En los salones del Club del Orden el viernes pasado, Ana María Zancada fue la protagonista de una charla, mediante la cual trazó el itinerario poético de la gran Alfonsina Storni. La conferencia fue auspiciada por la Asociación de Amigos del Museo Histórico de Santa Fe y fue precisamente su presidenta, María Luz Casabianca de Paz, la encargada de presentar a Zancada.
La disertante abordó la vida de Alfonsina Storni, a través de su producción poética. Teniendo en cuenta los conceptos de Roberto Giusti, que refiriéndose al libro "El dulce daño" dijo que su lenguaje era inatrapable, dado que en él se daba un equilibro entre conceptos, fantasías y sentimientos y que no se le podía pedir aclaraciones o rigor lógico, ya que ello rompería el encanto. Así el recorrido fue a través de la poesía de esta inteligente e independiente mujer que luchó toda su vida no solamente por su posición en la sociedad de entonces, sino que se unió a los grupos feministas para exigir logros que con el correr de los años se obtendrían.
Se refirió a su nacimiento en la lejana Suiza, pasando por sus días en San Juan, luego Rosario, Coronda, para finalmente destacar su actuación en Buenos Aires donde se convirtió en la primera y única mujer en el cenáculo de intelectuales.
En sus primeros libros: "La inquietud del rosal", "El dulce daño", "Irremediablemente" y "Languidez", se nota -sostuvo Zancada- "una marcada influencia rubendariana. Las metáforas, los sentimientos románticos cargados de melancolía, la búsqueda del amor esquivo, la presencia del "hombre pequeñito' que no la comprende ni la comprenderá, el "llanto baladí de la noche pasada', "la oveja descarriada que a los montes salió', son sólo frases de un modernismo que excedía los cánones existentes y transitados por sus colegas".
"A la vez, Alfonsina se enrolaba en las filas de las mujeres que comenzaban con los movimientos feministas a exigir el lugar que les correspondía en una sociedad que para lo único que las preparaba era para ser buenas madres, amas de casa y esposas. María Abella Ramírez, Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri, fueron las mujeres que la pusieron en contacto con un mundo de reivindicaciones femeninas".
También destacó la larga lista de amistades que jalonaron sus años de intensa labor literaria: Horacio Quiroga, Quinquela Martín, Nora Lange, Manuel Gálvez, Delfina Bunge, José Ingenieros, Arturo Capdevila, incluso Federico García Lorca en su paso por Buenos Aires.
Es llamativa la presencia de la muerte en los versos de Alfonsina, desde sus primeras hasta sus últimas obras "Mundo de siete pozos" y "Mascarilla y Trébol", "con versos breves y libres de rimas -puntualizó la disertante. Hay quien la considera la antesala de esa otra gran poeta que fue Alejandra Pizarnik. La poesía vanguardista es ahora su forma de expresión, donde el yo sigue siendo el pivote de su espíritu que busca desesperadamente una salida de su cárcel terrenal".
"Y luego, ya casi al final de su vida, el encuentro de las tres voces femeninas representativas de América que se insertan en el movimiento mundial de la poesía: Juana de Ibarbourou, Gabriela Mistral y nuestra Alfonsina.
"Pero ya llegaba el final; el cáncer terminó venciéndola y Alfonsina, luego de enviar al diario La Nación su último poema, se arrojó al mar. Trece años antes, en su libro "Languidez', había escrito: "El día que me muera, la noticia ha de seguir las prácticas usadas, y de oficina en oficina al punto, por los registros yo seré buscada. Y allá lejos, en un pueblecito que está durmiendo al sol en la montaña, sobre mi nombre, en un registro viejo, mano que ignoro, trazará una raya' ".
Tras la conferencia de Ana María Zancada actuó la Agrupación Coral Ars Nova, y posteriormente se sirvió un vino de honor, para continuar departiendo con la numerosa cantidad de asistentes al acto.
De la redacción de El Litoral