Opinión: OPIN-01 Datos que queman

Todos los meses unos ochenta ranchos son levantados en la ciudad de Santa Fe por migrantes procedentes del norte de nuestra provincia y de provincias vecinas, como Chaco y Santiago del Estero. La miseria aumenta, las respuestas estructurales siguen ausentes.

Los migrantes llegan a una ciudad con restricciones físicas por su ubicación entre dos cuencas fluviales y, por consiguiente, con alta vulnerabilidad hídrica. Y, lo que es peor, con una manifiesta vulnerabilidad socioeconómica. Santa Fe, que en otro tiempo fue la urbe de referencia para el centro-norte de la provincia, ha experimentado en el último cuarto de siglo un alarmante retroceso económico, caracterizado por la pérdida de su actividad portuaria, la desaparición de matrices industriales con capacidad reproductiva (como Fiat), de su condición de sede de exposiciones regionales Äcomo lo fuera la gran muestra anual de la producción rural, el comercio y la industriaÄ y de enclave logístico (articulación ferro-portuaria y caminera).

Como ocurre con otras ciudades que han padecido fenómenos similares, Santa Fe exhibe hoy patologías urbanas propias de su dolorosa declinación. Allí están como ominosos indicadores la anomia indetenible, el aumento de la conflictividad, la alarmante tasa de homicidios y un extendido sentimiento de frustración y abandono que encuentra explicación estadística en la cifra porcentual de desocupación que es la más alta del país.

El desastre, como se señala, se produjo a lo largo de los años sin que hubiera reacción por parte de los poderes públicos municipales, provinciales y nacionales, que se sucedieron en el tiempo, mientras el problema crecía. Visiones de corto plazo, adornadas por ciertas acciones espectaculares Ähechos deportivos de impacto circunstancialÄ pretendieron disimular la falta de políticas de fondo.

En los hechos, funcionó a pleno la más salvaje lógica del mercado, sólo que en este caso hablamos del mercado electoral, del mercado de votos. Por eso, uno tras otro, y con la ilusión de tomar ganancias políticas, los gobiernos pusieron el énfasis en Rosario, la gran ciudad del sur a la que se le crearon todas las condiciones para un crecimiento explosivo: dragado de la hidrovía a 32' en 1994 (luego 34' y ahora 36'), construcción del puente Rosario-Victoria (sin que importara la tasa de retorno de la inversión) y ahora, otro tanto con el proyecto del Circunvalar. La inversión pública Äjustificada o noÄ ha sido relevante y ha motorizado la inversión privada, lo que produjo una explosión de crecimiento que impresiona al país.

En suma, la zona de Rosario consumió los recursos nacionales destinados a la provincia de Santa Fe, con la consiguiente postergación del resto del territorio. El desbalance alcanza su cima histórica Änunca fue mayorÄ mientras Santa Fe sufre su peor momento desde 1853, cuando se constituyó la República.

Los gobiernos fueron proactivos con la zona más rica. En sus conductas concretas, los gobernantes procedieron con la misma lógica que guía la acción privada en la concepción neoliberal a la que castigan en los discursos. Entre tanto, la renuncia al papel arquitectónico del Estado y la evolución de la dura realidad librada a su suerte, erosionan su base de sustentación política.