Escenarios & Sociedad: SOCI-02
CLAUDIA ROSCIANI
"Uno siempre se cuenta en lo que escribe"
La ganadora del premio del certamen Leoncio Gianello se interna en los resquicios de una obra en la que habla del amor, de la muerte, y de cómo desde la muerte, toman vida las historias de los personajes. La distinción le permitió publicar la novela "La correspondencia".

NATALIA PANDOLFO

Cuenta Claudia que en sus registros de la infancia se cuela la imagen de una niña trepada a un árbol, leyendo, mientras otros juegan por ahí. También se asoman los olores, las sensaciones, los recuerdos de aquellos momentos llenos de magia, en los que el cartero tocaba timbre y sus pequeñas manos atrapaban ansiosas esas hojas que llevaban la marca de algún ser querido.

Ambos recuerdos toman hoy la forma de señuelos, de huellas desde las cuales se puede leer "La correspondencia", la novela con la cual la autora ganó el primer premio en el certamen Leoncio Gianello, que realizó la Asociación Santafesina de Escritores.

"La obra no se circunscribe a la cuestión de las cartas, que las hay en el texto, sino que habla de la correspondencia en las relaciones, en el amor, en el sentido más amplio del término", define la escritora.

Ä¿Cómo surge tu necesidad de escribir? ÄEscribí siempre, y participé en distintos talleres literarios de la ciudad. En otras oportunidades me presenté a concursos, y gané algunos premios. Es una actividad que me lleva gran parte de la vida, no en tiempo, porque no puedo dedicar todo el que quisiera, pero sí afectivamente. Intervine en antologías; pero ésta fue la primera vez que pude publicar un texto exclusivamente mío.Este año hubo una serie de situaciones relacionadas con la literatura, que se dieron casi encadenadas en lo temporal y en lo que para mí posibilitaron: en primer lugar, hace algunos meses recibí la invitación de un amigo, el maestro Héctor Rotger, músico y poeta, para prologar su libro que será publicado próximamente por UNL, lo cual significó para mí una tarea de gran responsabilidad en relación con el afecto que conlleva y a la importancia de la cuestión. Casi inmediatamente, me convocan para oficiar de jurado en los certámenes para autores jóvenes Mateo Booz (de cuentos) y José Cibils (de poesía) organizados por la Asde anualmente, tarea que asumí por primera vez, y que implicó mucha alegría. En ese momento, es cuando me entero de que se llama a concurso por única vez en homenaje al Dr. Leoncio Gianello, y que elpremio sería la publicación de la obra, con lo cual retomo esta novela, la releo, la reescribo, la presento. Me parece que fue una serie de hechos que a posterori puedo pensar como enlazados entre sí, y que me situaron en este instante en el que me encuentro renovadamente en contacto con esta actividad que tanto amo. Ä¿Qué te brinda la escritura, qué cosas encontrás en este territorio? ÄUno podría preguntarse para qué escribe; pero yo creo que uno escribe porque. Yo no podría no escribir; es un modo de estar en la vida. Hace poco leí un libro de Alessandro Baricco, "Océano mar". Hay allí un personaje que escribe cartas de amor a una mujer; pero que en algún momento confiesa que todavía no la conoce. Y dice: "Escribir a alguien es la única manera de esperarlo sin hacerse daño". Creo que uno, en la vida, está en una actitud de espera; y que escribir es poder esperar algo de la vida, sin hacerse daño. Es también una manera de hacer lazo; si bien uno escribe desde uno y para uno, también se escribe para otros. Uno a veces se desdobla para poder decir cosas. ÄEn el texto hay espacios de intertextualidad, en los que se evidencian las marcas de algunos autores. ¿A quiénes leés? ÄCortázar es una marca fuerte, tomo cosas de él en mi libro. Y después, me gusta mucho la lectura, y en particular la poesía. De hecho, si bien el libro es una novela, está matizado por espacios de poesía. Escribo poesía de forma casi permanente, aunque no he publicado demasiadas.

DE DIVANES Y PAPELES

Acto de escucha. Del orden de. Culpa. Deseo. El texto abunda en construcciones sintácticas que provienen del campo del psicoanálisis, aquél donde la autora desarrolla su profesión.

Ä¿Hasta qué punto interviene el discurso psicoanalítico en tu escritura? ÄSon dos pasiones compartidas y son, justamente, dos ámbitos en los que se trabaja sobre el discurso. Cuando uno escucha a alguien, si bien en la clínica se hace desde un lugar muy singular, lee y escribe sobre el texto del discurso del otro. No son escenarios tan diferentes, si bien en mi obra no hay nada en relación directa con cuestiones o personajes reales. La diferencia es que la escritura permite mayor libertad, porque el compromiso con otro en la clínica es, obviamente, distinto. Ä¿Cuánto de autobiográfico hay en la novela? ÄMe parece importante distinguir algo: el texto no es literalmente autobiográfico, pero sí las ficciones son maneras de decirnos las verdades más íntimas. Yo no considero que las ficciones estén más de lado de la mentira, sino que creo que son modos muy particulares de decir lo más pertinente de nuestra biografía. Quizá no se trata de los mismos datos, fechas, nombres o personajes, pero uno se está contando en lo que escribe, siempre. ÄEl texto aborda temas como la religión, la pobreza, las relaciones filiales. ¿Cómo fueron apareciendo? ÄTodo tiene que ver con la polisemia de la palabra correspondencia. La religión, como modo muy particular de re-ligar a los sujetos. La pobreza, donde se ven los desgarramientos a nivel de los lazos, de las posibilidades. El amor, en relación a lo que se transmite en una familia, pero también en una cultura, una ciudad, un barrio, en estos espacios donde estamos cada vez más fragmentados socialmente.Son temas que me preocupan y ocupan mucho. He tenido, en mi práctica de la psicología, participación en espacios barriales, en ONGs, con sectores "de alto riesgo", de infancia en situación de vulnerabilidad social. Me han marcado muchísimo esas experiencias. Y seguramente, escribir es una posibilidad de hacer algo con eso. ÄUno de los episodios más significativos de la novela es aquel en el que se relata la sensación de una mujer al percibir que un chico usa un par de zapatillas tres números menor que el suyo. Transmite la impresión de que viviste lo que estás contando. ÄFue así. Es una de las pocas situaciones tomadas explícitamente de la realidad. Y creo que se nota porque esas cosas te pasan en el sentido más profundo en que algo te puede atravesar. Todo tiene que ver con este hilo que va enlazando la obra: la correspondencia afectiva.En mi vida, también tuvo un lugar muy importante el género epistolar. En la adolescencia y la infancia, he escrito y recibido muchísimas cartas por correo, en esa ceremonia que hoy ya casi no existe: escribir de puño y letra, sentir esa satisfacción cuando el cartero traía algo para una, disfrutar de la marca del otro, la letra, el perfume, la caligrafía.Y lo pienso también metafóricamente: esa intención de llegar a otro, donde uno larga algo a un circuito que desconoce, y que mágicamente llega al destinatario. Esta cuestión de imaginar si la carta habrá llegado, si la habrá leído, si la contestará... En todo vínculo, estas preguntas están permanentemente en juego.