Area Metropolitana: AREA-03
Muchos locales optan por trabajar tras las rejas, aunque signifiquen pérdidas
Se mantiene la inseguridad en los comercios en el centro
Para quienes atienden un local comercial en el centro ya es habitual permanecer enrejados durante la jornada. Los robos son cotidianos y la Policía no logra dar respuesta a los reclamos de los vendedores que, en muchos casos, temen por su vida.

En la edición del viernes pasado, El Litoral en la sección Sucesos Äpágina 27Ä hizo la ya habitual publicación de los asaltos en diferentes comercios de la ciudad. Uno había ocurrido en la esquina de 4 de Enero y Gobernador Crespo, en una de las sucursales de la cadena local de panaderías Pérez. El hecho pasó en el horario de cierre, a mano armada, y el ladrón se llevó la recaudación del día más el celular de la empleada. La particularidad del caso es que el mismo ladrón robó el mismo local un mes atrás, y en los últimos dos meses fueron tres veces.

En un mínimo recorrido por el barrio hacia la zona del centro la charla con los comerciantes denota el malestar general por el mismo motivo: los sucesivos asaltos que sufren a toda hora.

A dos cuadras de la panadería, hay un local de ventas de pinturas que, luego de varios robos, desde hace un año contrató un servicio de vigilancia privada que inicia su turno a media tarde, cuando "empezaba el horario crítico". En 1º de Mayo y la cortada 13 de Diciembre hay un minimercado que también fue blanco de los ladrones, al punto que a su propietario le robaron una Renault Kangoo de la puerta del local, cargada con mercadería. Un tiempo después, la policía la encontró desarmada en el norte de la ciudad.

Soledad es propietaria y atiende un quiosco en la esquina de 1º de Mayo y Gobernador Crespo. Para quienes viven en el barrio fue sorpresivo verla atender, desde hace un tiempo, detrás de una puerta de reja, ya sean clientes conocidos u ocasionales.

¿íQué no pasa!?, respondió cuando se la consultó sobre la nueva modalidad y comenzó a describir las veces que le habían robado. Desde que está instalada en esa esquina (1989) señala como críticas, por los asaltos, dos épocas: una fue hace cuatro años y otra la que vive hoy.

Situaciones extremas

"Ahora que estoy con la reja cerrada veo desde mi local cómo les roban a los demás en la calle, es un desastre", se lamentó Soledad.

De la policía dijo que la ve pasar muy poco por la zona "y si pasan van paseando, no patrullando". Para ejemplificar lo que estaba diciendo recordó una vez que le estaban robando en el local, que un móvil policial pasó por la puerta y "ni se dieron cuenta".

La mayoría de las veces los "ladrones" son chicos armados, a veces drogados, y que en más de una ocasión, según Soledad, tendrían que haber estado acompañados por adultos por la cantidad de cosas que se llevaron; "los estarían esperando afuera en un auto, porque de acá llegaron a sacar cajas cerradas de mercadería", expresó la vendedora.

Lamentablemente, de los atracos que ocurren en ese quiosco, la policía ya no se entera más, porque los propietarios decidieron no hacer más las denuncias. "Vas a la comisaría, completás papeles, te toman declaración, mirás fotos para ver si los reconocés y todo para nada, y la verdad que no tengo tiempo para hacer todo eso", señaló Soledad y recordó una situación desagradable: "Una vez agarraron al ladrón que me había robado, me citaron del Juzgado de Menores y cuando entraba salía el chico que me había robado con la madre, me miró e hizo una seña como para que no hablara. Desde ese día, nunca más denuncié nada".

Los tiempos cambian en todos los aspectos y en cuanto a los asaltos también. "Antes te apuntaban, te robaban y se iban; ahora no sabés en lo que va a terminar", dijo Soledad.

Menos ventas

Atender detrás de una reja significa que el cliente no puede ingresar al local; por lo tanto, eso se traduce en menos ventas.

"Hay muchos clientes a los que no les gusta ser atendidos así, para mí es muy incómodo. Además, en algún momento se pueden juntar cinco personas en la vereda y como no les gusta esperar ahí, se van", manifestó Soledad.

También están los compradores que quieren ingresar al local para elegir lo que se van a llevar, pero con la reja es imposible. "Si se enojan tienen razón, pero hay días y horarios en los que yo me encierro y no abro más, porque me pasó que le abrí a un cliente para que entrara y en ese momento se me metieron a robar".

Además de vender menos, el hecho de sentirse un permanente blanco de los asaltos es intolerable. "Estoy todo el tiempo mirando para todos lados; el otro día vi que venían dos chicos corriendo y supuse que había pasado algo. Al ratito apareció otro chico caminando, al que le habían robado. Es muy feo, porque vivís desconfiando, pero ante la duda...".