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María Lidia corta unos centímetros de elástico que reparte según la prenda que se esté confeccionando; Lide distribuye los mates y bizcochos que amenizan la reunión y pueblan la amplia mesa junto a enormes carreteles de hilo de vivos colores, agujas, tijeras y retazos de telas; Estela plancha una colcha a cuadros recién terminada. Comienza otra jornada en el taller que cada martes y viernes de 9.30 a 11.30 reúne a madres de los bebés que, por distintas razones, permanecen en Neonatología del Hospital de Niños Orlando Alassia.
El taller tiene nombre: proyecto Mamá Amiga. Pero, en rigor de verdad, dejó de ser proyecto para convertirse en realidad hace ya cuatro años, cuando los médicos Edgardo Tardivo -por entonces jefe del servicio- y Elena Tombolato, convocaron voluntades para que se involucren en el apoyo a madres que tienen a sus hijos internados. Y la comunidad respondió con un equipo que aún hoy participa en la tarea de enseñar, compartir y contener a las madres -algunas muy jóvenes-, muchas de otras ciudades y pueblos del interior, mientras esperan que sus hijos se recuperen.
Hilda Remonda de Nardi es la coordinadora del grupo y quien cuenta a Nosotros los detalles del proyecto, centrado en comprender la necesidad de que las madres de bebés prematuros que viven en el hospital tengan una actividad que "llene ese tiempo que sin dudas se hace eterno", mientras se espera el alta. Y esa eternidad, colmada de angustia, parece estirarse todavía más durante los fines de semana que es "cuando más nos demandan que les dejemos trabajo para entretenerse".
Hace varios meses que Mercedes llegó desde Villa Ocampo y aún permanece en el hospital, cerca de su bebé que nació prematuro. Durante todo este tiempo fortaleció lazos con sus pares y con las integrantes del equipo de voluntarias. No está sola: Milagros cuenta que vino de Nelson, mientras ubica sobre la mesa cuadrados blancos y rosados que transformará con sus manos en una colcha para su hija que lentamente recupera peso. Muy cerca de ellas, Mónica, quien llegó de Tostado, borda una prenda para su beba, pero antes cosió y bordó un mantel individual.
El plazo que las hará permanecer unidas es imposible de calcular, pero durante ese tiempo "hacen una cantidad de cosas" -afirma Hilda- y, lo que es aún más importante, "descubren que son capaces de hacerlas". Ranitas, batitas, gorros, colchas pasan por las manos de las mujeres que también aprenden a confeccionar prendas para ellas. "Se trata de despertar el gusto por hacer algo lindo con las propias manos", y de paso "cambiar la mentalidad del asistencialismo, de manera que valoren su trabajo y no esperen que llegue todo hecho".
De las paredes de la habitación que alberga al taller, a pasos de Neonatología, cuelgan algunas coloridas creaciones del grupo, hechas con materiales que aporta la comunidad y que allí se aprovechan al máximo. El cartel que indica mantener el orden y la limpieza es respetado a rajatablas.
"Cada voluntaria hace su aporte personal, según lo que sabe hacer. Es un grupo muy valioso, que fue más numeroso cuando comenzó el proyecto y tuvo deserciones por razones de salud", admite Hilda mientras reconoce que "sería muy bueno que se sumen mujeres con ganas de aportar sus conocimientos y su tiempo". Todo eso más una oreja atenta y una mano amiga, podría decirse, para que el tiempo de espera se sobrelleve de otra forma.
Por ahora, el grupo de voluntarias está integrado por María Luisa de Pizzarulli, María Lidia Alonso de Rodríguez, Maruca Pan, Nelly Martínez, Lidelva Alassia y Stella Maris Sartori, coordinadas por Hilda Remonda de Nardi.
A las voluntarias se suman las terapistas ocupacionales Ivon Mendoza y Andrea Filonov, para quienes el taller es concebido como un espacio en el que, por dos horas, las mamás pueden desenchufarse de la razón que mantiene a sus hijos en el hospital. "Algunas son muy jovencitas y otras más grandes, y entre todas se comentan sus experiencias de vida". En el grupo aprenden a reciclar y a reutilizar materiales de manera que "de la prenda del hijo mayor se puede confeccionar otra para el más chiquito", señala Andrea.
Pero, además de la costura, los jueves de 13 a 15, las madres se reúnen con ambas profesionales para compartir otras actividades creativas y también para informarse sobre temas esenciales para su propio desarrollo y el de sus hijos: "la importancia de la lactancia, las estrategias para que ésta no se interrumpa aún con los bebés internados, la orientación en métodos anticonceptivos para que, cuando vuelvan a su casa, elijan el más adecuado y se puedan cuidar de otra manera", son algunos de los temas que enumera Ivon para graficar el trabajo del taller. A todo esto se suman pautas de crecimiento del bebé para que vean cómo pueden ser estimulados, "teniendo en cuenta que se trata de chicos prematuros que necesitan un mayor empujoncito que aquellos que nacieron a término".
En definitiva, además de orientarlas en la confección de juguetes y móviles, se aporta en prevención primaria, en temas fundamentales como la lactancia, los reflejos, cómo aminorar el estrés propio de una internación, qué cuidados se deben tener cuando se vuelve a casa y como ahuyentar los temores de cuidar a un hijo que durante todo este tiempo estuvo en manos de personal médico.
Tanto en uno como en otro taller, la creatividad a la hora de combinar colores y formas corre por cuenta de las madres. Y todo se hace en el mismo lugar. Para eso se cuenta con materiales básicos como polar, lienzo, hilos de bordar y de coser, agujas, tijeras, "que no son de mucho costo pero para nosotras son muy valiosos".
El aporte de la comunidad es fundamental para mantener el stock de materia prima: "algunas voluntarias no vienen al taller pero trabajan en su casa o piden elementos a sus amistades", resume Hilda y asegura que "ya casi no tenemos necesidad de pedir", aunque la ayuda siempre es bienvenida.
Cada fin de año se hace un reconocimiento a la gente que de una u otra forma apoya el trabajo del taller, "pero no se compra nada, las tarjetas y los objetos se hacen acá", aseguran, orgullosas, las voluntarias.
La experiencia tiene un ida y vuelta: el acompañamiento, la contención y el intercambio de saberes, retornan con creces en cartas de reconocimiento, cálidos saludos y visitas de las madres al taller aún después de que sus bebés son dados de alta. "Es muy gratificante", se conmueven Hilda y el resto de las voluntarias, convencidas de que, aún después de cuatro años, sigue valiendo la pena.
El principal objetivo que se propusieron las voluntarias que integran el proyecto fue el de acompañar a las madres de los niños internados en un momento tan crítico y a veces tan prolongado de dolor como es la enfermedad de un hijo. A este fin se suman:
Siempre hacen falta brazos generosos en las tareas voluntarias. Quienes deseen sumar su apoyo al proyecto Mamá Amiga pueden comunicarse con los teléfonos 4534540 ó 4556734.
Telas, agujas, hilos de coser y bordar, son esenciales en el desarrollo del taller.
Existen muchos aportes de la comunidad, pero siguen siendo bienvenidos.