Nosotros: NOS-02
PERFILES
Carlos Héctor Parodi: escritor de oficio
Memorias periodísticas de El Litoral. En homenaje a los 90 años de vínculo con los lectores de nuestras páginas, otra de las personalidades que formara parte de la redacción de este diario cuenta "dónde y cómo" aprendió a escribir. textos de revista Nosotros.

El inicio de la historia.

"Claro que Dios entreteje el destino de los hombres. Estoy seguro. De no ser así, no me hubiera cruzado con Riobó Caputto, a quien apodaban "Pisto", aquella mañana de marzo de 1963, frente a las pizarras del diario El Litoral -por entonces en San Martín 2651-, donde había concurrido para leer las noticias que contenían. Palabras van, palabras vienen, pude manifestar al director mi interés por el trabajo periodístico. Sin pausa -casi- me dijo: ¿y por qué no viene a trabajar?

Tras esta incipiente posibilidad, me encontré a los pocos días en el primer piso del diario, sin tener idea de lo que podía hacer, especialmente después del generoso elogio con el que "Pisto" me introdujo a la redacción".

¿Qué significaba ser periodista?

"Ver y oír, para contar', me dijeron los que sabían y tras cartón me destinaron la primera nota: una entrevista a Carlos Perette, quien después resultaría vicepresidente de la Nación, y quien se alojaba en el entonces Ritz Hotel. No sé cómo hice para preguntar en la recepción por mi entrevistado, pero lo cierto es que, al rato, estaba sentado en un largo y destartalado sillón con el político. En el transcurso de mi desplazamiento hasta el lugar de la entrevista, procuré mentalmente hilvanar las preguntas que pensaba formular. Todo fue en vano, y lo único que atiné a preguntar a mi interlocutor fue "¿qué lo trae a Santa Fe"? para luego garabatear en mi anotador lo que dijo el candidato, que no era nada ni sirvió de mucho, porque le dieron el espacio que merecía, en el que prácticamente sólo quedaron los títulos. Por suerte".

La "cueva" por dentro.

"Quien no ha trabajado en épocas idas en la redacción de un diario -no como ahora que, sin restarle méritos a los escribas, sacan prácticamente el original de la computadora y lo remiten a la impresora- no pueden imaginar el esfuerzo que significaba redactar, corregir y lograr que se aprueben los originales. Entonces el elenco estable era pequeño, bajo el comando de Antonio Avaro, "El Ronco" y la subjefatura de Eduardo Luis Valdez, a quien apodábamos "El Gitano" , y que tenía como particularidad -además de su valiosa observación de la realidad-, que volcaba en prosa breve el manejo habilidoso de la máquina de escribir, que tecleaba con los diez dedos. Tuve, además, el privilegio de compartir mis pretensiones periodísticas con dos delfines en la materia: Leoncio Gianello (h), a quien apodábamos "Copete", y Luis Gudiño, a quien llamábamos "Luisito", no obstante ser alto y largo. También Oscar Velásquez, que hacía policiales y departíamos las tardecitas con dos personajes singulares: Nosif Tomás -"El Turco"- que representaba al diario La Nación, y Andrés Barceló, quien lo hacía por La Prensa. También ilustraba la redacción en su especialidad (cine), don Andrés Beltrán, al que nunca le pudimos sacar ni una entrada de favor. Lástima que ninguno pueda ya leerme. Como reirían...

Lo bueno, si breve...

"Este tema que sintetiza el pensamiento profundo que expresó Gracián - "lo bueno, si breve, dos veces bueno"- es la esencia de la profesión y práctica periodística y, naturalmente, fui una de las "víctimas" del escrito larguero.

A mí me habían destinado a información general, y, además, a tribunales y a la información universitaria, a la que se procuraba atender luego del cierre que había sufrido la casa de estudios. Recuerdo una tarde que, gozoso, aparezco por la redacción con tres largas cuartillas, correspondientes a una reunión del Consejo Universitario, con detalles de la misma. Me la recibe el secretario de redacción, quien ya antes de leerla me fulminó con la mirada y espetó: "¿se cree que es el dueño del diario?" Y entregándome las cuartillas, me intimó: "no más de cuarenta y cinco líneas". Así, casi de prepo, aprendí a valorar la síntesis.

La sección interior.

"El Litoral atendía, con particular interés, el interior de la provincia. En un momento, a instancia de Jorge Reynoso Aldao, Enzo Vittori me llama para ofrecerme el cargo en la sección, que tenía una página especial. Sorprendido, por lo que entendí significaba una distinción, asentí. Pero duró poco. El "Ronco" Avaro tiró abajo mi candidatura, vociferando que carecía de antigüedad suficiente para pasar a una sección independiente. Lo propuso a Enrique Miguel Cruz, con quien nos conocíamos del diario, pero no nos afirmaba una amistad. Yo creo que tuvo razón don Antonio: Enrique Miguel hizo un buen trabajo y el hecho me permitió ganar una amistad que perduró y perdurará hasta el fin de nuestros días".

Final de la aventura.

"Como todas las cosas, hay un principio y un final. Mi aventura periodística se tronchó en 1968 cuando el diario se vio afectado por una huelga del personal, que aparentemente encabezaban los hermanos Méjico -linotipistas- y "Kolinos" Ritvo, y que nos dejó en la calle a los que no acatamos la intimación. Yo seguí con mi vocación y tras una experiencia como jefe de noticias de la radio LT 9 nueva, pasé a revistar en Clarín, del que fui corresponsal hasta quedar a partir de 1978 como "free lance" escribiendo cuando el tema me atrae. El Litoral, con indudable generosidad, editó un matutino, al que pudieron ingresar muchos de los desplazados por la huelga. Otros se fueron al nuevo diario que editó otro grupo, pero en mi caso, he seguido firme: sólo escribo en El Litoral".

Personal

Tras trabajar durante varios años en la redacción de El Litoral, Carlos Héctor Parodi fue jefe de noticias de la emisora local LT 9 y corresponsal del diario Clarín en Santa Fe. Desde hace tiempo sigue ejerciendo el oficio de la escritura periodística como "free lance", y sigue publicando esporádicamente en este diario.

Abrazar otra profesión. "Al cabo de unos años, ya con mis diplomas de letrado, volví a encontrarme con "Pisto" y él, que me había apoyado en el ingreso al diario, con la modestia que le caracterizaba, me dijo: "usted joven verá ahora como letrado que ha perdido su tiempo en el diario" y se quedó -creo que sorprendido pero contento- cuando le expresé mi admiración por la capacidad de síntesis adquirida, y que, sin dudas, era fruto de la labor periodística y la paciencia de quienes me enseñaron".>

Anécdota. "Otra que recuerdo de "Pisto" fue en época de la llamada Revolución Argentina, una tarde que habíamos recibido un diario de Catamarca, con un título catástrofe, que sólo contenía el nombre "Onganía", cuyo recorte pegamos en una de las paredes. Caputto, que nos visitaba habitualmente, sólo nos dijo: "ícómo se van a desilusionar"!.>