La mujer está sola en su habitación, aún algo intranquila, por la sensación que tuvo toda la noche de ser asechada por alguien. Se recuesta en la cama, enciende un cigarrillo, intenta relajarse. De pronto, entreabre los ojos y observa con horror inexpresable, una figura ataviada con un grueso abrigo y un sombrero negro que avanza esgrimiendo un enorme cuchillo, que se parece al de la famosa escena de la ducha de "Psicosis". Será su última visión.
La escena, digna de los mejores tramos del cine de terror de todos los tiempos, pertenece a "El pájaro de las plumas de cristal", de 1970, dirigida por un entonces treintañero y casi desconocido cineasta italiano llamado Darío Argento. La importancia de esta película no tiene que ver necesariamente con la historia en sí misma (más bien liviana y en muchos aspectos increíble), sino más bien con su estética, su estructura narrativa y sus incontestables innovaciones cinematográficas. En aquel film, hoy mítico, un escritor norteamericano es testigo de un intento de asesinato que observa mientras está encerrado entre dos puertas de cristal. La víctima sobrevive, pero él queda desconcertado por algo que vió y que no le cuadra, aunque no lo puede recordar. A partir de allí, se embarcará en una obsesiva y críptica búsqueda, mientras un asesino en serie, cuyas víctimas son principalmente mujeres jóvenes, mantiene en vilo a la policía romana.
Muy influido por Alfred Hitchcock (que para entonces ya había rodado sus obras supremas "Vértigo", "Psicosis" y "Los Pájaros") y por quien fuera su maestro supremo Mario Bava (posiblemente el iniciador del cine de horror en Italia), Argento reconfiguró el género dándole un sello personal. Y desde su primera obra demostró, no sólo condiciones para contar historias, sino una imaginación poco usual para definir la estética de sus trabajos.
Darío Argento, a quien varias generaciones le deben escalofríos inolvidables, comenzó su carrera como crítico de cine, para luego convertirse en asistente del director Mario Bava. Este último -quien allá por los albores de la década del sesenta forjó filmes como "La máscara del demonio", "La muchacha que sabía demasiado" y "Seis mujeres para el asesino"-, fue el mentor de un movimiento renovador dentro del cine europeo, que se conoció como "giallo" (amarillo en italiano). Se trata de un subgénero bautizado con ese nombre debido a que las ediciones de la publicación barata en la que se basaban sus guiones eran, precisamente, amarillas.
El giallo comprende a una serie de películas que mezclan componentes del policial y el terror, y fueron producidas en Italia entre las décadas del 60' y el 80'. Y cuenta a Argento y a Bava entre sus principales exponentes.
Tras trabajar como asistente del hoy mítico director, dedicarse a la crítica cinematográfica e indagar en el guionado de películas, Argento finalmente debutó como director con "El pájaro de las plumas de cristal", que fue un enorme éxito de público en su país y le valió el reconocimiento. Inició así una etapa creativa, en la que delineó -en los inicios de la década del "70-, "Cuatro moscas sobre terciopelo gris" y "El gato de las nueve colas", esta última con la presencia en el reparto del gran actor Karl Malden (quien ya había trabajador en inolvidables películas como "Nido de ratas" y "Un tranvía llamado deseo").
En este período inicial se despuntan las principales características del cine de Argento, presentes a lo largo de toda su filmografía, centralizadas en una imaginación desbordante que se presenta en cada uno de los planos.
Tras su primer período, en el año 1975, Darío Argento delineó la que para muchos es su mejor película, compendio de sus principales características: "Rojo profundo". Allí el director nos introduce en una trama oscura y retorcida, donde un compositor británico en Roma (interpretado notablemente por David Hemmings, infravalorado actor que -entre otros trabajos- interpretó al personaje central de "Blow-Up", bajo las órdenes de Michelangelo Antonioni), tras presenciar la morbosa matanza de un psiquiatra, se pone tras la pista de un asesino serial.
Nuevamente Argento juega con el espectador y lo manipula, con recursos que parecen ser una herencia típicamente hitchkconiana. En los primeros planos da la solución a todo el rompecabezas posterior, pero escondida, poniendo en funcionamiento la mente del espectador. Luego despliega su truculencia habitual -no exenta de algunas dosis de humor cáustico-, y cuando al final da la solución, las piezas quedan perfectamente acomodadas y todos los eslabones se cierran. Posiblemente "Rojo profundo" sea la obra que mejor resume al género "giallo".
La siguiente película del maestro italiano fue "Suspiria", donde introduce por primera vez elementos sobrenaturales a su trabajo. Jessica Harper interpreta a una joven que desembarca en una academia de danzas, y su llegada coincide con el primero de una serie de asesinatos. En esta ocasión, Argento echa mano a varios elementos propios del horror gótico: el primero de ellos es el caserón donde se desarrolla la acción. Pero, además, el cuadro se completa con misteriosos ruidos nocturnos (pisadas y gritos), una invasión de gusanos y horribles pesadillas que acechan a la protagonista. Hoy, este trabajo de 1977 forma parte del mejor legado del cine de terror de su época, y
una de las cotas más altas del cine "argentiano".
Para muchos, "Suspiria" fue el último de los grandes trabajos de Argento, que desde allí alternó en su carrera un puñado de películas interesantes, pero la mayoría desdeñables. Siguieron "Infierno" de 1980, "Tenebrae" de 1982 y "Phenomena", está última pese a lo poco plausible (una adolescente que se comunica con los insectos) tiene a una jovencísima Jennifer Connely como protagonista.
En 1987 se estrenó "Opera", que obtuvo una fría recepción de la crítica y de los seguidores del director. Sin embargo, en 1990 colaboró con otro maestro del terror como George A. Romero en una libre adaptación de una obra de Edgar Allan Poe, "Two evil eyes", con interesantes resultados.
A este ejercicio le siguieron películas de escaso impacto como "Trauma" y una irrelevante versión de "El fantasma de la ópera", de 1998, con un pétreo Julian Sands como protagonista. Tras dos ejercicios interesantes pero poco trascendentes: "Insomnio" de 2001 (con la presencia del gran Max Von Sydow) y "El jugador" (2004), en 2005 se ocupó de rodar uno de los capítulos de la serie "Master of horror", y el año pasado filmó el que hasta ahora es su último largometraje: "La terza madre".
Con casi setenta años, el director al que tres generaciones admiraron o desdeñaron, está preparando un nuevo proyecto, que estaría desembarcando en los cines el año que viene. Se trata de un film titulado "Giallo", que tendrá un elenco encabezado por Adrien Brody. Si bien se sabe poco del proyecto aún, parece ser un intento de Argento de volver a los orígenes, en estilo y temáticas. Para aquellos que todavía van en busca de escalofríos en las góndolas de clásicos del video club, esa puede ser una buena noticia.
ASIA ARGENTO
La hija de Darío Argento, Asia, probablemente influida por la cinefilia de su padre, hizo también del séptimo arte su medio de vida y el espacio dónde plasmar sus pasiones. Dueña de una gran belleza, trabajó desde muy joven junto a su progenitor, quien la dirigió en varias películas en las que desplegó notables actuaciones, entre ellas "Trauma" de 1993, "El síndrome de Stendhal" de 1995, y "El fantasma de la ópera" de 1998.
Sin embargo, varios reconocidos directores la eligieron para actuar en sus filmes. Entre ellos, cabe mencionar a Abel Ferrara ("New Rose Hotel"), Sofia Coppola ("María Antonieta"), Gus Van Sant ("Last days"), George A. Romero ("La tierra de los muertos") y Michael Radford ("B. Monkey").
Pero, además, Asia Argento también se animó a la dirección. En 2004 estrenó su filme "The heart Is deceitful above all things", donde se puso al frente de un reparto notable, integrado por Winona Ryder, Peter Fonda, Ornella Mutti y hasta Marilyn Manson.
La inclinación al cine de Darío Argentina tiene que ver, probablemente, con sus propios orígenes: era hijo de Salvatore Argento, conocido productor cinematográfico de la Italia de posguerra, y de una fotógrafa brasileña.
Cuando aún no había cumplido los 30 años, Darío Argento, junto a Bernardo Bertolucci, colaboró con el maestro italiano Sergio Leone en el guión de "Erase una vez en el oeste", una película excepcional de la cinematografía de Leone, responsable también de "Por un puñado de dólares".
En el año 1978, Darío Argento participó en la película de George A. Romero, "El amanecer de los muertos", en calidad de productor.
De esta forma se unió con otro grande del terror de la historia, creador de la sangrienta saga de los zombies, iniciada a fines de los 60' con "La noche de los muertos vivos".
A mediados de los ochenta, Michele Soavi presentó "El mundo de horror de Darío Argento", un documental que resume la trayectoria del director, con escenas que muestran sus rodajes y que incluyen, además, varias entrevistas al director de "Rojo profundo".