Región: REG-02
Editorial
El suelo reclama ayuda

Para el año 2030 habitarán la tierra 8.300 millones de personas. Para poder alimentar a semejante cantidad de gente, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), estima que habrá que incrementar la producción de granos en un 30 %.

Para lograrlo, se hace imperativo tener en cuenta la importancia que reviste el recurso suelo como base indispensable que sustente ese crecimiento.

Para cuantificar los desafíos que esto implica, es interesante analizar los trabajos realizados al respecto. Según la última edición de la revista del National Geographic, desde 1991 se vienen realizando los primeros análisis serios al respecto. En el primer estudio sobre el mal uso de la tierra, los científicos del International Soil Reference and Information Centre (ISRIC) en Holanda estimaron que para ese año la humanidad había degradado casi 20 millones de kilómetros cuadrados de tierras (el equivalente a la extensión territorial de Estados Unidos y Canadá juntos).

Según el Ingeniero Miguel Pilatti, especialista en suelos, uno de los problemas más graves tiene que ver con la capacidad de absorber el agua. En su estado natural, las tierras de esta región años atrás podían absorber 40 milímetros de lluvia en 60 minutos, ahora apenas captan unos 16. En épocas de lluvias normales (no precisamente en plena sequía), el agua que no retienen los suelos queda encharcando los campos o escurre hacía los ríos, agravando los riesgos de inundaciones en las grandes ciudades. Luego de años de prácticas agrícolas con cultivos anuales de raíces superficiales, se dificulta la llegada del agua a sectores más profundos.

Para Pilatti, como para otros especialistas, las nuevas prácticas agrícolas como la siembra directa mejoraron la capacidad de absorción de nuestros suelos en un 30%. Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer. A la siembra directa todavía le queda un desafío importante para poder seguir revirtiendo esta tendencia preocupante. Falta desarrollar un mecanismo para incrementar todavía más la cantidad de materia orgánica que deja en el suelo.

En este sentido, vale la pena destacar la importancia que cumple el tambo. Otra de las funciones que desempeñan las explotaciones lecheras ayuda mucho en esta función que es, tal vez, una de sus virtudes menos conocidas: en estos establecimientos se siembran pasturas plurianuales, por lo que esas raíces penetran la tierra más allá de los dos metros y son de gran ayuda para que las napas no se saturen.

Sin embargo, las políticas oficiales siguen castigando a la producción lechera, condenando a gran parte de los pequeños productores de nuestra cuenca a liquidar sus planteles, una realidad oprobiosa que está sentenciando al remate de muchos tambos de la zona.

La realidad obliga a resolver las cuestiones coyunturales, pero sobre todo con un plan a largo plazo que contemple este panorama e intente revertirlo.