Estanislao Giménez Corte[email protected]
Puede decirse que la "efectividad" de Analía Giordanino, 34 años, escritora y profesora santafesina, no es usual. Ganó el primer concurso al que presentó sus escritos; "Fantasmas", un volumen de relatos inéditos, se alzó con el premio Alcides Greca, que otorga la provincia en forma bienal, en 2007 (Carlos Antognazzi se llevó el premio para obra editada); recientemente, además, obtuvo el segundo lugar en el certamen de Cuento Breve Gastón Gori (por "Testimonio").
Sin embargo, por esos imponderables casi kafkianos que tiene el Estado, el libro del primer certamen no fue aún publicado (ver aparte). Y, dicho esto, seguramente ella no avalaría aquel término, "efectividad", para representar su actualidad de escritora incipiente y experimentada docente. Más, como es lógico para cualquiera que escriba, se trata, esencialmente, de una búsqueda.
¿Qué cree ella que leyeron los jurados en sus escritos; qué cree que vieron en sus textos?, le preguntamos una tarde, en las instalaciones de El Litoral. Así iniciamos un diálogo que, amén de prácticas, costumbres, sucesos y olvidos, básicamente se desarrolló en los alrededores inmensos de ese término, literatura.
"No sé qué habrán visto -dice Analía- ... yo vi algo posterior; por ejemplo, en lo relativo al nombre de la obra; no sabía cómo nominar a esto, generalmente se usa el que sintetiza (la obra), y salió "Fantasmas"; creo que la elección no fue tan causal... todos los personajes tienen el rol de fantasmas de algo... (pero) no son todos cuentos fantásticos; la mayoría son realistas, pero los personajes están como resquiciando alguna realidad y de ahí la condición de fantasmas, pero eso lo vi después, no lo pensé cuando lo presenté".
¿Hay -la inquirimos- un método para escribir; en su caso, cómo y cuándo sucede?
"Me parece que, cuando uno empieza, se mueve más por el deseo sin límites; ahora el deseo también existe, porque si no no estaría la escritura, si no tenés eso no escribís, pero también hay otras cosas...; en segundo lugar, en mi caso está la observación, soy muy descriptiva; y ahí viene la tercera parte del trabajo, y es que soy muy barroca y corrijo mucho, escribo sobre lo que de la realidad me llama la atención...".
El derrotero de Analía ha tenido como un norte a la literatura y la docencia (es profesora de Letras; UNL). En la práctica de la primera, claro, éste puede apreciarse al indagar sus inicios con la escritura.
"Yo partí con la poesía -explica-, ahora un poco estoy volviendo a eso, aunque en verdad hago las dos cosas; para mí es más fácil escribir poesía, porque te permite recortar...", dice, antes de agregar, apenas después de otra consulta, la referida a las corrientes literarias o a las influencias específicas: "... estoy tratando de matar al padre, Julio Cortázar, actualmente; no lo quiero matar -dice, riéndose porque su aparente contradicción tiene pleno sentido- pero qué va a ser, estoy en ese proceso; son los popes (...) yo crecí con esa idea de la palabra hablada, de los personajes de cualquier lado con su lenguaje propio; desde ese lugar, también (Roberto) Arlt, por ejemplo, no es una influencia excesiva pero también se puede encontrar; y (ellos se vinculan) con una especie de ritmo, como que te susurraran algo, y el que susurra es en general el personaje, rara vez uso la tercera persona, tengo que experimentar, pero siempre elijo la primera (...).
A Borges lo quise, lo pude querer de grande; (antes no) por la forma en que yo interpretaba su alejamiento de lo que ocurría. Siempre me gustaron los cuentos de cuchilleros, en los que me emocionaba la anécdota. Soy bien simple para esas cosas, los otros me gustan (...) no me generaba tanta admiración antes, pero ahora sí", dice.
"Mis días se conforman dando clases y trabajando la literatura desde ese lugar -dice Analía, a propósito de otro gran problema del que escribe, cómo organizarse los tiempos-. Tengo 44 horas semanales, trabajo en barrio San Agustín I, en la escuela 387 técnica, que es como la escuela de mis amores; y en la 480, la Belgrano; doy todos los días, menos algunos momentos (... ) ir a San Agustín es como viajar a otro país, tenés una hora de viaje, una de ida y una de vuelta", explica.
Pedimos de ella una opinión sobre ese trabajo, sobre su relación con los chicos, sobre el modo en que éstos se relacionan con la palabra escrita. Ella dice: "A los chicos les importa todo, no me gusta subestimarlos, no hay que ser incoherentes y pensar que la literatura puede salvarlos; les puede salvar la cabeza en algún momento, en algunos momentos en que ellos deciden apropiarse de eso, pero de todos modos recién hace un par de años yo estoy más interesada en tratar de indagar más sobre una "línea' de la literatura (...) a los chicos les importa todo -dice, y se apasiona-, lo que pasa es que se emocionan por todo, se enamoran y lo quieren decir pero no saben cómo, ésa es la función en la que yo me siento más comprometida...".
¿Y el libro?
Diversas postergaciones, desinteligencias de las administraciones, problemas de "jurisdicción", o todo eso junto, han hecho que, a un año de la decisión del jurado, el libro de Giordanino todavía no haya visto la luz. ¿Lo editará finalmente la provincia a través del sello editorial de la UNL? La autora y los lectores esperan.