y me encantan sus labios rojos; al verte no me enojo, íqué bien te quedan esos anteojos!". Suelta sus versos y vuelve a bailar, siguiendo los acordes de Manu Chao, del bolero "Solamente una vez..." o de "Ay Carmela". "Nunca llueve los sábados en La Colifata", afirma, rotundo.
"Si el gobierno quiere hacer algo acá también se va a confundir. No permitiremos que lo haga", proclama uno de los "colifatos" micrófono en mano. A quien se refiere es al gobierno de Mauricio Macri, el conservador alcalde de la ciudad de Buenos Aires, que tiene un plan para cerrar el hospital Borda y el colindante psiquiátrico de mujeres Braulio Moyano para levantar en el barrio de Barracas un complejo de edificios administrativos que, sin duda, encarecerá el precio del terreno y facilitará un aumento de la recaudación municipal, además de convertirse en un estupendo negocio para inversores inmobiliarios y especuladores.
A juicio del director de La Colifata, los planes de Macri persiguen "en realidad sacar a los que siempre molestan, que son los locos, porque nos hemos dado cuenta de que en este lugar, a diez minutos del microcentro, se puede hacer un emprendimiento ligado a un negocio inmobiliario sumamente importante".
Para sacar adelante el proyecto, el gobierno municipal ha convocado un concurso con suculentos contratos para arquitectos y empresas constructoras. "Se trata de un desalojo, de un proceso de erradicación. Sacar de cuajo una institución y volarla", denuncia el arquitecto Martín Zaitch, partidario de convocar un discusión pública sobre el futuro de los hospitales Borda y Moyano.
El debate, según Olivera, debe incluir una discusión sobre el tratamiento de las enfermedades mentales y la necesidad de mejorar los centros.
Y no es para menos. Los 800 internos del Borda viven en condiciones indignantes, en un recinto sucio, destrozado por el uso y los años, un olor a orín y humedad que hace irrespirable el ambiente, con ventanas enrejadas, cristales rotos y paredes agrietadas donde la pintura se oculta bajo capas de mugre.
Pocos se atreven a pasear por los descuidados jardines que rodean el edificio y los osados que lo hacen deben saltar sobre la basura acumulada en el suelo, esquivar a los perros que acuden a comer los restos, rodear la caseta donde se acumulan los residuos patológicos y evitar la visión de la cárcel instalada dentro del complejo.
En medio de este paisaje deprimente y desolador, la caseta de La Colifata, con su mural de colores sobre el que destaca la luna y las estrellas que identifican a la radio, constituye casi una alucinación.
En este entorno, no es extraño que durante la emisión de La Colifata algún "lunático" despistado que escucha sonidos metálicos en la comunicación con un amigo "colifato" del exterior exclame: "nos comunicamos con Marte".
DE LA PIZARRA AL OYENTE.
"LT22 Radio La Colifata del Borda, una radio realizada íntegramente por los internos del Hospital Neurosiquiátrico José Borda", dice la voz de Lalo Mir, presentador oficial de la radio. La Colifata se escucha desde hace 17 años en el 100.1 FM del dial. Y la emisión se ha convertido en un ritual sabatino que comienza cerca de las tres de la tarde y se va con el comienzo de la oscuridad. Pero la radio también puede escucharse en vivo visitando el neurosiquiátrico ubicado en Ramón Castillo 375.
La programación está hecha por los internos del hospital y tiene momentos poéticos, debates políticos, programas deportivos, reflexiones y respuestas a los mensajes enviados a su e-mail.
Cada uno de los programas quedan prolijamente anotados en una pizarra apoyada contra un árbol cada vez que alguien pide participar.
Alfredo Olivera explica: "Cada sábado es un ritual en donde los internos construyen el espacio. Eso tiene un correlato en la psiquis de cada uno, porque es algo que construyen ellos. Y ése es nuestro laburo como profesionales, queremos rescatar el hecho de que ellos hablen en nombre propio desde la alegría y la creatividad. Y lo que a ellos les entusiasma es que en los oyentes hay una respuesta increíble".
Manu Chao y Coppola.
La Colifata se hizo popular para el mundo "cuerdo" cuando los "colifatos" argentinos protagonizaron un anuncio publicitario de la marca de refrescos español Aquarius.
El anuncio permitió a la emisora darse a conocer y mejorar sus medios técnicos, aunque Olivera reconoce que todavía son fundamentales los aportes de amigos y simpatizantes del proyecto, como la pareja de jubilados que donó un Citroen "dos caballos" que hoy funciona como unidad móvil de la radio y que ha servido incluso de refugio a más de un "colifato".
La radio de los "locos" tiene también sus colaboradores ilustres, como el cantante francés Manu Chao, un "colifato" más, dicen en la radio, que ha construido una relación muy especial con los "lunáticos" argentinos durante los últimos siete años, grabó un disco en La Colifata y organizó un concierto multitudinario para ayudar a la radio.
Manu, relata Olivera, "es una persona muy sensible" y "es alguien que cuando viene a este patio parece realmente un terapeuta porque capta lo que cada uno tiene para aportar desde su particular rítmica y le suma su arte".
"En ese sumar su arte se produce un encuentro, y en ese encuentro algo ligado al sentido se recupera, y en ese sentido es profundamente terapéutico lo que Manu Chao hace con los colifatos", agrega.
El último en ingresar en este "club de la locura" ha sido el director estadounidense Francis Ford Coppola, que incorporó la radio al guión de su última película, "Tetro", rodada en Argentina, con las españolas Maribel Verdú y Carmen Maura.
"La experiencia con Coppola fue maravillosa, él dejó ingresar lo mágico de la Colifata en la cotidianeidad", recuerda Olivera.
Para Leonardo, el "Polaquito", que con 21 años es uno de los internos más jóvenes del hospital Borda, el contacto con Coppola fue una de las mejores aventuras de su vida. "Estuvo aquí filmando dos días y nos invitó a comer", recuerda este joven, internado hace nueve meses por depresión, que conoció durante la visita de Coppola a Maribel Verdú.
"Muy guapa Maribel Verdú, muy guapa", reconoce el "Polaquito", que debe su apodo a su cara de niño, su tez blanca y su pelo rubio.