Con imágenes y argumentos tan demoledores como evidentes, el logrado documental de Pino Solanas "La próxima estación", no se reduce a la comprobación de lo perdido ni a mostrar los malestares presentes en los trenes nacionales, sino que se proyecta a la necesidad de reconstruir y reactivar el patrimonio público de los ferrocarriles.
Narrada sobre la alternancia de un rítmico eje, que se equipara al desplazamiento de un tren cadencioso, la película propone un viaje apasionante por la historia de los ferrocarriles nacionales, su momento de gloria, el progresivo desmantelamiento, la crítica situación del presente y las posibles salidas para volver al tren público, como un bien compartido y cuidado por todos.
Para entender este injusto presente, que derivó en el colapso del servicio, el film no se queda en la simple declamación sino que ofrece pruebas, testimonios y datos inapelables. Solanas viajó por todo el país para mostrar los pueblos al borde de la desaparición por el cierre de los distintos ramales. Muestra las estaciones inactivas, los inmensos talleres ferroviarios cerrados y en muchos casos arrasados, como en Santiago del Estero donde ni siquiera quedaron los muros; expone el óxido y la corrosión que recubren las máquinas otrora generadoras de prosperidad y fuentes de trabajo.
La cámara se desplaza al ritmo de tren, para arribar, observar o despedirse de pueblos casi fantasmales, muestra los viajes hacinados en el tren, los robos, los accidentes y los problemas mecánicos, cuya reparación el Estado debe abonar a las empresas concesionarias.
En medio de un impecable registro realista, sobresalen escenas oníricas como la del "archivo ferroviario" que envidiaría una obra surrealista, donde la steadycam se desplaza sobre infinitos papeles en carpetas, y biblioratos en incontables armarios, todos ubicados en un andén a la intemperie.
La película señala no sólo la responsabilidad del accionar de políticos y sindicalistas sino también el triste papel de la Justicia. De los fiscales y funcionarios que no dieron curso a miles de denuncias sobre dilapidación del patrimonio nacional a la vista de todos. Repasa el resultado de las variantes de la confusión y la desinformación. Investiga, muestra, pregunta y propone soluciones.
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Pero el cineasta no se queda en el lamento. Desde la indignación se abre paso hacia la exposición de soluciones posibles, para las que ÄafirmaÄ no se necesitan grandes fortunas, apenas un porcentaje de lo que costaría el tren bala bastaría para rehabilitar un gran porcentaje del ferrocarril público o con el precio del subsidio de un año al combustible de los automotores sostiene que se pueden activar y reponer servicios.Coherente con su concepción del cine como vehículo de concientización social, Solanas insiste en ideas-fuerza esenciales: destaca que el tren es universalmente el medio de transporte más económico, el menos contaminante y el más seguro; el único del que no se puede prescindir, porque en medio de temporales es irremplazable para entrar o salir, allí donde no pueden acceder los automotores. Recuerda que "una sola locomotora puede transportar la carga de 50 camiones o de 20 colectivos".Conmovedora, indignante, apasionante y disparadora de un debate pendiente y necesario, "La próxima estación" es una película que ningún argentino debería dejar de ver.Origen: (Argentina-Francia/2008). Guión, producción y dirección: Fernando E. Solanas. Fotografía y cámara: Rino Pravato, Mauricio Minotti, Alejandro Fernández Mouján y Fernando E. Solanas. Música: Gerardo Gandini. Edición: Alberto Ponce, Mauricio Minotti, Fernando E. Solanas. Sonido: Lena Esquenazi. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 115 minutos. Apta para todo público. Se exhibe en el cine América.
Rosa Gronda