Región: REG-01
Tecnología al servicio de la ganadería en la costa
El rolo se hizo amigo de la vacas
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En Las Garzas, un grupo de productores con campos sobre el Paraná Miní encontró la herramienta apropiada para combatir el pajonal. Con la ayuda de otras técnicas, como el apotreramiento, incrementaron la carga y redujeron el tiempo de terminación de los novillos.

Juan Manuel Fernández - [email protected] (ENVIADO ESPECIAL)

Hace años que la presión constante de la agricultura obliga a los ganaderos a encontrar nuevas recetas para sostenerse en la actividad. Una de las alternativas más adoptadas sobre la margen oeste de Santa Fe, el traslado de rodeos a zonas de isla, a su vez plantea algunos desafíos. Entre ellos, cómo controlar los pajonales para darle a los campos mayor capacidad de pastoreo.

En General Obligado un grupo de productores del Programa Carnes Santafesinas optó con éxito por el "rolado", una técnica que les permitió, en conjunto con otras como el apotreramiento y la siembra de especies forrajeras, elevar el valor de los campos, incrementar la carga animal y terminar novillos pesados en la mitad de tiempo.

Nueva técnica

En la zona costera se entiende por isla no sólo el terreno que se encuentra río adentro, sino también el denominado valle aluvial o plano de inundación del Paraná, que en el departamento citado representa unas 450.000 hectáreas, en cuyo sustrato predominan la arena o el limo. Históricamente, en esa zona se alojaron alrededor de 120.000 cabezas de rodeo general, de las cuales el 70% eran novillos. Pero las sucesivas emergencias agropecuarias obligaron a las mayoría a liquidar animales para pagar deudas de agricultura. Así se fueron quedando con las vacas y transformándose en criadores, una actividad que no es propicia en zona de islas por el exceso de humedad y parásitos.

La práctica más común para combatir el pajonal es la quema, pero conlleva el perjuicio de destruir la materia orgánica del suelo, así como las gramíneas intermata (especies nativas, como la "pata de perdiz" o la "cebadilla criolla", que se desarrollan entre mata y mata de paja). También se intenta la labranza con rastra, aunque se torna en extremo dificultosa cuando se trata de tumbar pajonales altos.

La alternativa que encontró hace dos años un grupo de ganaderos de Las Garzas, departamento General Obligado, fue la utilización de un rolo con cuchillas cortantes que tritura el pajonal, dejando espacio y permitiendo la penetración de luz para el desarrollo del pasto nativo. La herramienta se fabrica en una metalúrgica de la zona y consta de un tanque cilíndrico Äal que están adheridas las cuchillasÄ que se llena con agua y alcanza un peso aproximado de 4.000 kilos. En la primera pasada se voltean las matas y en una segunda, que se hace cruzada, se las termina de triturar.

La experiencia la encararon hace dos años unos 15 productores, de los cuales una decena integran el programa Carnes Santafesinas, todos con campos entre el arroyo Los Amores y el Paraná Miní. Con esta técnica "se ahorra tiempo, trabajo y plata", aseguró el agente de proyecto, ingeniero agrónomo Mariano García, y agregó que "esta tecnología ya no se discute". Aunque todavía no están hechos los números finos, sí cuentan con algunos datos útiles para los interesados. Por ejemplo el rolo cuesta alrededor de $27.000 y el tratamiento con herramienta propia puede ascender a $60/80 por hectárea, que se estiran a $120/130 si es necesario alquilar el implemento. Cada tratamiento consta de 2 o 3 pasadas y debe realizarse dos veces al año.

Juntos pueden más

El grupo "Las Garzas", que asesora el médico veterinario Orlando Hug, está compuesto por productores chicos y medianos que tienen entre 100 y 400 cabezas.

Al comienzo eran todos ganaderos de cría y de a poco algunos fueron pasando a ciclo completo, aprovechando factores como la capacidad de los campos (bajos) de soportar sequías y la buena calidad del laguna; o bien la cercanía con frigoríficos exportadores como Friar o Vicentín.

Pero el salto lo dieron gracias al espíritu cooperativo que los llevó a encarar acciones conjuntas de gran trascendencia para mejorar los índices productivos. La más importante fue la construcción Äcomo consorcioÄ de un camino de 25 kilómetros, entre el pueblo y los campos sobre el Paraná Miní, que facilitó el acceso a unas 50.000 hectáreas. "Antes se requerían 4 horas a caballo para ingresar y ahora el trayecto se recorre en 40 minutos en camioneta", graficó Hug, que también es productor en la zona. Otro beneficio, además de poder transportar el rolo u otras herramientas, es el traslado de alimento proteico (semilla de algodón, por ejemplo) para la recría de los animales.

La incorporación de parcelas cultivadas para reserva de alimento también fue un gran adelanto. Según García, entre la ruta 11 y el río (el valle de inundación), "por el tipo de suelo la única agricultura posible tiene que hacerse en función de la ganadería". Los análisis de suelo así lo confirmaron: apenas 2 partes por millón de fósforo. De todos modos se sembraron pequeñas parcelas de 5, 8 o 10 hectáreas con avena, sorgo forrajero, moha y hasta caña de azúcar con muy buenos resultados. La superficie todavía no es suficiente porque "el problema es combatir el miedo a la inundación", confesó el agente de proyecto.

También en forma asociativa, 4 años atrás probaron con el engorde. Entre todos, hicieron un rodeo de terneros, los caravanearon y trasladaron hasta allí una balanza electrónica para hacer las mediciones. El resultado fue una ganancia diaria de 300 gramos por animal.

Resultados indiscutibles

Con las acciones mencionadas, más las incorporación del boyero para apotrerar los campos, se consiguieron sustanciales mejoras en la producción.

Elvio Daran es productor mixto y cuenta con unas 500 hectáreas propias dedicadas a la ganadería sobre el Miní, además de otras alquiladas al otro lado del río. "En ese campo hoy tengo una carga de 1 vaca cada dos hectáreas (0.5EV/ha) y antes la relación era de 1 animal cada 3 hectáreas (0.33EV/ha)", explica.

Otro miembro del grupo, Ulises Veuthey, tiene 700 hectáreas sobre el río con unos 360 animales. Con las mejoras, levantó el índice de preñez de 50 a 80% y acortó a la mitad de tiempo el engorde. "La terminación del novillo gordo de 480/500 kilos se hacía en 4 o 5 años; hoy se llega a 450 en 2 años", dijo, y agregó que otro miembro del grupo vendió en 520 kilos animales de 3 años y medio con un rinde de 58% en gancho. "íY todo a campo natural!", se entusiasmó.

Más allá del incremento en la capacidad forrajera de los campos tratados, estos logros también se explican por las mejoras sanitarias y de manejo que se consiguen sin pajonales. Por ejemplo ya no se pierde hacienda y la mayor circulación de viento, al no existir la traba de las matas, dificulta el acoso de hectoparásitos (moscas, mosquitos, por ejemplo).

Los resultados entusiasman desde el punto de vista económico, pero adquieren más relevancia si se los interpreta en el plano social. En los últimos años la falta de incentivos para la ganadería hizo más seductora a la agricultura y empujó a muchos fuera del sector. A fuerza de eficiencia, el trabajo del grupo "Las Garzas" podría ser una alternativa para aquellos productores de la zona que luchan por sobrevivir. "El que salió de la ganadería no vuelve más, pero si le preguntás le gustaría", explica el ingeniero García, y se entusiasma porque la experiencia sobre el Paraná Miní se difundió en la región y ya hay ganaderos en Avellaneda y Guadalupe Norte a punto de adoptarla.

Otra receta con el mismo objetivo

El sábado 26 de enero Campolitoral publicó la experiencia de un grupo de ganaderos de Santa Rosa de Calchines que también aplicaron tecnología para mejorar la producción en zona de pajonales.

Orientados por el titular de la delegación San Javier del Ministerio de la Producción, Rodolfo Vicino, y el médico veterinario Leandro Trevisani, realizaron distintas pruebas de pulverización aérea con glifosato hasta que dieron con la dosis más efectiva: 4 litros de Rund Up Full II por hectárea. Así lograron eliminar paulatinamente el pajonal e incrementar el desarrollo de especies forrajeras nativas. Los resultados parciales indican una producción bruta de 5.000 kilos de materia seca por hectárea al año, suficiente para llevar la carga animal de 0.3 a 1 EV/ha (una vaca por hectárea). Por entonces el costo del tratamiento promediaba u$s30 por hectárea.

Ver para creer

El programa Carnes Santafesinas opera con la misma mecánica de los Grupos CREA. Para los productores es una forma de vencer los miedos compartiendo experiencias con sus pares. El método consiste en realizar reuniones a campo donde el anfitrión presenta sus problemas y sus logros y todos opinan y aprenden al mismo tiempo. Como el contacto es directo se genera un compromiso entre los actores, por eso se logran niveles de asistencia del 75 al 80%. El hecho de tratarse de casos reales en lugar de ser ensayos también es determinante para incentivar a los ganaderos. "El INTA no arriesga, el productor sí y por eso le creen", reflexiona Mariano García, que ya lleva 12 años trabajando en el programa y actualmente coordina 19 grupos de bovinos y 2 de porcinos en el norte provincial.