Pantallas & Escenarios: PAN-02
Fito, La Portuaria y Dave Matthews
Lo más destacado de una noche a pura música

Pedro Fernández Mouján-Télam

La Dave Matthews Band cerró la quinta jornada del Pepsi Music que se desarrolló al aire libre en el club Ciudad de Buenos Aires y que reunió una buena cantidad de público.

Antes que la banda norteamericana, Fito Páez junto a los Killers Burritos había ofrecido un notable show, La Portuaria había presentado en vivo su nuevo disco "La vaca atada" con un concierto sólido y en buena sintonía con el público, y, con menos repercusión, habían tocado El bahiano y Gillespie.

Nacida en Charlottesville, Virginia, en 1991, la banda de Dave Matthews incluye pop, soul, funk, folk y algo de jazz en una mixtura no siempre feliz pero que la recorta con un estilo propio.

Conformada por guitarra acústica (Matthew), eléctrica, bajo, batería, violín, saxo y trompeta, el combo trabaja musicalmente sobre canciones de Matthews, que si no fuera por el amalgamado sonido de la banda que va hacia el jazz o el funk orquestal sería lo más parecido a un cantautor en el estilo de James Taylor o Cat Stevens en la actualidad.

Sin embargo, el grupo, con una presencia musical excesiva de su baterista Carter Beauford, agrega a la faceta de cantautor un protagonismo fuerte al groove y al juego instrumental que, por reiterativo, a veces cansa.

A pesar de ello, el público, que terminó de llegar para ver a la Matthews Band, que comenzó a las 22, disfrutó todas las performances y parecía extasiado ante los juegos instrumentales del septeto.

Antes, Fito Páez en compañía de los Killers Burritos de Coki de Bernardis había ofrecido un show notable, lleno de energía, supereléctrico, descontracturado y sin sobreactuaciones.

Sentado al piano o en la guitarra, con Emme como corista, Fito ofreció un set que no cayó en ningún momento y que, por el contrario, se situó a 10 centímetros del piso en todo momento, con un manejo sólido de la escena y sin estridencias.

La impronta eléctrica llegó a tal punto que en "Ciudad de pobres corazones", con la presencia en el escenario de Fernando Ruiz Díaz, fueron cuatro las guitarras que sonaron al mismo tiempo y con una potencia desbordante en una ceremonia casi "hendrixiana".

Horarios

A diferencia de lo que pasó históricamente con los shows de rock, en anacrónica y ridícula decisión, en el Pepsi Music los horarios no es que se cumplen a la perfección sino que se adelantan respecto de la misma grilla que entrega la organización al público y a la prensa.

De modo que si alguien programa llegar a determinada hora para escuchar una banda sucede que el show ya comenzó y apenas le queda tiempo para escuchar los últimos temas.

Eso pasó con todos los grupos: La Portuaria, que debía empezar a las 18.35 y finalizar 19.20, arrancó sin embargo 18.15 y terminó a las 19, por ejemplo.

Si las demoras y el desorden organizativo formaron parte de un folclore del rock nacional que a veces se volvió cargoso, este nuevo formato supersponsoreado y transmitido en directo por radio en el que no hay espacio ni para un bis y en el que las bandas entran corriendo y salen de prisa antes de horario es un nuevo defecto, posiblemente mucho más patético que el anterior.

Aún tocando antes de lo pautado y con menos público del esperado, La Portuaria ofreció un muy interesante show, en el que aprovechó para tocar parte del material del nuevo disco.

El show, cuando comenzaba a atardecer y todavía persistían las amenazas de lluvia que luego se evaporaron, arrancó con "La vaca atada", siguió con "Chiquitita pegó" y cerró con "Qué me vas a decir", todos temas de la última placa, que acaba de salir a la venta.