Opinión: OPIN-02 Sarmiento y su consigna: educar al Soberano

De una personalidad multifacética como su obra, entendió los tiempos con una inusual capacidad de visualizar el futuro. Gran luchador, pacífico y combativo, se perpetuó en la memoria de todos, como una de las figuras más importantes de la historia latinoamericana. Se preocupó por traducir en obras su doctrina, sin mengua de la moral y los valores del espíritu.

Sus ideales fueron de un verdadero revolucionario y transformador educativo, y su anhelo hacer: "De toda la República una escuela", "No es posible construir un país civilizado con tan alto grado de analfabetismo".

Un pensamiento dominó sus actos: la educación pública fue siempre, en todas las situaciones de la vida, el fondo y el fin de sus trabajos. "Tenemos que educar al mayor número de hombres, para aumentar el número de gobernantes aptos; de gobernados educados, gobernantes aptos. Hagamos un buen conductor de ideas y que el mundo moderno se refleje en ellas como en un espejo ¿con sus manchas?, con sus manchas como el Sol".

"La empresa gloriosa de nuestro siglo es la de difundir en toda la masa de habitantes de un país cierto grado de instrucción, para que cada uno pueda abrirse honorablemente acceso a la participación de las ventajas sociales y tomar parte en el gobierno, de todos y para todos. No hay República sino bajo esta condición. La palabra democracia es una burla, donde el gobierno que en ella se funda, pospone o descuida formar al ciudadano moral e inteligente".

Era el suyo un ideario de vanguardia para la época: así lo reconoció Ezequiel Martínez Estrada: "Sarmiento fue el primero que en el caos habló de orden, en la ignorancia demostró cuáles eran los beneficios de la educación primaria y en el desierto explicó qué era la sociedad".

Para Sarmiento la única verdad era la realidad, pero la realidad entendida no como sometimiento a lo dado, sino como empresa a realizar.

Concretó en obras sus ideas, superando en ardua lucha las adversidades para redimir al pueblo por medio de la educación.

La educación primaria, la que llamó nacional, impartida sin discriminación social, política, económica o religiosa, era la más firme garantía de la unidad nacional. Concebía la escuela como un factor dinámico que opera sobre la sociedad; le aseguraba la tarea de estructurar la democracia. Sostuvo que "la educación es derecho del pueblo, deber del Estado y de la sociedad".

En una educación del pueblo, por el pueblo y para el pueblo cimentó las bases del crecimiento del país. Visionario profundo, propició la Educación de Adultos. Siendo jefe del Departamento Escuelas de Buenos Aires sostuvo que "es una necesidad apremiante la fundación de Escuelas Nocturnas y Dominicales para Adultos", y orientó esfuerzos en tal sentido. En esa gestión se creó el primer Establecimiento Educativo para Adultos, en la Escuela Catedral del Sud o Escuela Modelo.

Posteriormente, siendo director general de Escuelas de Buenos Aires creó varias Nocturnas para Adultos en la Capital y en el interior de la provincia, extendiendo luego cursos para obreros, en el interior del país.

Promovió sus ideas liberales y progresistas, educación y cultura para todo el pueblo. "Hay una ciencia que tiene su palacio en el cerebro de los pensadores; hay otra que está en el corazón y pertenece a los hombres sencillos y amantes. La difusión de la ciencia se llama escuela, museo, biblioteca; pero hay un punto de contacto entre el que descubre y el que difunde, con tal de que tengan un guía que los conduzca a examinar sus más recónditos arcanos".

Su preocupación por la educación no podía quedar en la teoría. Materializó sus ideas en proyectos y obras, creando escuelas primarias en todo el ámbito de la Nación, fundando Colegios Nacionales, Colegios de Mujeres, Escuelas Normales de Maestras, planteles técnicos de diversos tipos y nivel, según la región; granjas escolares, Universidad Nacional de San Juan, Facultad de Ciencias Exactas y Físico Naturales de Córdoba, Observatorio Astronómico de Córdoba, Colegio Militar y Escuela Naval, entre otros. Promovió la investigación científica, importando cerebros para que sirvieran de basamento de una ciencia nacional; propagó gabinetes y laboratorios con fines de renovación didáctica.

En 1881, fundó la revista El Monitor de la Educación Común, referente fundamental de la Educación Argentina, como las Cartillas y Silabarios y Métodos de Lectura Gradual.

Su tesonera prédica fue divulgar la Educación Primaria, llegando su influencia a diferentes países de América. Tal el caso de Cuba, Venezuela, Colombia, México, Chile, Uruguay y Paraguay.

En su último discurso pronunciado en Paraguay, en 1887, se refirió a esa influencia que era para él su mejor galardón, expresando su anhelo: "En lo que a mí respecta, mi destino está cumplido, y aunque haya caído y levantado muchas veces con la bandera de la educación común, me harían desear que las banderas de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay me sirvieran de mortaja para atestiguar que merecí el bien de sus habitantes".

Con gratitud y justicia mereció el título de: Maestro de América.

En 1943, en la Conferencia Interamericana de Educación reunida en Panamá se instauró el 11 de setiembre como Día del Maestro en el continente americano.