Ahora que la sequía muestra sus garras en la pampa húmeda, algunos mediáticos insoportables "descubren" que el norte del país arrastra un déficit hídrico de tres años que ya consumió mas de uno de ellos para poder equilibrar la aridez. Es decir, tendría que precipitar más de doce meses para alcanzar los 850 mms., de promedio, que requiere el clima subtropical con estación seca.
Pero no es culpa de los "húmedos ricos", el gobierno provincial es un repetido y ocasional actor "solidario" de la coyuntura. Tanto en las inundaciones como en las sequías, la fórmula "salvadora" son los decretos de emergencia y/o desastre, dominados por la "tortuga burocracia", dándose el caso que algunos trámites por sequías finalizaron en épocas de inundaciones o viceversa.
El Departamento santafesino 9 de Julio tiene, aproximadamente, 1.200.000 vacunos, que si bien es cierto que por carecer de un ordenamiento territorial es excesivo, también es cierto que las únicas ayudas que recibe son los insulsos decretos, algún que otro albergue para sólo el 2 por mil de dicho stock, acarreo de agua para otra minoría, cercana al río Salado o con capacidad económica para pagar los fletes y algún subsidio oficial que, a decir verdad, sólo es un paliativo económico y algunos casos, pueril retórica política. Ante la perspectiva del 27 % de aumento del stock de novillos registrado en el NEA de 2003 a 2007 y del 23% en el NOA, difundidos por la Asociación Brangus; que ambas regiones tienen el 33,5% por ciento del stock nacional (25,2% el NEA y 8,3% el NOA), frente al 55,7% de la región pampeana, el 8,1% de la región semiárida y el 2,6% de la Patagonia y que existe un promedio de 150 bovinos por productor de Brangus, calculado por dicha Asociación Argentina, el Estado, Nacional y Provincial, deberían comenzar a cambiar su enfoque de la problemática norteña. Hay diferencias notorias con la región pampeana: los tiempos son mucho más largos, la idiosincrasia del personal es diferente, hay muchos problemas sanitarios, potreros excesivamente grandes, tiempos de engorde más extensos, porcentajes de preñez y destete mucho menores y, el problema del agua: secas prolongadas, lluvias excesivas o las aguadas que se secan y que llevan a mantener la hacienda como se puede.
"Con una tecnología adecuada, el NOA y el NEA pueden crecer aceleradamente, arriba del 200%. Hay mucho para trabajar en forraje, en genética y en las áreas silbo pastoriles con planteos de excelencia donde se pueden tener muchas vacas", explicó Chiesa, presidente del IPCVA, más el tratamiento del agua y reglas claras de juego. Esa es la cuestión.