Región: REG-01
Una metalmecánica para los campesinos
Herramientas para un mundo mejor
Los hornos carboníferos portátiles viajaron a Cuba, donde utilizan leña de Marabú, un árbol endémico, y exportan la producción a Italia. Foto: Gentileza Teknycampo SRL.. 

La empresa Teknycampo SRL fabrica implementos para que los pequeños productores puedan agregar valor a su materia prima. Luego de varios años proveyendo soluciones tecnológicas a familias rurales argentinas concretaron su tercera exportación a Cuba.

Juan Manuel Fernández - [email protected] (ENVIADO ESPECIAL)

En el campo, el acceso a la tecnología es garantía de competitividad, desarrollo y permanencia. Para la mayoría de los chacareros, fronteras adentro de la Pampa Húmeda, puede significar hacerse de una sembradora en directa o actualizar el tractor. Pero en la periferia, donde abundan la pequeña escala y las tareas de subsistencia, el campesino precisa otras herramientas y adelantos, menos sofisticados pero igual de importantes a la hora de ganar eficiencia y mejorar el ingreso familiar. A ellos está enfocada, exclusivamente, la producción de Teknycampo SRL, una de las pocas metalmecánicas del país que fabrican implementos para pequeños productores.

Ubicada en el Paraje La Lola, unos 20 kilómetros al sur de Reconquista, la firma que conducen los hermanos Andrés y Ernesto Stahringer produce en forma artesanal desde molinos multiuso, ralladoras de mandioca o peladoras de maní, hasta trapiches para caña de azúcar, hornos portátiles para elaboración de carbón o implementos de tiro animal para labranza en pequeña escala. El destino natural, para el cual fueron pensados, son las familias rurales que viven en provincias o regiones pobres, como Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Corrientes o el propio norte santafesino. Pero desde 2005 también se les abrió la puerta de la exportación, con colocaciones en Cuba, que fueron el principal sustento en los últimos años.

Sin escala

Protegidas por una frondosa arboleda, las instalaciones de Teknycampo reflejan el espíritu de la empresa. Dentro del predio de INCUPO (Instituto de Cultura Popular), que en otros tiempos fuera la "Estancia de Pietranera", el edificio es taller, oficina y depósito. Allí, en unos pocos metros cuadrados, apenas 3 operarios (más el director, que trabaja a la par) martillan, sueldan y abulonan pedazos de hierro y chapa hasta darle forma a los productos finales. "Somos polifacéticos; yo sueldo, diseño... atajamos todos los penales", bromea Andrés. Como si fuera una condición inexorable, para los pequeños productores se trabaja en pequeña escala.

No trabajar en serie tiene sus pro y sus contras. Es una desventaja porque la escala permitiría un mejor aprovechamiento de los recursos, tanto de los materiales como de las horas-hombre de trabajo. Pero para ello necesitarían contar con una estructura de ventas y distribución que por el momento es imposible de conseguir. En cambio, "cuando las ventas no son masivas, la diversificación de productos es una necesidad", explica, y asegura que la mayor flexibilidad para improvisar cambios en la matriz productiva le da también más estabilidad al negocio.

éltimamente la venta a campesinos argentinos se encuentra estancada por la dependencia que tienen de créditos o subsidios especiales. "Los volúmenes de venta son super inestables porque dependemos de los fondos que el gobierno o las ONG's destinen al apoyo de los pequeños productores", explicó Andrés, sin que hiciera falta aclarar qué grado de atención se le está prestando al sector desde el Estado.

La mayoría de las ventas a productores del Programa Social Agropecuario (PSA) se orientan hacia Chaco y Santiago del Estero, donde tienen más presupuesto, son dueños de la tierra y cuentan con más tradición agrícola. Allí colocan mayormente molinos y las herramientas de tracción animal.

La exportación, un salvavidas

Por tales dificultades fue que la apertura a mercados externos resultó la garantía de continuidad de la empresa. "Las exportaciones a Cuba nos salvaron", suspira aliviado el director, que en junio debió viajar a la isla para asesorar a los compradores en el montaje y funcionamiento de 40 hornos de carbón.

La relación con el país caribeño se inició en 2005 a raíz de la venta de 20 molinos para un proyecto de agricultura urbana en La Habana coordinado por una ONG alemana. Los europeos se contactaron con Teknycampo a través de la página web y, a pesar de que el taller no tenía ni perfil ni experiencia en la exportación, insistieron hasta concretar la operación. Como no estaban inscriptos como exportadores ni tenían la estructura suficiente para producir el volumen solicitado, el envión final se los dio la firma Servipack, de Avellaneda, sin pedirles nada a cambio.

Unos meses después, otros cubanos se contactaron desde una Universidad de Santa Clara para pedir cotización por molinos para un proyecto de producción porcina que se financió con fondos suizos. Para ese entonces Teknycampo ya se había inscripto como exportador y cerraron una operación por 50 molinos monofásicos y 25 trifásicos.

Por su parte, los hornos de carbón que vendieron este año a la isla representaron el doble de la facturación media anual y les "salvaron el año". Esta operación se consiguió gracias al financiamiento de gente amiga que "hizo una vaquita" para que puedan comprar la materia prima. "Pedir un crédito en el banco nos hubiera significado presupuestar un 20% más caro y hubiéramos perdido el negocio", recuerda Andrés, quien confesó que sin saberlo le ganaron el negocio a fabricantes venezolanos que ya habían vendido con anterioridad 20 hornos similares.

Productos para agregar valor

"Todo está orientado a que el pequeño productor pueda transformar su materia prima", explica Stahringer.

Entre los productos que fabrican se destaca el Molino Multiuso Tekne 400 (en tres versiones: monofásico, trifásico y a explosión) que se utiliza para triturar maíz o moler caña de azúcar en pequeña escala y se vende a razón de 100 unidades anuales.

También fabrican un pequeño trapiche para caña con el que se puede obtener azúcar integral o "miel de caña", alimentos muy consumidos en Formosa, Corrientes y Misiones. A priori, la posibilidad de agregarle valor a la producción debiera ser una ventaja atractiva para los productores, sin embargo es difícil romper con los usos y costumbres. "En la cuenca cañera nuestra es dificilísimo, porque donde hay un ingenio es más cómodo entregar la producción ahí; además sería muy difícil ser productor y vendedor a la vez", reconoce.

Algunos diseños son propios, como el de la ralladora de mandioca o el equipo solar de agua caliente, y otros son "prestados", como los del Kanol y el Polinol, que fueron pensados y diagramados por un ingeniero francés, Jean Nolle, quien les enseñó a fabricarlos y les cedió los derechos. Ambos son implementos de labranza de tracción a sangre y comparten la característica de ser polifuncionales. La primera sirve como reja carpidora y aporcadora, como púa cincel o vibrocultivador. La restante es más compleja y puede utilizarse como sembradora (maíz o algodón), vibrocultivador, reja carpidora, rastra o cincel.

Asimismo en los talleres de La Lola se fabrica un deshidratador solar para hortalizas y frutos del monte, desarrollado entre INCUPO y la UTN de Resistencia, que tiene mayor salida hacia Salta, Jujuy, Chaco y Formosa. "Con la chaucha de algarroba se hace un tipo de harina que se vende mucho en dietéticas cinco veces más cara que la de trigo", comentó Stahringer.

Para los pequeños productores de maní cuentan con una descascaradora que agiliza notablemente el trabajo. "Una sola persona puede pelar una bolsa de 14 a 18 kilos en 1 hora, mientras que dos personas a mano tardarían 4 horas", detalló.

Desafíos en el horizonte

Lejos de ser pragmática, la orientación que los hermanos Stahringer dan a la producción de la fábrica es sobre todo ideológica, aunque sin banderías. "Nuestra única intención es fortalecer a los pequeños productores; después otros se encargarán de encasillarlo (en una corriente política o de pensamiento); mi aspiración es que en el campo haya muchos pequeños productores y no pocos grandes", proclama Andrés y enfatiza que su pensamiento no es producto de la cultura académica sino de la enseñanza familiar.

En el horizonte quedan muchos desafíos. A pesar de que hoy reciben consultas via mail desde Ecuador, Perú, Bolivia, países centroamericanos y hasta España, en la mayoría de los casos es por poco volúmen, con lo que se dificultan las posibilidades ciertas de cerrar operaciones. Más previsible sería afianzarse en el mercado doméstico, pero tampoco es fácil: hay escaso poder de compra y, sobre todo, la firma carece de medios para publicitar sus productos.

"Nuestra esperanza es que haya un mayor apoyo al pequeño productor y por lo tanto más posibilidad de vender más productos", reconoce Andrés. Pero no se conforma con esperar que el cambio lo produzcan otros, sino que ya está trabajando en un nuevo proyecto que consiste en seducir al gobierno para incluir el calefón solar en los planes de vivienda y así lograr un doble beneficio: economía familiar y ahorro energético para el Estado.